Andrés García Cerdán - OPINIÓN

Constantino Molina y la lucidez Andrés García Cerdán

En un estudio de su poesía para la Universidad de México lo pregoné: Ha nacido una estrella

POR ANDRÉS GARCÍA CERDÁN - Actualizado: Guardado en:

«Qué bellos se mantienen/ viviendo sin cuidado, sin podar,/ estos almendros/ que el olvido ha cargado/ de nuevas ramas. // Van creciendo al azar, desatendidas/ de la mano del hombre. / Crecen en el desorden armonioso/ de la naturaleza,/ en búsqueda perpetua tras la vida/ y nunca cesan». Así empezaba el poema de Constantino Molina «Las ramas del azar», texto que da título al libro que hoy se alza con el Premio Nacional de Literatura para Jóvenes «Miguel Hernández» del Ministerio de Cultura. Es este un premio, dotado con 20000 euros, que se otorga a un libro publicado en el año 2015: Las ramas del azar. El Secretario de Estado de Cultura, José María Lasalle, se lo ha hecho saber por teléfono al poeta albaceteño. Luego la noticia ha incendiado las redes sociales, los medios y los móviles. Tanta sorpresa como orgullo traen noticias como esta, desde luego. El premio es todo un honor, uno de los más altos que concede este país a la creación literaria. Es, por lo demás, un premio al que no te presentas, al que concurres involuntariamente por el criterio sensible de quienes son también poetas y tienen juicio en el panorama literario actual. En este caso la personalidad increíble de la poesía de Constantino Molina, su subversión tranquila, su visión entre entusiasta y ácida de la realidad, su apuesta en firme por la intimidad de las pequeñas grandes cosas, por los pequeños gestos trascendentes y por la verdad de los gestos, lo hacen justísimo merecedor de este premio.

«Ahora ya no buscas la manera/ de cerrar ese círculo perfecto.// Ahora solo aprendes en las cosas/ la manera de verte calmo y lúcido,/ seguro pero injusto, incierto pero vivo». Así habla en «El círculo perfecto» en su nuevo libro. Lúcido, vivo y en marcha, como corresponde a uno de los más destacados valores de la poesía española actual. Hace un par de inviernos, Las ramas del azar se alzaba por k.o. técnico entre los otros finalistas del Premio Adonáis, para ser publicado por Rialp en la mítica colección Adonáis. Consumaba este hecho un buen momento creativo para Constantino Molina, quien fue apareciendo en diferentes antologías actualísimas: Regeneración (Valparaíso), Séptima antología de Adonáis (Rialp), El peligro y el sueño. La escuela poética de Albacete (Celya), Del mar a la estepa (Chamán) o Nacer en otro tiempo (Renacimiento). Al tiempo, asentó sus colaboraciones en el ABC de Castilla La Mancha y otros medios. En octubre recogió el Premio Valencia de la Institució Alfons el Magnànim.

A pesar de la algarabía poética nacional, de las voces de los superventas de humo, del spoken word que envalentona como poetas a quienes no han leído un libro en su vida, a pesar de muchos otros desajustes, el premio de Constantino Molina viene a devolvernos y a recordarnos la necesidad de ética y honestidad en la literatura española.

Hace unos días, era noticia por la publicación de su segundo libro de poemas, Silbando un eco extraño, en Hiperión, otra de las grandes editoras de poesía de este país. La cabra de la portada ofrece a las claras los derroteros de la poesía del joven de Pozo Lorente, aferrada a la crítica, a la lucidez y a la antipoesía. «Utilizo solo una vez la palabra luz -me dijo-, en el primer verso». Irónicamente, claro. En verdad es un poeta que huye de lo poético, de la afectación poética y que busca otros caminos y otros lenguajes dentro del lenguaje. En él se cumplen los sueños y los destinos de muchos que amamos a muerte las palabras. Se lo dije a quien me quiso oír: Lleva el fuego dentro. Hace unos meses, en un estudio de su poesía para la Universidad Nacional de México lo pregoné: Ha nacido una estrella.

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