La presidenta Cifuentes se aparta voluntariamente de toda actividad pública - ÓSCAR DEL POZO Video: Cristina Cifuentes despues de su renuncia

Cifuentes: una nueva vida tras 27 años en la política

No podrá beneficiarse del Consejo Consultivo, que ella misma disolvió

MADRIDActualizado:

Cristina Cifuentes ya es historia del Partido Popular. Ayer a las 10.30 lo certificaba al hacer llegar al registro de la Asamblea de Madrid el documento con su renuncia al acta de diputada. Decía adiós a una trayectoria de 27 años: los que ha pasado con escaño en el Parlamento regional, desde 1991 a 2018, salvo el paréntesis de tres años en que fue delegada del Gobierno en Madrid.

En apenas un mes y medio, los que median desde que saltara el escándalo sobre su máster presuntamente fraudulento hasta que -tras publicarse el vídeo en el supermercado- presentara su renuncia como presidenta regional, Cifuentes ha pasado de ser una de las pocas «baronesas» con que contaba el PP nacional, con mando en plaza en la comunidad autónoma políticamente más representativa, y con proyección nacional, a tener que dejar sucesivamente todos los cargos que la unían al partido: la presidencia regional, la dirección del partido en Madrid y hasta el escaño.

La situación de Cifuentes ahora no es fácil: tras una actividad casi frenética -hasta una decena de actos públicos a la semana-, ha sufrido un frenazo en seco: de cien a cero. Con el agravante económico: el único ingreso de la presidenta una vez que dejó su despacho de Sol era el de diputada, al que ahora ha renunciado.

La paradoja

No cobrará como expresidenta porque ella decidió extinguir, en otoño de 2015, nada más llegar al poder, el Consejo Consultivo, que proporcionaba a los exjefes del Ejecutivo regional un vehículo, un conductor y una secretaria, además de un sueldo mensual de 8.500 euros. Y tampoco disfrutará del estatuto de expresidentes, que comenzó a tramitarse en esta legislatura pero quedó atascado hace más de un año. Nuevamente, la paradoja persigue a Cifuentes: sufrirá una decisión que ella misma tomó, igual que su cruzada contra la corrupción parece haberle granjeado más enemigos que defensores.

En su entorno aseguran que la expresidenta no se ha planteado aún si pedirá su reincorporación a la plaza que tiene como personal de administración y servicios en la Universidad Complutense de Madrid. De hecho, comentan fuentes próximas a la política, preferiría poder iniciar una nueva vida alejada de los focos.

«Apestada»

El choque ha sido demasiado duro, y aún no entiende porqué, «sin estar imputada, se la ha tratado como una apestada». Recuerdan, por ejemplo, que era una de las favoritas para acudir a mítines de campaña de otras comunidades, y que muchos compañeros de partido «se la rifaban».

Ahora, sin embargo, el teléfono no suena como antes, y siente que se ha olvidado todo el trabajo realizado a lo largo de casi 30 años de vida pública. Se siente decaída y hasta evita salir a la calle, explican los más íntimos, que mantienen contacto diario con ella. La extrema dureza de la reacción tanto política como de los medios en este caso no la entienden en su entorno: «¿Porqué se dice que hay que acabar con el cifuentismo?», se preguntan, y comparan su máster investigado con decenas de casos de currículums falsificados por políticos que nadie persigue. Esperan algún gesto de su partido.

Nuevo diputado

Una vez presentada la renuncia al acta por Cifuentes, la Mesa de la Asamblea ha solicitado a la Junta Electoral las credenciales del siguiente nombre de la lista electoral de los populares: ocupa el número 76 y se llama Federico Jiménez de Parga. Es probable que ya ocupe su escaño en el próximo pleno regional, que tendrá lugar el 10 de mayo.

Ayer se supo además que los días 17 y 18 se celebrará el pleno de investidura, del que saldrá elegido presidente regional Ángel Garrido. Y al que seguirá la toma de posesión del jefe del Ejecutivo en la Puerta del Sol, y la de su equipo de gobierno, en el que se esperan pocos cambios, salvo el nombramiento de un consejero de Presidencia y portavoz. O portavoza.