Internacional

La corrupción impulsa los populismos y los nacionalismos

El 88% de los entrevistados en España para el informe sobre Transparencia Internacional se mostraron convencidos de que «los sectores más ricos de la población influyen indebidamente en las decisiones gubernamentales»

La corrupción impulsa los populismos y los nacionalismos
ROSALÍA SÁNCHEZ Corresponsal En Berlín - Actualizado: Guardado en:

«El aumento de apoyo popular a movimientos nacionalistas y populistas en diversos países de Europa y Asia está directamente relacionado con la percepción que tiene la población de un nivel de corrupción contra el que los sistemas políticos vigentes no son capaces de luchar». Esta es una de las conclusiones del informe anual de Transparencia Internacional sobre percepción de la corrupción, en el que España vuelve a ocupar puestos muy preocupantes en el escalafón. Uno de cada tres ciudadanos de la región estudiada considera la corrupción, el abuso de poder o los acuerdos secretos en las altas instancias como los problemas más importantes en su país. En España, Moldavia y Kosovo la proporción que lo ve así es de dos de cada tres ciudadanos.

«Numerosos ciudadanos ven cómo los ricos y los gobernantes distorsionan el sistema en beneficio propio»

El 88% de los entrevistados en España se mostraron convencidos de que «los sectores más ricos de la población influyen indebidamente en las decisiones gubernamentales», mientras que en el otro extremo de la tabla, en Suecia y en Suiza, los encuestados respondían así solamente en un 28% de los casos. «La corrupción es un problema significativo en toda la región de Europa y Asia Central. En los países de la UE, numerosos ciudadanos ven cómo los ricos y los gobernantes distorsionan el sistema en beneficio propio», explica José Ugaz, Presidente de Transparencia International. «Los gobiernos sencillamente no están haciendo lo suficiente para enfrentar a la corrupción porque hay personas en las más altas esferas que se benefician con este fenómeno», denuncia, recomendando a las administraciones que «exijan mayores niveles de transparencia, con particular énfasis con respecto a quiénes tienen la titularidad y el control de las sociedades o empresas, creando registros públicos sobre sus beneficiarios finales».

Sin que sirva de consuelo, el problema no nos afecta solo a nosotros. Más de la mitad de las personas en países de la Unión Europea (53%) y la Comunidad de Estados Independientes (56%), señalaron que sus gobiernos no logran poner freno a la corrupción. Los gobiernos de Ucrania (86%), Moldavia (84%) y Bosnia-Herzegovina (82%) son los peor calificados. La impotencia de los gobiernos está basada a que, «debido a su posición en la cúspide de la pirámide de poder, es difícil expulsar a las elites corruptas y los oligarcas. Sin embargo, hemos visto que esto sí es posible cuando las personas se unen para reclamar estándares más exigentes a sus líderes y cuando el poder judicial actúa de manera independiente para hacer que rindan cuentas», señala Ugaz.

Un gran obstáculo en la lucha contra la corrupción es la falta de protección de quienes la denuncian. El 30% de todos los entrevistados, más de 62.000 personas en total, consideran que el principal motivo por el cual no hay más personas que denuncien casos de corrupción es que teme las consecuencias. Dos de cada cinco denunciantes de irregularidades han sufrido represalias y arrastran un estigma. Menos del 47% cree que las denuncias sirven para algo y solo un 27% consideran que denunciar es socialmente aceptable.

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