Artes&Letras

Aniversario de Zorrilla: ¿un rescate?

El próximo año se cumple el bicentenario del poeta y dramaturgo vallisoletano. Vendió los derechos del Tenorio y alcanzó mayor gloria después de muerto, pese al desdén de algunos por su obra

Zorrilla con el poeta Antonio Fernández Grilo
Zorrilla con el poeta Antonio Fernández Grilo - Fotos: ABC / F. HERAS
JOSÉ GABRIEL LÓPEZ ANTUÑANO - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

Un 21 de febrero de 1817 nació José Zorrilla en Valladolid en el seno de una familia muy tradicional con un padre muy severo, al que el dramaturgo haría poco caso. Marchó a Toledo a estudiar Leyes, a instancias del progenitor, que pretendía para él un oficio y unos recursos económicos que no fiaba del ejercicio de la poesía, la verdadera vocación de Zorrilla.

En 1836 toma tres decisiones, abandonar los estudios y el hogar paterno, y marcharse sin un céntimo a Madrid para empezar en soledad la carrera poética. Consecuencia de esta ruptura con un mundo acomodado serían sus penurias económicas, el desarrollo del talento creativo, un romanticismo estético pero sobre todo existencial, y sus continuos (y prolíficamente creativos) cambios de residencia.

A los pocos meses deslumbra con sus versos en el cementerio de Fuencarral en Madrid, dedicados a Larra durante el homenaje en el entierro. Fama mucha, dinero poco. Prosigue su trayectoria poética y un joven admirador le presenta a su madre, Florentina O’Reilly, 18 años mayor que él y tan pobre como Zorrilla. Se casan en 1839. La armonía matrimonial dura poco y en 1845 levanta el vuelo a Francia en busca de mejorar su maltrecha economía y de poner tierra de por medio con Florentina. Regresará en el 47.

En 1854 viaja a México en busca de El Dorado, pero la estancia en los primeros meses se caracteriza por la precariedad y las aventuras. En 1858 prueba fortuna en Cuba y vuelve al continente americano, donde Maximiliano le nombra director del Teatro Nacional de México, que no llegó a existir por la caída del emperador. Regresa a España y es aclamado en Madrid, Valladolid y Cataluña con el noucentisme en ciernes. Viudo, se casa con la actriz Juana Pacheco.

Sus penurias continúan y Valera le consigue un trabajo del Gobierno de España en Italia. Permanece allí desde 1871 a 1876. En 1885 es nombrado académico. El Ayuntamiento de Valladolid le nombra cronista, pero le quita puesto y salario, cuando el Congreso le otorga una pensión de 7.500 pesetas al año. Su fama, que crece de forma inversamente proporcional a su patrimonio, le entroniza en 1889 con el título de poeta nacional en Granada. Muere en 1893 de un tumor y su entierro es un clamor por el reconocimiento ciudadano y, lo que es más difícil, de la profesión.

Muchos han contribuido al descrédito sin molestarse en leerlo, a pesar de sus muchas virtudes teatrales

Su vida en sí misma es una novela, pero con más fantasía y lances divertidos e inverosímiles aparece narrada en Recuerdos del tiempo viejo. Y, tal vez, no hubiera conocido tantos lances de no haber vendido los derechos de autor de Don Juan Tenorio, ante el escaso éxito de las primeras funciones tras el estreno.

Poeta y dramaturgo, en la década de los cuarenta del siglo XIX alcanzó el zenit teatral. Además de Don Juan Tenorio, destacan El zapatero del rey y Traidor, inconfeso y mártir en la senda del drama romántico; y un desconocido, entretenido y divertido vaudeville, Cada cual, con su razón.

Manuscrito de Don Juan Tenorio conservado en la Biblioteca Nacional
Manuscrito de Don Juan Tenorio conservado en la Biblioteca Nacional- I. GIL

El teatro de Zorrilla, descalificado por muchos, unas veces por problemas de versificación, otras por contravenir normas de un supuesto canon literario que no de escenificación, unas terceras por el éxito del Tenorio y también por sumarse al tópico del descrédito sin molestarse en leerlo, contiene abundantes virtudes teatrales. Estas se aprecian cuando los dramas se levantan en escena, aunque, es cierto, que a los dramas les afecta el paso del tiempo y la dilación de situaciones dramáticas, por su extensión pesadas. Pero nada que no se pueda arreglar con una buena dramaturgia de intervención y contemporaneizadora.

Placa en honor al autor en la casa de Zorrilla en Valladolid
Placa en honor al autor en la casa de Zorrilla en Valladolid

Entre las virtudes, hay que anotar, el conocimiento del público y la dosificación de conflictos y situaciones, para mantener la incertidumbre; la capacidad para sorprender con recursos escenográficos; la profundidad existencial de algunos monólogos; las dificultades para conseguir objetivos amorosos con cierta liberalidad de costumbres; la sutileza y dosificación en los diálogos; y la inversión del héroe romántico, algo quizás más difícil de comprender hoy.

Un centenario que merecería un rescate, aunque administraciones ignorantes lo sigan tachando de carca y eruditos de pasado y pesado.

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