«La medicación en niños con TDAH podrá ser uno de los pilares del tratamiento, pero no el único»

Entrevista con Javier Quintero, jefe de Psiquiatría del Hospital Infanta Leonor de la Comunidad de Madrid

MADRIDActualizado:

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es uno de los problemas más frecuentes de los que afectan a los más pequeños de la casa y cada vez a más a adultos, que también lo padecen y sufren interferencias en su día a día. El doctor Javier Quintero es profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Leonor, y director de Psikids (Centro de Psicología y Psiquiatría del Niño, Adolescente y sus familias), y uno de los mayores expertos de nuestro país en dicho trastorno. En estos momentos se encuentra inmerso en la presentación de una serie de conferencias sobre este tema que, bajo el título «Cómo hacerlo mejor en el abordaje del TDAH» trata de aclarar algunos aspecto de este problema.

¿Cómo explicaría este trastorno a alguien que no ha oído nunca hablar sobre el TDAH?

La definición que más me convence es la entender el TDAH como un factor de riesgo evolutivo, es decir de algo, que más que impactar en el presente, que lo hace, lo puede hacer en el futuro de quien lo padece y su entorno. Es un trastorno que se define por la combinación de dificultades para regular la atención, la conducta y/o controlar los impulsos, pero todo esto ha de ser disfuncionante es decir que interfiere en normal funcionamiento de quien lo padece. Se trata de un problema que afecta en torno al 5% de los niños y adolescentes y hasta el 3% de los adultos.

Muchos opinan que el TDAH tiene que ver con la educación que reciben los niños hoy en día, y tildan a los pequeños que lo sufren de «maleducados».

La educación, como parte del entorno, tiene un papel muy importante. En realidad se trata de un problema que tiene una base genética bien definida, aunque no se trata de una genética categórica, es decir no se hereda la enfermedad sino el riesgo de padecerla. Eso sabemos que ocurre en muchos otros problemas en medicina, por ejemplo imaginemos que mis padres son diabéticos e hipertensos, eso quiere decir que mi riesgo de tener esos problemas es alto, ahora bien si controlo mi dieta, hago ejercicio físico y mantengo un peso saludable hará que mi riesgo de desarrollar esos problemas sea significativamente menor que si me dejo llevar y no me cuido. Pues bien algo parecido ocurre en el TDAH, donde se hereda la vulnerabilidad de parecer ese problema y el entorno va a ser clave para modular la expresión de ese riesgo.

Entonces, ¿podemos prevenir el TDAH?

La prevención es la piedra angular de la medicina moderna y se trata de una de las claves de las investigaciones que desarrollamos. La verdad es que a fecha de hoy no se puede contestar con un sí rotundo a lo que la mayoría de la gente entiende por prevención, pero tampoco con un no.

En medicina tenemos tres niveles de prevención; una prevención terciaria, que sería trabajar sobre un problema ya en marcha para que las complicaciones sean las menores posibles; una prevención secundaria, que sería una identificación precoz del problema para que evolucione de la mejor manera posible, y una prevención primaria, que trabajaría para evitar el desarrollo del problema. El reto de la prevención primaria es aún complejo, pero se puede hacer mucho en la prevención secundaria y terciaria.

¿Qué es lo que podemos hacer para mejorar esa prevención?

En un estudio que publicamos recientemente evaluando en diez países de Europa paciente con TDAH nos dimos cuenta que pasan casi dos años desde que aparecen los primeros síntomas de interferencias de los niños con TDAH hasta que estos reciben un correcto diagnóstico. Dos años en la vida de un niño es mucho tiempo perdido. Nuestra propuesta iba encaminada hacia la búsqueda de herramientas y acciones que nos permitieran hacer un diagnóstico precoz de los problemas. Es decir, una prevención secundaria.

A mucha gente esto le podría sonar a medicalizar el desarrollo de los niños.

