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Historia

La historia detrás de las imágenes que cambiaron el mundo

Fotografías de guerras, protestas y hasta una falda sobre un respiradero han marcado un antes y un después en el mundo

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La niña de napalm

Un torrente de niños huye de una nube de humo de napalm a través de una carretera, escoltados por soldados. En el centro, una niña completamente desnuda grita de dolor a causa de las quemaduras. Su expresión desencajada capta toda la atención del espectador.

El 8 de junio de 1972, un avión estadounidense había lanzado una bomba de napalm sobre la población de Trang Bang, en Vietnam del Sur. Después de tomar esta instantánea, el fotógrafo Hung Cong Ut, más conocido como Nick Ut, trasladó a la pequeña llamada Phan Thi Kim Phuc, de tan solo nueve años, al hospital más cercano. Allí permaneció más de 14 meses y fue sometida a 17 operaciones de injertos de piel.

«El napalm es el dolor más terrible que se pueda imaginar», describió Phuc años más tarde. «El agua hierve a 100 grados Celsius, el napalm genera temperaturas de 800 a 1.200 grados centígrados».

La imagen fue portada de la revista «Time» ese mismo año y, como muchas otras fotografías, contribuyó a movilizar a la población mundial –especialmente la estadounidense– contra la guerra de Vietnam, que finalizaría tres años más tarde, en 1975.

Tras su recuperación, consiguió estudiar medicina en Cuba. A pesar de todo, Phuc no guardó rencor contra los que le causaron tanto dolor. En 1996 fue invitada a Estados Unidos durante el Día de los Veteranos, donde perdonó públicamente a uno de los soldados implicados en el ataque. También creó una fundación en EE.UU. para ayudar a los niños víctimas de la guerra. Actualmente vive en Canadá.

El hombre del tanque

«El Hombre del tanque», así es como se conoce al «rebelde desconocido» que en un gesto heróico se interpuso frente una hilera de tanques, el 5 de junio de 1989, durante las protestas de la Plaza de Tiananmen en la República Popular China.

Desde mediados de abril de ese año, una serie de protestas encabezadas por los estudiantes habían prendido en la capital. Un día antes de que la imagen fuese tomada, la rebelión estudiantil fue brutalmente reprimida por los militares. Veinticuatro horas más tarde, las manifestaciones se habían reducido a intentos aislados, uno de ellos, el del «hombre del tanque».

Esta imagen, que en realidad es una captura de vídeo del fotógrafo estadounidense Jeff Widener, fue portada de numerosos periódicos al día siguiente. Widener tomó la instantánea desde el sexto piso del Hotel Beijing, a 200 metros de distancia de la plaza, con una cámara Nikon y una lente de 300mm.

La ley marcial había sido declarada y estaba prohibido tanto grabar, como fotografiar. Según contó él mismo, la noche anterior había sido asaltado y agredido por la policía china, que le requisó el material que había conseguido durante esos días. Por ello, al poco de tomar estas imágenes, escondió el carrete en la cisterna del inodoro. Y pese al registro de su habitación, logró sacar la foto y enviarla a su redacción.

El Gobierno chino nunca dio a conocer las cifras de muertos de la masacre de Pekín, pero según Cruz Roja, alrededor de 2.600 perecieron durante esos días.

La niña afgana

Pocas miradas son tan hipnotizadoras como la de Sharbat Gula, la niña afgana que Steve McCurry inmortalizó y que fue portada de la revista «National Geographic» en junio de 1985. Una foto que dio la vuelta al mundo y que, sin embargo, la retratada nunca llegó a ver hasta 17 años más tarde, cuando el autor se reencontró con ella en Afganistán.

McCurry la fotografió en el campo de refugiados pakistaní de Nasir Bagh, en junio de 1984. En la imagen, la joven tan solo tenía 12 años. Sus hermanos y ella, de la etnia pastún, había huído de Afganistán a causa de la guerra, que había comenzado en 1979 con la invasión de las tropas soviéticas. Sin embargo, sus padres no sobrevivieron a los ataques.

En enero de 2002, McCurry, junto con un equipo del programa Explorer de National Geographic, regresó a Nasir Bagh en busca de la joven de los ojos verdes, cuya identidad hasta entonces se desconocía. Tras varias pistas inciertas, un hombre de su infancia la reconoció y les indicó que vivía en una aldea montañosa cercana a Tora Bora, al otro lado de la frontera pakistaní.

Cuando McCurry la vio aparecer, se dijo: «Es ella». La mujer, que se había casado tan un año más tarde de la famosa foto, había regresado a su aldea al final del conflicto, en 1992. Ahora tenía alrededor de 30 años –ni ella misma lo sabía a ciencia cierta– y tres hijos a su cargo. Su identidad fue confirmada al cien por cien por inspectores forenses del FBI mediante una tecnología puntera de reconocimiento facial y comparación del iris. Ella misma le confirmó que nadie más le había fotografiado nunca.

