José Antonio Hurtado
José Antonio Hurtado - ABC
Pepe Fernández Belda - Viviendo en San Borondón

Proa al viento y bolineando

José Antonio Hurtado siempre navegó proa al viento, con demostraciones matemáticas de sus afirmaciones. Por el gremialismo de muchos profesores, navegaba a vela contra el viento

Pepe Fernández Belda
Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

El pasado 14 de marzo falleció en Santa Cruz de Tenerife José Antonio Hurtado García a los 68 años de edad. Ha sido una gran pérdida para su familia y amigos, también para los que aprendimos con él la historia de la navegación medieval y otras muchas cosas que José Antonio investigó con una visión nueva, tratando de distanciarse de los tópicos que se repiten de libro en libro, con un acrítico corta y pega, en muchas publicaciones universitarias al uso y al abuso.

Ingeniero Aeronáutico de profesión y de formación, por una serie de vicisitudes de la vida y ya con años encima, se interesó casi por casualidad por el mundo de la historia, siempre apasionante si se estudia con ganas de entender el pasado para aprender de él, mas que para memorizar una lista de reyes, sucesos, guerras y fechas con las que intentar asombrar a los alumnos o, como fue mi caso en el colegio, aburrirlos hasta la nausea.

Documentándose para un trabajo sobre Cristóbal Colón, se hizo una pregunta que cambió para siempre lo que había leído en los libros de texto. Según él mismo me contó, fue tratar de entender cómo Colón partió para descubrir América en la única época del año en que era factible hacerlo con barcos de vela y navegando por la única ruta posible, pero además haciendo el viaje de vuelta también por la única ruta posible y en el momento adecuado. Cualquiera que haya navegado a vela, sin el auxilio de un motor, sabe muy bien que en una embarcación de ese tipo se puede ir, aunque no siempre, desde un punto a otro pero no por cualquier rumbo ni de la misma forma.

Son muchas casualidades para se aceptadas sin crítica por una mente con formación matemática y técnica. He de reconocer, agradecido, que José Antonio me hizo la misma pregunta y desde ese mismo instante, tuve la suerte y el honor de ser su alumno, adentrándome en el mundo apasionante de las técnicas de navegación medieval, el estudio matemático de los portulanos y las cartas de marear que han llegado a nuestros días, ayudarme de un diccionario de castellano antiguo para leer y comprender los tratados de navegación de los siglos XIII hasta el XVI que pudimos encontrar.

Con esa mentalidad José Antonio Hurtado se lanzó a la apasionante aventura de investigar el pasado, tratando de averiguar los conocimientos matemáticos que tenía el Almirante y que era muy difícil de creer que estuvieran al alcance de un simple comerciante de lanas. Y con esa investigación empezó a descubrir cómo los más afamados libros de historia están plagados de errores al tratar de explicar ciertas cosas con técnicas que en aquellos tiempos aún no habían sido descubiertas o utilizadas. En muchos encuentros y seminarios pudimos comprobar, por ejemplo, cómo se describen los portulanos como si se tratara de cuadros artísticos, pero los ponentes eran incapaces de explicar con qué técnicas de proyección geográfica estaban trazados. Olvidaban, o ignoraban, que eran instrumentos de navegación y no pinturas para adornar paredes. Como el mismo Morales Padrón nos dijo en uno de esos eventos, "es que los historiadores somos gentes de letras y para hablar de estas cosas hay que saber muchas matemáticas". Y con su autoridad, defendió el derecho de Hurtado de defender sus propuestas y no ser descartadas con el peregrino argumento de "¿pero quién ha dicho eso antes"”, como en más de una ocasión se argumentó.

José Antonio Hurtado siempre navegó proa al viento, con demostraciones matemáticas de sus afirmaciones. Por el gremialismo de muchos profesores, se vio obligado a “marear” de bolina, en ceñida, o barloventeando, que es como se navegar a vela contra el viento. Gran parte de sus descubrimientos, que en menos tiempo que mas serán incorporados a la ciencia oficial, están en sus libros y en su blog 'Tras la estela del Temple. Cómo y cuando se 'descubríó' América'. Sus aportaciones brillarán para siempre y, allí donde esté, será nuestra Estrella Polar. Descansa en paz.

José Francisco Fernández Belda