ARTE

Los Garriris de Javier Mariscal se van de tripi a Formentera

La galería Pepita Lumier expone por primera vez los bocetos preparatorios del próximo largometraje de animación del dibujante y diseñador valenciano

Javier Mariscal, en la exposición
Javier Mariscal, en la exposición - ROBER SOLSONA

A principios de los años 70, Ibiza y Formentera eran ya dos conocidos epicentros de amor libre, las drogas y la música. Bohemios, artistas, outsiders de todo el mundo confluían en este paraíso terrenal para inspirarse o para vivir, simple y llanamente, al margen del mundo. Javier Mariscal (Valencia, 1950) fue uno de ellos.

La atracción por Formentera no ha desaparecido desde aquellos tiempos («Para mí es como un zumo exprimido de todo lo que es el Mediterráneo»); el dibujante y diseñador valenciano se escapa allí con cierta frecuencia (siempre en invierno, eso sí). Y es allí también donde decidió trasladar a sus Garriris para protagonizar un largometraje de animación que todavía se le resiste por falta de financiación económica. Mariscal lleva años acumulando ideas y personajes en cientos de bocetos que hasta ahora no había mostrado en público. La galería Pepita Lumier de Valencia exhibe una selección de estos dibujos, en los que los archiconocidos Garriris ligan en la playa, alucinan con tripis y porros, ven la vida en colores fosforitos y con ángulo de pez. «He querido explicar algo que para mí fue fundamental, porque yo disfruté y aprendí mucho de las drogas», asegura.

Los Garriris llevan cuarenta años acompañando a Mariscal. La primera aparición de estos personajes fue en el cómic El Rollo Enmascarado en 1974, aunque se consagraron en la revista El Víbora. De las viñetas saltaron a otras disciplinas del diseño y a otros soportes (ilustración, imagen de marca, merchandising, objeto, cristal pintado, incluso cerámica). Uno de ellos, Cobi, llegó incluso a convertirse en mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona en el 92.

Todo digital

La exposición, que se inaugura este viernes y permanecerá abierta hasta el 29 de octubre, es la primera compuesta íntegramente por obras realizadas con medios digitales. Mariscal reivindica el ordenador y el Ipad como herramientas perfectamente válidas para el dibujo en el siglo XXI. «Me gusta mucho dibujar en el Ipad con el dedo porque me siento un poco Altamiro», bromea. A excepción de algunas impresiones «acuareladas» a mano y algunas obras sobre metacrilato, la mayoría de las 170 obras contenidas en la muestra son prints sobre papel arte y firmados por el autor en series de 50 y 100 copias. «Este tipo de formatos, explica el autor, son los que permiten que estos dibujos se los puedan comprar pringados como yo que no tenemos ni un duro» (los precios oscilan entre los 95 y los 900 euros).

«Sí, los originales salen de una máquina y se imprimen en otra máquina, pero hemos utilizado un papel ecológico de una calidad excepcional y las mejores tintas que hay en el mercado. El resultado es tan parecido a una serigrafía que a veces resulta difícil diferenciarlo», defiende Mariscal, quien reconoce haberse sentido «muy incomprendido» por decantarse por las técnicas digitales.

El artista, residente en Barcelona desde 1970, calcula que todavía tardará tres o cuatro años en ver el largometraje hecho realidad. En el horizonte, el recuerdo del éxito de «Chico&Rita», la película de animación creada por Mariscal y dirigida por Fernando Trueba que logró un Goya y fue nominada a los Oscar. Para este nuevo proyecto no cuenta todavía con realizador ni guión, «porque a mí eso se me da fatal». «He trabajado con guionistas jóvenes, pero no saben lo que es un tripi ni una Figuera y solo les salían aventuritas de sexo y rock and roll. A mí no me interesa el típico guion de siempre, a mí me da igual aunque no pase nada», subraya.

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