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¿Hay vida en el río Tajo más allá del trasvase?

Los investigadores José Luis Yela y María Romero analizan para ABC la calidad del agua y la situación de los invertebrados del Tajo Medio

Imagen del río Tajo a su paso por la ciudad de Toledo
Imagen del río Tajo a su paso por la ciudad de Toledo - Ana Pérez Herrera
M. CEBRIÁN Toledo - Actualizado: Guardado en:

En la retina de los toledanos mayores de cincuenta años aún perduran imágenes de la playa de Safont repleta de bañistas disfrutando de un Tajo limpio. Poco le duró la alegría a muchas de estas personas que se bañaban alegremente en la década de los 60, cuando se popularizó esta costumbre de pasar el día en el río a su paso por Toledo. En los años 70, la creciente industrialización de Madrid y los vertidos que ello conllevaba a los afluentes del Tajo —Jarama y Henares principalmente— hicieron que las fotografías cambiasen radicalmente y pasasen a mostrar grandes manchas de espuma en las aguas del Tajo.

Estas últimas son las únicas imágenes que, muy a su pesar, ha podido contemplar María Romero Cortina, estudiante de Toledo de 22 años que esta semana presentaba un estudio sobre la calidad del agua del río toledano junto con su profesor José Luis Yela, titular de Zoología y autor del trabajo «Invertebrados de la cuenca media del Tajo». Dentro del ciclo de conferencias «Investigando el Tajo», organizado por la Universidad de Castilla-La Mancha en colaboración con la Real Fundación Toledo, la joven graduada en Ciencias Ambientales habla para ABC de las causas del deterioro de las aguas y plantea una serie de soluciones para cambiar la realidad de este río que otrora era vital para la ciudad.

Para llevarlo a cabo, María ha analizado los datos publicados por la Confederación Hidrográfica del Tajo, el Sistema de Información del Anuario de Aforos y el Servicio Integral de Asesoramiento al Regante. Con toda esta información, ha estudiado si, a partir de los índices biológicos, se puede conocer la calidad del agua del río Tajo o si varía en función de los parámetros físico-químicos.

«Ahora mismo la calidad del agua del Tajo deja mucho que desear», subraya María, quien muestra en su estudio cómo ha cambiado el río en las últimas décadas y años, ya no solo por la calidad del agua, sino también por las infraestructuras hidráulicas que han ido construyendo a su alrededor. Aun así, afirma que «la principal causa de su deterioro es el trasvase Tajo-Segura, ya que esta infraestructura se lleva prácticamente el 80% del agua de la cabecera».

Sustancias nocivas

Como principal fuente de contaminantes del Tajo, la investigadora apunta al área metropolitana de Madrid y, en concreto, a los procedentes de industrias que vierten sus productos a la cuenca del río. Entre los contaminantes que se encuentran en sus aguas, enumera sustancias de productos electrónicos, farmacéuticos, cosméticos, desinfectantes, plásticos, basuras, fertilizantes de la agricultura o residuos de purines de la ganadería.

«Si los ríos se pueden autodepurar y eliminar contaminantes de forma natural, en el caso del Tajo esto no es así debido a su escaso caudal», señala María, quien explica que el caudal actual no cumple con el mínimo exigido por ley. Tal y como asegura, «la escasez de agua está mermando la fauna autóctona del Tajo, además de la introducción de especies invasoras o alóctonas».

José Luis Yela y María Romero Cortina
José Luis Yela y María Romero Cortina- Ana Pérez Herrera

Entre las especies autóctonas del Tajo, se encuentran peces como la carpa, el barbo o la pardilla, que están siendo desplazados, o incluso eliminados, por especies exóticas, «que son verdaderas monstruosidades algunas de ellas», a juicio de los investigadores del estudio. Y entre las especies invasoras que están ganando terreno, destacan el caso del cangrejo americano, que está acabando con el cangrejo de río común. Esas especies están siendo introducidas por los pescadores para seguir con su afición, sin ser conscientes del perjuicio que generan.

De este modo, a la pregunta «¿hay vida en el río Tajo más allá del trasvase?», José Luis Yela responde que sí, «pero muy mermada en relación a lo que sería deseable en un ecosistema sano». Y, por otro lado, teniendo en cuenta las características de un río como el Tajo, comparándolo con otros ríos similares, dice que «los conjuntos de invertebrados en él son más pobres que en otros, en cuanto al número de individuos».

Es por eso que ambos investigadores abogan claramente por la paralización y el cierre del trasvase Tajo-Segura como primera solución a la mala calidad y a la escasez de agua. Además, piden que se cumpla la Directiva Marco Europea del Agua, que exige prevenir el deterioro de las aguas, reducir la contaminación, eliminar los vertidos, la implantación de nuevas depuradoras y la mejora de las ya existentes con sistemas más avanzados.

«Yo, como toledana, quiero que el río Tajo vuelva a ser el que era. Tengo solo 22 años y no he visto un Tajo limpio. Todo lo contrario, cada año está más sucio. El río era el medio de vida de Toledo. Las mujeres bajaban a lavar, los vecinos se bañaban en sus aguas e incluso había profesiones en la ciudad que dependían de él». Esta es la declaración de intenciones de María. Ya solo falta que alguien atienda sus reivindicaciones.

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