Gula había vivido completamente ajena a la repercusión de su foto. Llevaba la vida habitual de cualquier mujer en una aldea de Afganistán. Se levantaba al alba, rezaba sus oraciones, iba a buscar agua al arroyo, trabajaba en el hogar y cuidaba de sus hijos.

Para National Geographic, Sharbat Gula se había convertido en un símbolo de toda una generación de mujeres afganas, así que creó un fondo especial de ayuda al desarrollo para la educación de las niñas y mujeres del país.

Martin Luther King: «I have a dream»

Alrededor de 200.000 personas tomaron las calles de la capital de Estados Unidos el 28 de marzo de 1963 para reclamar el reconocimiento de los derechos de los afroamericanos. «La marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad», así es como se llamó, supuso un antes y un después en la lucha de los derechos civiles de los negros.

El líder de los afroamericanos Martin Luther King saluda a la multitud que inunda el Lincoln Memorial y las calles adyacentes. Con la vista del Monumento a Washington detrás, su mano izquierda sostiene el manuscrito de uno de los discursos más famosos de la historia: «I have a dream». «Yo tengo un sueño: que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter», fue una de las frases que aquel día más

Un año después del legendario discurso, el sucesor de Kennedy, el presidente Lyndon B. Johnson, aprobó la Ley de Derechos Civiles, y dos más tarde, en 1965, la Ley de Derecho de Voto.

Martin Luther King era un pacifista convencido, seguidor de las enseñanzas de Gandhi de la no violencia. Luchó contra el racismo y por la igualdad y la tolerancia. En 1955 lideró el boicot de los autobuses en Montgomery para protestar contra la segregación racial en el transporte público. Gracias a ese gesto, en 1956, la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucionales las leyes que exigían la segregación.

Su activismo le llevó a ser arrestado en varias ocasiones, y a pesar de las amenazas y los atentados –tras su protesta en Montgomery su casa fue prendida fuego–, continuó luchando en público. En 1964 recibió el premio Nobel de la Paz, pero su vida se truncó el 4 de abril de 1968 cuando fue asesinado en un hotel de Memphis.

Che Guevara

A Ernesto Guevara de la Sernano le gustaba que le fotografiasen. Muy a menudo pedía a los reporteros que apartaran sus objetivos. Por eso, el autor de esta imagen, Alberto Korda, reconoció que fue pura casualidad la que después se convertiría una de las imágenes más reproducidas, todo un icono a la altura del rostro de Marilyn Monroe, de Andy Wharhol.

Fidel Castro daba un discurso en un funeral conmemorativo en La Habana, el 6 de marzo de 1960. Dos días antes el buque de carga de origen francés La Coubre, que transportaba armas y municiones, había sido objeto de un sabotaje en el puerto de la capital cubana. Hubo dos explosiones que causaron cerca de un centenar de muertos y alrededor de doscientos heridos. Las autoridades cubanas lo denunciaron como un acto terrorista organizado por la CIA para impedir que la revolución, que había triunfado hacía poco más de un año, se fortaleciese militarmente.

Junto a Castro, en el funeral estaban presentes miembros de la revolución cubana, y otras personalidades como Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, que se encontraban en esos momentos en la isla. El futuro ministro de Industria alzó el rostro unos segundos y miró a la multitud que se encontraba congregada, justo en el momento en el que Korda apretaba el botón de su cámara «fascinado por la intensidad de sus ojos».

Ejecución en Siagón

Nguyen Ngoc Loan, el jefe de la policía de Vietnam del Sur, es fotografiado en el instante en que dispara a un colaborador del Viet Cong. La víctima está preparada para recibir la bala. Su vestimenta, casual, no de militar, hace que la escena sea más brutal aún.

Era el 1 de febrero de 1968 en la ciudad de Saigon, en Vietnam del Sur. Habían transcurrido cuatro años desde que estalló la guerra en el país del sudeste asiático, y las protestas contra el conflicto se habían extendido a lo largo del mundo, a pesar de que el presidente Lyndon B. Johnson insistía en continuar hasta el final.

La imagen fue la portada fue portada de «The New York Times» al día siguiente de ser tomada y Eddie Adams consiguió el Pulitzer gracias a la inmortalización de esta escena.

La Guerra de Vietnam fue la primera guerra retransmitida por televisión y la última en la que los periodistas disfrutaron de tanta libertad profesional. Sin duda esta fotografía representa la independencia con la que los corresponsales trabajaban. Fotógrafos como Adams jugaron un papel fundamental en las movilizaciones contra el conflicto que se desplegaron, sobre todo, en Estados Unidos.

Marilyn Monroe

Marilyn Monroe, nacida en 1926 como Norma Jeane Mortenson, fue el mayor sex symbol y la celebridad femenina del cine más famosa del siglo veinte. El contraste entre la apariencia y la realidad detrás su imagen hizo su figura aún más poderosa y conmovedora.

