Boris Johnson, antes de hacer declaraciones a la prensa tras conocerse su intención de apoyar el Brexit REUTERS

Boris Johnson desafía a Cameron y apoya el «Brexit»

El alcalde de Londres busca posicionarse frente a Osborne en la lucha sucesoria

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

Revés preocupante para Cameron en su campaña para mantener al Reino Unido en la UE. Tras cortejar de todas las maneras posibles a Boris Johnson, tal vez el tory más popular por su extraversión y elocuencia, el alcalde de Londres le ha dado calabazas. Boris, uno de los pocos políticos a los que los ingleses denominan por su nombre de pila, anunció ayer tarde frente a su casa del Norte de Londres que hará campaña por el Brexit. Asegura que lo hace «con gran dolor de mi corazón, porque erosiona la soberanía del Reino Unido». Llegó a calificar a la UE de amenaza para la democracia y proclamó que “es tiempo de recuperar el control y ahorrar dinero”.

Consciente del carisma de Boris, Cameron trató de persuadirlo hasta el final para que se sumase al «sí». En la víspera de viajar a Bruselas, lo recibió en su residencia de Downing Street. Boris, gran propagandista de sí mismo, llegó con su inseparable bici y su gorro de lana del Metro de Londres, y tras 40 minutos de conversación con el líder de su partido salió del Número 10 voceando a los periodistas un «sin acuerdo, ¡volveré!».

Ayer por la mañana, Cameron todavía le dio un último aviso. En una entrevista en la BBC dijo que esperaba no tener que verlo «abrazado a Nigel Farage», el descacharrante líder del eurófobo UKIP, quien reconoció que «tener a Boris en nuestro campo será una extraordinaria ayuda». El primer ministro enfatizó una y otra vez su lema de campaña: «El Reino Unido es más fuerte y seguro dentro de la UE».

Se cree que Boris comunicó a Cameron su decisión por correo electrónico el sábado por la mañana. Pero el primer ministro solo le dio acuse de recibo ayer por la tarde, nueve minutos antes de la comparecencia pública de Johnson ante su casa de Islington. La decisión de la ambición rubia ha sido el enredo que ha polarizado el fin de semana político, pues anticipó que la haría pública ayer a las diez de la noche en un artículo en el «Telegraph», diario que incluso plantó un reloj en su web para la cuenta atrás. Pero la expectación era tal que a las seis de la tarde el alcalde de Londres, que deja el cargo en mayo, atendió al coro de periodistas de guardia.

Carrera personal

Aunque Boris se envuelve en la Union Jack, en la bancada conservadora tanto los diputados pro UE como los euroescépticos tienen claro que su principal móvil es su carrera personal. Periodista de formación, escritor, brillante orador con estupendo sentido del humor, adúltero notorio, que ha conseguido prodigiosamente salvar su matrimonio, Johnson se considera el político más brillante de su generación e invoca como faro a su biografiado Churchill.

David William Donald Cameron, de 49 años, y Alexander Boris de Pfeffel Johnson, de 51, son almas gemelas. Dos vástagos de la clase patricia, formados en las cuadras de los primeros ministros: primero el exclusivo colegio de Eton y luego Oxford. Boris, que declamaba a los clásicos en griego en las escaleras de su college oxoniense, nunca entendió que Cameron, un relaciones públicas, acabase aupado al liderazgo tory. Ahora se propone corregir esa anomalía. El primer ministro se retira en 2020 y los dos claros aspirantes son el ministro de Economía, el eficaz pero adusto George Osborne, y el más errático y haragán, pero brillante comunicador Boris.

Osborne, mano derecha de Cameron y su amigo personal, hará campaña por el «sí» y Johnson espera cobrar ventaja en la carrera sucesoria poniéndose enfrente. ¿Le saldrá bien? Ayer un agudo observador de la vida política de su país, el historiador Robert Goodwin, me decía mientras contemplábamos la inesperada goleada del Chelsea en Stamford Brigde: «Haciendo campaña por el Brexit, Boris puede cavar su tumba».

Hace solo unos meses, Johnson criticaba así a los diputados conservadores tránsfugas que se fueron UKIP. «Son ese tipo de gente que haría el amor con una aspiradora». Ahora él ya baila con la aspiradora.