Antonio Piedra - No somos nadie

Casteluños

«El combinado se convierte en sospechoso cuando escuchamos en directo al diputado cunero por Palencia, señor Méndez de Vigo, asegurando que no hay adoctrinamiento en las aulas»

Antonio Piedra
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Escribí el martes pasado -días antes de que el Supremo concediera a Forcadell el título simbólico de golpista arrepentida- que gran parte del independentismo catalán no eran más que una cuadrilla de golfos sostenidos y de impostores que dejan al Tartufo de Molière en pelotas. Forcadell ha cantado bingo. Ha sido todo tan maravilloso, tan previsible, y tan pletórico de razones jurídicas…Lo primero que oyeron sus señorías golpistas, nada más poner pie en el Tribunal Supremo, fue como un balón de oxígeno: tranquis, que esto no es la Audiencia Nacional y sentíos como en casa. Total, que en lógica uno se rebota: ¿y si políticos, jueces, y golpistas, pretenden que España y los españoles seamos en adelante, en cuanto reformen la Constitución por el artículo 155 bis, Espaluña y espaluños?

Qué sé yo. El combinado se convierte en sospechoso cuando escuchamos en directo al diputado cunero por Palencia, señor Méndez de Vigo -que es ahora mismito Consejero de Educación de la Generalidad y de los Països catalans-, asegurando que no hay adoctrinamiento en las aulas -se trata de casos aislados-, que se está recuperando la Constitución -es un honor que se presenten los golpistas a las elecciones y que haya huelgas políticas y salvajes-, y que esas elecciones serán un convoluto -un rollo de idolatría que gira sobre sí mismo- a la catalana. O sea, que no sólo España se llamará Espaluña, sino que Castilla y León será una especie de sofrito -¡gloria al bingo y a los tahúres- de Casteluña y de Leoluña.

En estos momentos precisos -aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y que el Tormes es transitable sin zancos en cualquier tramo debido a la sequía-, algunos amigos míos, en buena lógica, han solicitado del señor Méndez de Vigo que devuelva al Archivo de Salamanca los papel robados por la Generalidad, o al menos aquellos legajos cuya devolución se sustenta en sentencias judiciales de obligado cumplimiento. La carcajada del diputado por Palencia ha debido de ser olímpica porque ni ha contestado ni ha dicho ni mu en sus comparecencias de los viernes que parecen una copia en merengue del pastelero de Madrigal.

Lo que tampoco importa demasiado en un político constructor tan apañado como él que, en cuanto barrunta el final de un túnel -debe padecer de fotofobia-, se empeña en levantar claraboyas a consta del contribuyente. Así que, casteluños y leoluños, no perdamos el tiempo porque las cosas están bien claras y pintan bastos: nos van a dar leña en cuanto permitamos que nos cuelen su constitución espaluña para espaluños. Idiotas o inconscientes seríamos o «seriésemos» si, por nuestra parte, les proporcionáramos gratis et amore la mustela refrescantes para reparar sus escoceduras y mataduras. O como dicen en mi pueblo, estaría pistonudo que por San Martín le echáramos al peor jabalí la mejor bellota.

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