Convertida en icono, la imagen de Marilyn sujetándose la falda es uno de los gestos más repetidos. Como las alas de una mariposa, su vestido ondulante se despliega a los lados sobre un respiradero del metro de Nueva York. Esta imagen no fue casual, sino premeditada para un anuncio publicitario de la película «The seven Year Itch» –«La tentación viene de arriba»–, tomada en septiembre de 1954.

Fueron los años de su apogeo. Había cobrado popularidad a partir de los cincuenta con películas como «Los caballeros las prefieren rubias» o «Cómo casarse con un millonario». Un año más tarde crearía su propia productora y dos después se casaría, por tercera vez, con el guionista y escritor Arthur Miller. Después de varias crisis personales, su inesperado y prematuro suicidio en 1962 contribuyó a aumentar ese aura misteriosa entorno a ella.

Muerte de un miliciano

La foto más famosa tomada en territorio español muestra a un soldado republicano en el momento que es abatido en Cerro Muriano, a las afueras del bastión nacional de Córdoba. El hombre viste de blanco, con ropas de civil, pero en su cinturón porta municiones y de su mano se desliza un fusil apunto de caer.

Era el 5 de septiembre de 1936, cuando la Guerra Civil apenas acaba de empezar, y Robert Capa, un jóven fotógrafo húngaro –en realidad llamado André Friedmann–, se había trasladado hasta España para cubrir el conflicto junto con su esposa, también fotógrafa, Gerda Taro.

La veracidad de la foto ha sido cuestionada desde el principio. El documental «La sombra del iceberg» (2007), así como pruebas posteriores, apuntan a que fue una puesta en escena organizada, que incluso no se llevó a cabo en Cerro Muriano y que pudo haber sido tomada por su mujer. Ni siquiera la identidad del miliciano, Federico Borrel García, se salva de la duda.

En cualquier caso, sea o no falsa, esta instantánea cambió la historia. Fue la primera imagen de guerra que traía la muerte a un primer plano, hecha por un fotógrafo que arriesgaba su vida. La propia Gerda Taro murió en la batalla de Brunete al ser aplastada por un tanque republicano.

Almuerzo en la cima de un rascacielos

Es la foto más icónica de todos los tiempos; para muchos la más famosa de todas. La despreocupación con la que los once obreros almuerzan sobre una viga, a tantos metros de altura, con sus pies colgando sobre las calles de Manhattan, produce vértigo a cualquier observador.

La imagen fue tomada en septiembre de 1932 durante la construcción del edificio RCA en el Rockefeller Center de Nueva York, más tarde rebautizado como GE Building. Pero tanta naturalidad en una situación tan arriesgada difícilmente podía ser espontánea. Al parecer la fotografía fue una puesta en escena para un anuncio del famoso complejo de edificios.

A pesar de ello, los protagonistas eran auténticos trabajadores y la falta de seguridad laboral era una realidad en aquella época, especialmente en los años de la Gran Depresión, cuando cualquier trabajo era aceptado. El «New York Herald Tribunal» la publicó en su suplemento dominical en octubre del mismo año.

La autoría de la foto se ha atribuido con frecuencia a Charles Clyde Ebbets, pero tras descubrir que más de un fotógrafo estuvo en el lugar, el archivo Corbis, que actualmente ostenta los derechos de la imagen, no reconoce ningún nombre.

La madre migrante

La mujer de la fotografía, Florence O. Thompson –de 32 años–, estaba desempleada y sin dinero porque el cultivo de guisantes en el que trabajaba se había congelado. Ella y sus hijos habían subsistido gracias a verduras de los alrededores y de los pájaros que los pequeños habían cazado. Vivían en una tienda de un campo de recolectores de legumbres, en Nipomo (California). En la desesperación, la madre había vendido los neumáticos de su coche para comprar comida.

La instantánea fue tomada por Dorothea Lange en marzo de 1936. La imagen forma parte del libro «American Exodus: A record of Human Erosion», publicado en 1939 por el marido de Lange, Paul Shuster Taylor, que recogía la pobreza rural de la Gran Depresión.

Aunque los granjeros americanos habían comenzado a sufrir la caída de los precios una década antes de la crack del 29, en los años siguientes a la crisis muchos granjeros de la costa este se vieron obligados a trasladarse hacia el oeste en búsqueda de trabajo. Una situación que quedó retratada en la novela y posterior película «Las uvas de la ira», de Steinbeck.

Cuando se desencadenó la Gran Depresión, Lange abandonó el estudio de retratos que tenía en San Francisco para documentar las trágicas consecuencias de la crisis económicas en la piel de los campesinos más pobres. En el momento que tomó la fotografía, Lange trabajaba para la Farm Security Administration (FSA), una de las organizaciones del Gobierno de Roosevelt para dar cobertura y apoyo a los trabajadores agrícolas afectados por la crisis.

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