Internacional

Un fuego o una inundación podrían destruir el Parlamento británico si no se reforma

Los parlamentarios deberán abandonar el Palacio de Westminster durante al menos seis años para una rehabilitación de 4.100 millones de euros

Personas sentadas en una terraza junto al Támesis desde la que se puede observar el Parlamento británico, en obras
Personas sentadas en una terraza junto al Támesis desde la que se puede observar el Parlamento británico, en obras - AFP
Luis Ventoso Corresponsal En Londres - Actualizado: Guardado en:

Que el imponente Parlamento británico es un sepulcro blanqueado que se cae a cachos se sabía desde hace tiempo. El edificio, en su mayoría victoriano, pero con una parte que data del siglo XI -el Westminster Hall-, presenta goteras, asbestos peligrosos para la salud y un cableado y unas cañerías obsoletos. Incluso conserva ascensores en funcionamiento de 1893. La piedra de su facha sufre desprendimientos y sus pilares se asientan sobre el barro del Támesis, que discurre a su vera. La novedad es que hoy ha presentado su informe el comité parlamentario que durante catorce meses ha investigado la situación del edifico, símbolo de la democracia inglesa. Sus conclusiones son bastante alarmistas. Aseguran que si no se acometen obras con urgencia, el Palacio de Westminster corre el riesgo de ser destruido por un incendio o por una inundación. La primera ministra tendrá que autorizar las obras, que además requerirán la aprobación de los parlamentarios.

El comité, formado por representantes de todos los partidos con voz en las dos cámaras, concluye que sus señorías deberían abandonar el viejo Parlamento durante al menos seis años, a fin de facilitar las labores. Propone comenzar las obras en 2022, para que tras las elecciones previstas para 2020 los diputados bisoños tengan la oportunidad de conocer la sede clásica. Los trabajos concluirían como pronto el 2028. El presupuesto sería de 4.100 millones de euros, según un cálculo efectuado el año pasado por la consultora Deloitte. Si se optase por acometer la rehabilitación con sus señorías dentro, podría prolongarse hasta 32 años y el gasto se iría a 6.700 millones de euros.

El Parlamento de Westminster, complejo que incluye el reloj más célebre del mundo, el Big Ben (también con problemas, pues su torre está inclinada en 46 centímetros), es relativamente reciente. Pese a su evocador estilo neogótico, comenzó a construirse en 1840, después de que un fuego en 1834 arrasase casi por completo el viejo palacio medieval, cuyos orígenes se perdían en el siglo XI. Solo se salvó del edificio clásico el imponente Westminster Hall, de 1097, que en su día fue el espacio techado más amplio de Europa y que ha contemplado grandes hitos de la historia británica, como coronaciones y velatorios de reyes y el juicio que le costó la cabeza a Carlos I.

En 1941 las bombas alemanas sobre Londres, el «Blitz» de Hitler, destrozaron la Cámara de los Comunes y obligaron a los diputados abandonar provisionalmente el Palacio. Si ahora se da luz verde a la mudanza, será la primera vez desde entonces que se desaloje. Se da por hecho que la Cámara de los Comunes se ubicaría en la Richmond House, hoy sede del departamento de salud, y que está a cinco minutos caminando de las instalaciones actuales. Por su parte, los lores se reubicarían en el centro de conferencias Reina Isabel II, también muy cerca, en los Victoria Gardens. El Partido Nacionalista Escocés propone que directamente se lleve el Parlamento a otro lugar y se convierta el viejo en museo, una petición que tiene su carga política, pues Westminster es la sede de la soberanía del pueblo británico. Los portavoces de Theresa May han explicado que aún no ha tomado una decisión, porque quiere conocer los planes en todo su detalle.

Recorrer el edificio actual por dentro es como visitar un gran museo de la democracia y el parlamentarismo. Esculturas y pinturas cargadas de solera embellecen sus salones solemnes, con algunos pasillos suntuosos y otros tan angostos que semejan salidos de un submarino. Por supuesto, no faltan varios bares para que sus señorías engrasen sus pre-debates. En la anterior legislatura, se consignó que los inquilinos de los Comunes trasegaron 25.000 botellas de champán francés.

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