Pensemos que se propusieran medidas para poder trabajar en la prevención del fracaso escolar o en los trastornos de conducta en adolescentes e incluso en el consumo de drogas. Estaría bien, ¿verdad? Pues es de lo que estamos hablando. Permítame que insista en que el TDAH es un factor de riesgo evolutivo. Es decir, que lo más relevante es cómo puede afectar al desarrollo a futuro, y no tanto la apariencia en el presente. Entonces entenderemos la importancia de la prevención, sin etiquetas.

La lógica dicta que en medicina, cuanto antes hagamos algo mejor, ¿no?

Sin duda alguna es mucho más fácil ayudar a un niño con un problema de intensidad leve o moderada, en el cual probablemente con algunos ajustes en el funcionamiento del entorno, ya sea en casa o en el colegio, debieran ser suficientes para reconducir ese desarrollo, que no cuando los vemos con trastornos de conducta asociados, con problemas en el rendimiento escolar, un aprendizaje haciendo aguas o dificultades en las relaciones con los iguales, por ejemplo. Es decir, no solo mejor, sino que además es más sencillo ayudar en esos casos.

Entonces ¿cómo se debería tratar el TDAH?

En medicina los tratamientos se tienen que regular bajo criterios de riesgo/beneficio. Es decir, qué es lo que necesitamos conseguir y qué beneficios tendremos haciendo determinadas intervenciones y qué riesgo asumo cuando se ponen en marcha, pero también qué riesgos asumimos cuando no hacemos nada. Tenemos que tener en cuenta los riesgos que asumimos cuando llevados por un falso buenismo, decidimos que «vamos a esperar, que ya madurará». Si madurar va a madurar, la cuestión es cómo. Imaginemos un árbol que nace inclinado, ¿verdad que será más fácil reconducirlo cuando es pequeño? Cuando ponemos esto en la balanza de toma de decisiones nos damos cuenta del valor real de las alternativas.

La verdad es que visto de esta manera tratar un TDAH no parece tan sencillo.

Para tratar el TDAH debemos tener claro no solo el diagnóstico, sino también el contexto del paciente, sus recursos y fortalezas. Es importante entender en qué momento evolutivo está el niño, ya que las necesidades de un menor de 7 años van a ser distintas que las de una niña de 11 y diferentes a las de un chico de 15. Y en la planificación del tratamiento tenemos que tener en cuenta su conducta, su aprendizaje, su forma de relacionarse y cómo está estructurando su carácter y personalidad. La literatura científica nos deja claro que el tratamiento ideal en el TDAH es el abordaje multimodal, es decir la combinación de recursos terapéuticos diferentes, en pro de unos objetivos concretos. Y, por supuesto, involucrar al paciente y a su entorno aprovechando las ventanas de oportunidad que nos brinda el cerebro.

¿Qué opinas de la medicación en el tratamiento del TDAH?

Es una herramienta tremendamente eficaz, segura y bien tolerada. Para muchos pacientes se transforma en algo necesario, pero para muy pocos en algo suficiente. Podrá ser uno de los pilares del tratamiento, pero no el único. Hoy disponemos de numerosas alternativas, cada una con su perfil de eficacia, que nos permiten ser mucho más específicos en la prescripción del tratamiento farmacológico cuando este es necesario.

¿Qué otras acciones debería incluir el tratamiento del TDAH?

Hay aspectos importantes como el trabajo con las familias, conseguir que entiendan que es el TDAH y cómo pueden actuar para ayudar a sus hijos en el día a día. Los programas de estimulación cognitiva ayudan a mejorar la atención y las funciones ejecutivas, además ciertas plataformas como Sincrolab, permiten que el sujeto trabaje en su casa con el control remoto del clínico, haciendo más cómoda esta tarea. Cada vez vemos con más sentido el «coaching» en adolescentes y Adultos con TDAH, pero en aquellos que están razonablemente bien adaptados, sin otros problemas asociados, que requerirán otros abordajes. Por supuesto el trabajo psicopedagógico y psicoterapéutico, tiene su importancia en un abordaje global del TDAH.