El ex primer ministro Silvio Berlusconi, durante un programa de televisión
El ex primer ministro Silvio Berlusconi, durante un programa de televisión - REUTERS

Con Berlusconi vuelve la tempestad

Italia camina hacia la inestabilidad ante unas elecciones en las que los populistas parten con mucha fuerza, pero la clave la podría tener el anciano exCavavalliere

CORRESPONSAL EN ROMAActualizado:

Europa vuelve a estar muy pendiente de Italia, la tercera economía de la Eurozona, porque el 4 de marzo celebrará elecciones y se enfrenta a un escenario de inestabilidad, en el que los populistas pretenden incluso la salida del euro. Para Europa, que busca relanzarse tras el trauma del Brexit, la fragilidad política de Italia representa otro obstáculo para su cohesión. Hay mucho en juego en estas elecciones: «Son comparables a las de abril de 1948. Entonces el resultado electoral permitió a Italia permanecer en el mundo occidental. El resultado del 4 de marzo decidirá si Italia continuará formando parte del grupo de países europeos comprometidos en avanzar en la integración, o si se convertirá en una rama meridional de los países empeñados en contrarrestar la integración», señala Sergio Fabrini, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Luiss y director de su Escuela de Gobierno.

La realidad es que, por primera vez en mucho tiempo, los italianos acuden a las urnas sin tener ni idea de quién podría ser el próximo primer ministro. El voto lo disputan tres grandes polos: centro-izquierda, Movimiento 5 Estrellas y centro-derecha, que encabeza las encuestas. La campaña electoral es caótica, centrada en ataques personales, provocaciones y sin entrar en los problemas reales del país. Por ejemplo, Silvio Berlusconi, quien a sus 81 años regresa al primer plano político cuando muchos le habían dado varias veces por muerto políticamente, ha decidido ya su estrategia electoral: los sondeos le dan un 16%, pero él cuenta con trenzar fuertes alianzas, se presenta como garantía de gobernabilidad y seguridad, basada en la experiencia frente a la aventura juvenil e inexperta de los populistas del Movimiento 5 Estrellas, a los que descalifica, comenzando por su candidato Luigi Di Maio: «Nunca ha trabajado; debe encontrar un empleo para un periodo no demasiado breve. Solo después se podrá ofrecer para gobernar el país». De inmediato y con acritud le respondió Di Maio: «Berlusconi no tiene credibilidad; hace las mismas promesas desde hace 20 años».

El exCavaliere está convencido de que la campaña se la juegan sobre todo el centro derecha y el Movimiento 5 Estrellas (M5E), al que los últimos sondeos le otorgan un 29%. Se trata de un apoyo sólido de muchos italianos que le dan su voto como protesta contra una clase política que no ha sabido renunciar a sus muchos privilegios. La verdad es que no deja de ser llamativo que el movimiento fundado por un cómico que no ha sabido crear una verdadera clase dirigente –el fracaso en la alcaldía de Roma de Virginia Raggi es evidente– sea el primer partido italiano. Es fuerte en votos, pero débil en propuestas. Por ejemplo, Luigi Di Maio ha dicho recientemente que en un referéndum sobre el euro, como desea el M5E, «si Italia no logra cambiar las políticas de la UE», él votaría por la salida de la moneda única. «Una locura», le responde el ex primer ministro Matteo Renzi.

Mejora la economía

Afortunadamente, 2017 se cierra con una economía que por fin mejora, aunque para la mayoría de los italianos esa recuperación no es aún tangible, con un paro del 11,1 %, superior a la media de la UE, el crecimiento este año será del 1,5%, su mejor dato desde que se inició la crisis, una tendencia que se prevé que se mantendrá en 2018.

Al mismo tiempo, muchos tienen la sensación de que se ha producido una especie de milagro, a saber: el creciente papel adquirido por el primer ministro, Paolo Gentiloni, del Partido Democrático, de centro izquierda, católico y de origen aristocrático. Es el personaje más aburrido de la política italiana, sobrio y sin un pelo de demagogia, apenas aparece en televisión ni en las redes sociales y es reacio a conceder entrevistas. Pero el conde Gentiloni aparece como el político más popular y apreciado por los italianos. Lo corteja la derecha y la izquierda, porque lo ven competente, tranquilo y ha dado confianza al país al haber sabido conducir a puerto de forma ordenada y sin sobresaltos el último año de legislatura, tras la dimisión de Renzi por fracasar en el referéndum constitucional. Hoy los italianos se hacen esta pregunta: ¿Quién sucederá a Gentiloni? Y muchos responden convencidos de que el sucesor de Gentiloni será Gentiloni, quien podría ser elegido al frente de una eventual coalición del centro-izquierda o seguir como primer ministro hasta nuevas elecciones si en el próximo Parlamento no se logra formar una mayoría de gobierno.

Promesas poco realistas

Todos los partidos hacen promesas poco realistas en busca del voto moderado, como la reducción de impuestos, subida de pensiones y de salario mínimo, e el aumento del déficit para intentar más crecimiento.., pero ninguno habla de terapia para salvar las cuentas públicas, talón de Aquiles del país, con una deuda que es la más alta de más de 2,3 billones de euros, el 132% del PIB.

Se espera un parlamento fraccionado con dificultad para las alianzas y para formar una mayoría de gobierno. Las encuestas dan ganador al centro-derecha, con el 36 % de los votos. Pero entre sus formacioness (Forza Italia, la ultraderechista Liga Norte y Hermanos de Italia) hay profundas divisiones. En segundo lugar se sitúa el Movimiento 5 Estrellas, que puede alcanzar el 30%. Y baja una izquierda, dividida, en la que el partido de Renzi puede caer por debajo del 25 %.