Ignacio Miranda - Por mi vereda

De Lepanto a las ursulinas

«La supresión de la autonomía debe completarse con otras disposiciones para que vuelva a imperar nuestra democracia, hecho imposible hoy día ante la presión de la turba antisistema que se ha asentado en Barcelona».

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Harto debe estar Juan Vicente Herrera con la exasperante inacción e indecisión de un Rajoy noqueado ante Cataluña para ser de los contados políticos del PP que ha hablado sobre el asunto. Aplomado, comedido, en un tono sereno, se muestra preocupado por lo que sucede en una comunidad autónoma donde el Estado de Derecho «ha saltado en añicos, donde los hechos consumados llevan a la voladura del modelo constitucional, y donde está en juego la igualdad y la solidaridad entre todos los españoles».

También se ha referido a la aplicación del artículo 155 de la Constitución, para afirmar que aparece en el texto «por algo». Pues sí. Porque en su redacción solo falta precisar que queda reservado a la Generalitat cuando, echada por completo al monte de la ilegalidad, perpetre un golpe de Estado como el actual. Una supresión de la autonomía que debe completarse con otras disposiciones para que vuelva a imperar nuestra democracia, hecho imposible hoy día ante la presión de la turba antisistema que se ha asentado en Barcelona. Y pasando a disposición judicial todos los cargos públicos implicados en la sedición. O rebelión a partir del lunes.

Tal día como hoy de 1571, en el golfo griego de Patrás se libraba la batalla de Lepanto, uno de los mayores combates navales de la historia. Al mando de Juan de Austria, nuestros hombres pararon los pies al enemigo turco para lograr la paz en el Mediterráneo. Hoy, en las calles de una Cataluña donde ya resulta inevitable el uso de la fuerza para restablecer el orden, la mayoría silenciosa cautiva del nacionalismo totalitario pierde el miedo y sale con la bandera a apoyar a la Policía y la Guardia Civil, tan maltratadas. De nuevo, la ciudadanía va por delante. Con espíritu apocado de ursulina no se hace respetar la ley ni se mantiene la dignidad de España.

Ignacio Miranda