EFE

El discurso político del odio, al nivel de la época del nazismo según AI

Amnistía Internacional publica su informe sobre los derechos humanos en el mundo, indiciendo en el peligro de la retórica del «nosotros contra ellos»

MadridActualizado:

El año 2016 fue «un año horrible» para los derechos humanos. Y 2017 corre el peligro de convertirse en otro peor: en el que comenzó su retroceso a nivel mundial motivado por los discursos de odio de algunos de los países más poderosos del mundo, en una retórica del «nosotros contra ellos». No hay duda de esta amenaza para Amnistía Internacional, que este martes hace públicos los datos de su informe anual sobre el estado de los derechos humanos en el mundo.

«Hubo un tiempo en que los gobiernos se avergonzaban de violar los derechos humanos. Hoy los límites de lo que se considera aceptable han cambiado», explicó en rueda de prensa Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España.

Para la organización, el auge de la retórica del «nosotros contra ellos», traducida en discursos de odio, culpa y miedo hacia determinados colectivos, está adquiriendo un relieve global «nunca visto desde 1930»: la época del nazismo o de la Gran Depresión. «Cada vez hay más polticos antisistema» que «deshumanizan a grupos enteros de personas». La consecuencia es que «las violaciones de derechos humanos se multiplican», advierte Beltrán.

Ejemplos no faltan: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, asegurando que las torturas funcionan, el presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, hablando de matar a los dogadictos, la «premier» británica, Theresa May, asegurando —aunque antes de acceder al cargo— que los derechos humanos hacen el país menos seguro. Pero al final, «la política de demonización de unos contra otro afecta a gente concreta», asegura Beltrán, y todos ellos pueden suponer la pieza final de un engranaje que acabe en un «efecto dominó» que arrastre a otros países.

159 países en el informe

El prólogo del informe, que en ocasiones pinta un panorama sombrío para los derechos humanos, asegura que 2016 fue un año donde la idea de igualdad y dignidad humanas fue objeto de un «ataque intenso». O que «ninguna parte del mundo se libró de medidas de represión general de la disidencia». O que los gobiernos hicieron la vista gorda ante los crímenes de guerra, que ya se han convertido en algo «normal». O cómo bajo la excusa de la seguridad se ha justificado la represión.

El informe también manifiesta la preocupación por un presidente de los Estados Unidos que, en base a retórica electoral, hace dudar de que vaya a respetar los derechos humanos. O que, por sus primeros pasos, ya se augura una nueva era en la que habrá una mayor inestabilidad y desconfianza mutua en política exterior.

Pero las violaciones de los derechos humanos, según el informe de Amnistía, pasa por todos los continentes, hasta 159 países. China, Egipto, Etiopía, India, Irán, Tailandia o Turquía han llevado a cabo campañas masivas de represión. Arabia Saudí cometió crímenes de guerra. Francia ha ampliado el estado de excepción con «millares de registros domiciliarios». En Honduras ocho activistas fueron asesinados. En Reino Unido han crecido los delitos de odio. En Venezuela continúa la ofensiva contra los defensores de los derechos humanos.

El informe documenta crímenes de guerra cometidos en al menos 23 países en 2016, cuyo caso paradigmático es Siria. Además, en el continente africano, la organización insiste en los «graves abusos y violaciones de los derechos humanos» contra la población civil, especialmente en Chad, Malí, Níger, Nigeria, Camerún, Somalia, Sudán, Sudán del Sur, República Centroafricana y República Democrática del Congo.

En manos de las personas

Para Amnistía Internacional, la compleja situación actual «exigía compromiso, recursos y cambios de política por parte de los gobiernos, no chivos expiatorios fáciles de culpar». Pero mientras «los gobiernos sigan usando la demonización de ciertos sectores sociales», según dijo ayer la presidenta de Amnistía Internacional España Arancha Vicario, «las consecuencias pueden ser nefastas». Por ello, se preguntó Vicario, «¿quién defenderá los derechos humanos en 2017?». «No serán los Estados, sino que deberán ser las personas. Los derechos humanos necesitan de la gente para su defensa».

Las consecuencias de no proteger los derechos humanos, en palabras de Beltrán, «es sembrar la semilla de crisis futuras».