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Idí Amín Dadá, el bufón que mató a medio millón de personas en Uganda

La prensa lo caricaturizó por sus excentricidades, restándole importancia a las atrocidades que perpetró durante su atroz dictadura en la década de los 70

MadridActualizado:

La dictadura de Idí Amín Dadá (1971-1979), dejó 500 mil muertos en Uganda. Y sin embargo, este terrible holocausto perpetrado por el asesino pasaría a la Historia como un circo. Pero fue esta misma deshumanización mediática la que nos ha vendido uno de los episodios más oscuros de África del siglo XX, como un simple performance surrealista y cómico; en el que Dadá protagonizaría incontables espectáculos dignos de pena.

De esta manera, mientras se atentaban contra los Derechos Humanos en varios países occidentales; la desgracia en Uganda servía como un entremés, a causa de la bizarra personalidad del tirano. Se hacía más hincapié en los nuevos disparates -motivados por ser analfabeto y estar loco- que en el exterminio civil. No obstante, para la prensa aquello no tenía desperdicio; sino todo lo contrario.

La dictadura de Idí Amín Dadá convirtió aquella próspera Uganda en un estado fallido

«La perla de África», como así la llamó Winston Churchill, perdió todas sus esperanzas entre los muertos del régimen. Tras perpetrarse un golpe de Estado y autonombrarse presidente, sucedería una serie de desdichas durante ocho años; en las cuales la locura, la territorialidad, y la maldad del dictador hicieron a Uganda desgraciada por siempre. Aquellas tierras fértiles serían «el infierno».

La ignorancia le haría tomar las decisiones más absurdas y peligrosas que no solo hundiría la economía desde el primer minuto. Por si fuera poco sembró el odio entre los supervivientes de aquella matanza. Finalmente había logrado que su maldad brotase de aquellos campos ugandeses, los que prometían prosperidad hasta su llegada. Dadá había convertido la «perla de África» en un país fantasma, un estado fallido.

El «pelapatatas» que conquistó al presidente

El «señor de todas las bestias de la tierra y peces del mar», «conquistador del Imperio británico» «el último rey de Escocia», entre otros numerosos títulos con los que se autoproclamaba un semidiós, protagonizaría las cabeceras internacionales de la década de los 70.

Idí Amín estuvo protegido por Obote durante toda su trayectoria militar, quien además le facilitaría el enriquecimiento ilícito por contrabando de oro y marfil.

Aquel sujeto de 1.90 -que había sido campeón nacional de boxeo de peso semipesado- no había terminado ni siquiera los primeros años de la primaria. Sin conocer siquiera el abecedario y la violencia en la piel ingresó en el Ejército ugandés; de donde pasaría de pelar patatas a convertirse en la pequeña estrella militar entrenada por los británicos -desde 1884 a 1964, era colonia del Reino Unido-.

Durante la emancipación de Uganda del Imperio británico, exigió la retirada de los soldados del país y la subida salarial de los militares ugandeses; a lo que el presidente Milton Obote respondió favorablemente.

Idí Amín Dadá
Idí Amín Dadá-ABC

Idí Amín estuvo protegido por Obote durante toda su trayectoria militar, quien además le facilitaría el enriquecimiento ilícito por contrabando de oro y marfil. Sin embargo, la ambición desmedida del aquel «pelapatatas» le haría hacer uso de los fondos del Ejército. Pero cuando se enteró de que el presidente le había descubierto, sacaría su carta; propiciando un golpe de Estado en 1971 del que salió victorioso.

Uganda, abierta en canal

Uganda caminaba hacia la prosperidad gracias a la inversión asiática. Este colectivo había consolidado los pilares económicos del país. Sin embargo, los caprichos y la ignorancia de este dictador detonarían como una bomba para aquella estabilidad. No solo se les expulsaría del país, también se les expropiarían todas las propiedades y negocios; pero eso sólo era un asomo al letal abismo.

Los asiáticos conformaban la esperanza económica ugandesa. No obstante fueron expulsados, y sus propiedades repartidas entre los suyos; para llevar el país a la ruina.

Cuando Amín borró del mapa a los antiguos funcionarios de Milton Obote, comenzó a llenar los puestos vacantes con gente sin ningún tipo de entendimiento. Y por si fuera poco, las empresas expropiadas fueron repartidas entre los suyos; los cuales -sin distinción- se encargaron de llevarlos a la quiebra en un «visto y no visto» -eso sí, no fue con mala intención, simplemente no tenían ni idea porque no eran ni negociantes ni empresarios-.

La persecución de las distintas etnias que residían allí estaban bajo la amenaza de uno de los hombres más crueles de la Historia, al que se le atribuyen además la muerte de varias de sus esposas. Uganda estaba abierta en canal, durante 9 años se estima que fueron asesinadas 500 mil personas.

Tras conocerse las atrocidades del dictador gracias al documental de Schroeder, un importante medio de difusión lo calificaría como: «El mejor cómico desde Woody Allen»

«A Idí Amín, los términos de derechos humanos le sonaban a chino, por algo acabó con la vida de casi medio millón de compatriotas durante sus nueve años de dictadura. Asunto que no preocupaba al resto de líderes africanos, porque le llevaron a la presidencia de la Organización para la Unidad Africana, la OUA, y total, sólo porque Amín criticaba abiertamente el régimen racista de Sudáfrica», escribió Nieves Concostrina en su obra «Menudas historias de la historia».

Cuando el problema parece broma

La periodista relata en su libro una anécdota que le hizo ser recordado como todo un «personaje». Un problema que germinó un importante medio impreso cuando se le calificó como «el mejor cómico desde Woody Allen»; después de que saliese a la luz el documental de Schroeder, en el cual se abordó la locura del dictador.

«Dadá les obligó a que, de vez en cuando, los británicos lo llevaran a hombros en su trono»

«Uno de los episodios más surrealistas de su gobierno se produjo el 2 de octubre de 1975: obligó a cinco británicos a arrodillarse ante él, a integrarse en el ejército ugandés y a prometer que lucharían contra el régimen del apartheid. La foto de aquel momento es para verla: cinco ingleses con traje y corbata, arrodillados frente a un mastodonte de casi 2 metros y 110 kilos de peso, vestido de militar y puesto en jarras.Aquella peripecia de los británicos arrodillados no fue la única por la que pasaron los ciudadanos ingleses residentes en Kampala, en la capital. Aquel mismo año de 1975 también los obligó a que, de vez en cuando, le llevaran a hombros en su trono», relató Concostrina.