Antístenes
Antístenes - C.C

El curioso consejo de Antístenes, el filósofo que vivió el amor como «perro»

El fundador de la escuela cínica en la Antigua Grecia vestía como un mendigo, pues a través de los agujeros veía la vanidad humana

MadridActualizado:

El amor casi siempre ha traído en desgracia al ser humano, y los filósofos de la Antigua Grecia tampoco se libraron de sus garras. Estas endorfinas traicioneras, presentes desde el primer homínido, han servido de cuestionamiento a lo largo de la Historia. Y aunque parece que no se han creado ni doctrinas ni manuales que nos expliquen cómo sobrevivir a dicha expedición, tenemos en nuestro poder los consejos de los sabios.

Pancracio Celdrán recogió algunas de las célebres afirmaciones de los filósofos en su obra «Anecdotario Histórico»: «El fundador de la escuela cínica, Antístenes, discípulo de Aristóteles, al serle preguntado qué mujer era la adecuada para convertirla en esposa, contestó: «Si te casas con mujer hermosa corres el riesgo de que termine por pertenecer a más de uno; y si la escoges fea, se tornará una carga».

Diógenes (1882), John William Waterhouse
Diógenes (1882), John William Waterhouse - C.C

Sus discípulos más cercanos también tenían sus reservas con el amor y las mujeres. «El hambre hace que las olvidemos, y si el hambre no lo consigue, lo logrará siempre el tiempo» declaró Diógenes de Sinope». No menos revolucionaria fue la idea del también cínico Crates: «El matrimonio es nocivo», y añadió que «lo mejor en una sociedad inteligente es institucionalizar el amor libre».

De momento no existe constancia sobre la vida sentimental de Antístenes, así como si finalmente se dejó encandilar por la magia femenina. Pero de no haber ocurrido tal aventura, podemos decir que este sabio se entregó en cuerpo y alma al cinismo para vivir la parafernalia amorosa como un «perro» -como así definió el movimiento cínico el propio Diógenes-.

Los «perrunos» del Cinosargo

El filósofo ateniense Antístenes (445 a.C- 365 a.C) estaba severamente aburrido de las ideas platónicas y aristotélicas, hasta que un buen día escuchó a Sócrates. Desde ese momento, su pensamiento tomaría una nueva dirección hacia el cinismo; cuyos cimientos continuaría su seguidor Diógenes.

«Lo mejor en una sociedad inteligente es institucionalizar el amor libre»

En el libro «Memorias de Historia Antigua» se relatan algunos parajes de la vida del cínico: «Antístenes lo vendió todo y solo guardó para sí una túnica raída, que llamó la atención de Sócrates; pero Antístenes argüía que contemplaba la vanidad humana a través de los agujeros de su túnica».

Sus ropas desgastadas y un bastón se convertirían en el uniforme con el que comenzaría a propagar su conocimiento en un sitio no menos original que él: un gimnasio abandonado. A este espacio, dedicado tanto al culto del cuerpo como de la mente, lo llamó «Cinosargo» -término del que se supone que evolucionó la denominación de la escuela cínica-.

«En su origen, un cínico es ante todo alguien que vive de una cierta manera y al que, por eso, sus conciudadanos lo consideran alguien marginal, salvaje: en una palabra, como un perro. En griego, el adjetivo cínico significa «perruno» de «kynos: perro», explicaron Giovanni Reale y Dario Antiseri en su obra «Historia de la filosofía».

«Antístenes argüía que contemplaba la vanidad humana a través de los agujeros de su túnica»

De esta manera, los aprendices de Antístenes fueron conocidos como «los del Cinosargo». Pero según relatan las distintas fuentes, la vida austera que llevaban -para empatizar con la condición social del maestro-, haría que otros cuestionasen la honorabilidad del grupo. No obstante a los alumnos no parecía afectarles, pues ondearían orgullosos la famosa «vida de perro», tal como lo había declarado Diógenes: «Ya que nos tratan de perrunos, actuaremos como perros», recogió Néstor Luis Cordero en su obra «La invención de la filosofía».

El pensamiento perruno de Antístenes

Partiendo de su admiración por Sócrates, reforzó la práctica-moral; y su objeto de estudio más destacado por el análisis del lenguaje.

«Antístenes puso de relieve especialmente la extraordinaria capacidad práctico-moral de Sócrates, como la capacidad de bastarse a sí mismo, de autodominio, la fuerza de ánimo, la capacidad de soportar las fatigas, y limitó a lo mínimo los aspectos doctrinales, oponiéndose acérrimamente a los desarrollos lógico-metafísicos que Platón había impreso al socratismo», escribieron los auotres de «Historia de la filosofía».