Cultura

¿Por qué el Acueducto de Segovia ha rejuvenecido 20 años?

Los arqueólogos Santiago Martínez y Víctor Cabañero explican a ABC cómo han llegado a la conclusión de cambiar de siglo la fecha de construcción del monumento romano a partir del análisis de 12.000 piezas

Acueducto de Segovia, con la Catedral al fondo
Acueducto de Segovia, con la Catedral al fondo - ICAL
I. JIMENO Segovia - Actualizado: Guardado en: Castilla y León

Aunque el tango canta que veinte años no son nada, esos dos decenios más -o, más bien, de menos- sí pueden suponer mucho para avanzar en la determinación de una de las grandes incógnitas que, casi 2.000 años después de sus construcción, siguen rodeando al Acueducto. Se sabe que fue una obra de ingeniería levantada en época romana, pero nada sobre la fecha exacta en la que, pila a pila, los 20.400 sillares de granito dibujaron lo que hoy es uno de los principales monumentos de España y seña de identidad de Segovia.

Si lo que cautiva las miradas de segovianos y los miles de visitantes que cada año paran ante él es la enormidad de su belleza, es bajo sus pies, ocultos, donde se encuentran algunos de los tesoros que permiten saber un poco más de este gran y atractivo desconocido. Y es ahí, en las fosas de cimentación, de hasta cuatro metros de profundidad, selladas antes de levantar los pilares en lo que era un terreno «blando», en la ahora llamada plaza del Azoguejo, donde el Acueducto alcanza su mayor altura -28,10 metros-, donde se encontraron las claves que han llevado a «rejuvenecer» al Acueducto «entre 20 y 50 años».

Cerca de 12.000 piezas se han analizado hasta llegar a la conclusión «consensuada» por los expertos, tras un proceso de «reflexión mucho tiempo», de que esta obra declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985 y Monumento Nacional ya en 1884 «sólo» pudo ver cómo sus arcadas centrales se levantaron como mínimo después del año 112 a 118 de nuestra Era y no a partir del 98, como hasta se sostenía. Al menos 20 años menos y cambio de siglo, del I al II después de Cristo. Un avance que «permite precisar con mayor solvencia la dinámica histórica de la ciudad de Segovia en época Romana», apunta el arqueólogo Santiago Martínez, quien, junto con su colega Víctor Cabañero, ha llevado a cabo durante cuatro años el estudio de laboratorio de las miles de piezas que han permitido precisar un poco más la edad del Acueducto. Para ello también lo han «contrastado» con datos de los arqueólogos Luciano Municio, Clara Martín, José Miguel Labrador y Sonia Álvarez, que trabajan sobre otras áreas de la Segovia romana.

Los arqueólogos Santiago Martínez y Víctor Cabañero, autores del estudio sobre el Acueducto
Los arqueólogos Santiago Martínez y Víctor Cabañero, autores del estudio sobre el Acueducto- A. TANARRO

Entre esas piezas objeto de la lupa arqueológica, una «ingente cantidad» de materiales graníticos, fragmentos de «terra sigillata» -que aportan la cronología «más exacta», pues se produjeron entre el 50 después de Cristo y los mandatos de Adriano y Trajano-, cerámica romana, un sestercio de Trajano -una moneda emitida entre el año 112 y 116, durante el sexto consulado de este emperador-. Analizadas y combinadas, en un trabajo nada fácil en el que también ha habido que despreciar restos rescatados de unas fosas de cimentación selladas en lo que era como una «escombrera» a los pies de la ciudad en lo alto, permiten sostener que «fueron colocadas» bajo las moles de granito antes de su construcción. Por lo que «posiblemente» esta obra de ingeniería hidráulica fue levantada «más de 20 años» después de la fecha hasta ahora apuntada.

Sería a finales del imperio de Trajano o pleno gobierno de sus sucesor, Adriano, lo que tumba las teorías «sin muchos datos contrastados» de ser anterior e incluso que obedeciese a una restauración de un proyecto previo. «Se ha puesto una fecha mínima desde datos contrastados», defiende Santiago Martínez, director también del Museo de Segovia, donde se custodian esas piezas rescatadas durante la excavación realizada por el arqueólogo Germán Prieto Vázquez. Es, destaca, el «alma de la investigación», gracias al trabajo realizado bajo los pilares 3, 4 y 5 en 1998, cuando el Acueducto estaba inmerso en la última gran restauración, acometida entre 1992 -se prohibió el paso de vehículos bajo sus arcos- y 2000.

Momento propicio

Esas nuevas fechas «explican la época de Segovia para acometer una obra de semejante envergadura», quizá con financiación de la propia Roma, y bajo la dirección de un desconocido ingeniero que proyectó los 167 arcos de granito unidos sin cemento ni argamasa. El siglo II es ya un periodo de «paz y estabilidad» que propicia acometer obras así. «Es como el AVE en España, se hace cuando hay dinero», puntualiza Cabañero. Era un momento de «eclosión» en las provincias hispánicas de la antigua Roma, lo que puede explicar que la combinación de «voluntad, fondos y marco normativo» permitiese ejecutar el Acueducto en un Segovia de entonces entre 3.000 y 5.000 habitantes, ubicada en punto relevante del mapa, justo al saltar Guadarrama, y cruce de caminos.

Eso sí, la nueva información, sostienen, «abre muchos más interrogantes» sobre una obra de la que como otras -el Castillo de Coca, por ejemplo- se desconoce su data.

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