Pedro Sánchez y Susana Díaz, en una imagen de archivo
Pedro Sánchez y Susana Díaz, en una imagen de archivo - RAÚL DOBLADO

La guerra Díaz-Sánchez convierte el Grupo Socialista en un polvorín

La gestora, preocupada por los enfrentamientos personales y rencores en su bancada en el Congreso

MadridActualizado:

Compañeros que no se saludan, comentarios ofensivos en los pasillos, maledicencias compartidas con los periodistas, rumores de índole personal sobre los adversarios internos... Este es el clima en el que vive el Grupo parlamentario Socialista en el Congreso y que, a medida que se acercan las primarias del 21 de mayo y se aproxima previsiblemente el fin de la interinidad, no solo no es más bonancible sino que presenta síntomas de gravedad cada vez más preocupantes. Desde el Comité Federal del pasado 1 de octubre, tras el que Pedro Sánchez tuvo que abandonar la Secretaría General del PSOE y la Gestora decidió desbloquear la investidura de Mariano Rajoy con su abstención, la bancada del Grupo Socialista es una olla a presión a punto de explotar.

Aunque el último escándalo conocido ha sido el protagonizado por el número dos del grupo, Miguel Ángel Heredia, hombre de confianza de la presidenta andaluza, Susana Díaz, lo cierto es que los conflictos se multiplican, dado que la proximidad de las primarias está haciendo cada vez más honda la brecha interna y convirtiendo a sus bandos en irreconciliables. Las palabras de Heredia, en una charla con simpatizantes de las Juventudes Socialistas de Málaga, en las que tildaba a Margarita Robles, número dos de la lista del PSOE que Pedro Sánchez encabezó en Madrid, de «hijaputa» y denunciaba que criticara a la Gestora sin estar afiliada al partido, no han hecho más que enconar la crisis. Sanchistas y susanistas se culpan mutuamente de filtrar cuantos sucesos puedan perjudicar al contrario y deteriorar la imagen del colectivo.

La situación es tan insostenible, asegura un diputado del grupo, que «entre nosotros hay muchos que no se hablan, no se saludan, no se dan los buenos días y, mucho menos, trabajan en equipo». Este panorama, que según esa fuente «pastorea» como puede el portavoz, Antonio Hernando, está afectando también a la labor parlamentaria, que arrancó con optimismo tras anotarse el PSOE la subida por parte del Gobierno del Salario Mínimo en un 8 por ciento. La sensación es de absoluta desconfianza, apunta el interlocutor de ABC, hasta el extremo de que «ya nadie se atreve a decir nada en charlas informales porque hay la certeza de que alguien lo pasará a algún medio para dañar al rival».

Crispación

Tanto la gestora que preside Javier Fernández como el sector que lidera Susana Díaz son conscientes de que esa atmósfera de crispación no va a ser fácil combatirla, aunque la presidenta andaluza consiguiera vencer en las primarias. Los escaños no pertenecen al grupo parlamentario por lo que, en caso de triunfo de Díaz, los 15 diputados que rompieron la disciplina de voto, entre ellos, los siete del PSC, seguirán teniendo voz propia en la bancada del PSOE. A sensu contrario, lo mismo ocurriría con el resto de parlamentarios, si es Sánchez el que recupera el poder en Ferraz.

Por supuesto, las sanciones que se impusieron a los parlamentarios díscolos que solo aceptaron la abstención «por imperativo», nada han ayudado a cohesionar el grupo, más allá del desembolso económico de 600 euros por incumplir el mandato de la Gestora. Internamente, uno de los más discutidos es el portavoz, Antonio Hernando, al que en una y otra orilla se hacen reproches de «entreguismo» al bando contrario. Hay que recordar, sin embargo, que Hernando cuenta actualmente con el respaldo de Javier Fernández, que reconoce el «gran esfuerzo» hecho por el portavoz, que tuvo que defender una abstención de la que había abominado como hombre de confianza de Sánchez.

Tras el pleno de investidura, la dirección del grupo optó por ajustes en el organigrama, con cambios muy discutidos en las portavocías que, a lo que se ve, no han conseguido apaciguar las aguas. Los ataques verbales entre diputados no cesan, como el que mantuvieron hace unos días en las redes sociales la diputada sanchista Zaida Cantera con su vecina de escaño Guadalupe Martín, a cuenta de unos formularios de afiliación de la época de Sánchez sin las oportunas garantías. En un cruce de mensajes entre ambas se rebasaron los límites del respeto recíproco evidenciando lo que es ya un secreto a voces y abochorna en los escaños del PSOE.

Tres nombres generan también un cierto malestar interno, es verdad que cada cual por diferentes motivos. El primero es el de César Luena, el parlamentario de Logroño que fuera número dos de Sánchez en Ferraz, que ha hecho pública su determinación de apoyar a Patxi López, la tercera vía para dirigir el PSOE. Entre los afines al exsecretario general no ha sentado nada bien que quien asegurara, incluso en las horas posteriores a la salida de Sánchez, que «yo apoyaré a Pedro siempre», haya optado por cambiar el signo de su voto, en la línea de baronesas como Idoia Mendía (País Vasco), Francina Armengol (Baleares) y Sara Hernández (Comunidad de Madrid), esta última recién alistada, para estupor de sus compañeros en el PSM, a la candidatura de Susana Díaz. Entre los fieles al exlíder, como su coordinadora de campaña Adriana Lastra o la propia Zaida Cantera, el reproche político al que fuera secretario de Organización es un clamor.

Protagonismo mediático

Otros dos diputados que son mirados con recelo por parte de sus adversarios en el grupo parlamentario son Soraya Rodríguez, portavoz en el último mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, y Eduardo Madina, enemigo de Sánchez y hoy cercano a la baronesa andaluza, amén de responsable de la ponencia política. La decisión de la Gestora de otorgarles a ambos un más que evidente protagonismo mediático ha despertado sospechas en algunos compañeros, según apuntan en el grupo. Los dos vivieron una etapa de irrelevancia política, decretada por Sánchez, que nada tiene que ver con su presencia actual en televisiones y radios, lo que ha levantado ampollas entre otros parlamentarios que, según denuncian, han vivido el proceso justamente contrario, «del brillo a la postergación, sobre todo si eres hostil a Susana Díaz». Otro de los elementos que han tensado las relaciones internas ha sido la decisión de la dirección provisional socialista de mantener cierta ambigüedad respecto a la derogación o no de la reforma laboral del PP. Aunque en un primer momento la intención fue apoyar que decayera uno de los ejes de la gestión de Rajoy frente a la recesión, el documento económico que ha dirigido el profesor José Carlos Díez, del círculo más cercano a Díaz, plantea una descalificación general de la legislación laboral, mas en ningún caso menciona su derogación.

En el ámbito de los desencuentros se hallan también los primeros acuerdos de Antonio Hernando con su homónimo, el portavoz popular Rafael Hernando, relativo al apoyo socialista al techo de gasto, fuertemente contestado por los diputados sanchistas.

Enconamiento personal

Tanto la Gestora como la líder andaluza son conscientes del enconamiento de las relaciones personales en su grupo. Por ello, Díaz otorga mucha importancia al cierre de las heridas con el PSC, alineado tradicionalmente junto a Sánchez. El último viaje de la candidata a las primarias a Cataluña para testar sus hasta ahora escasos avales en el equipo de Miquel Iceta busca, indirectamente, sosegar las aguas en el Carrera de San Jerónimo donde los socialistas catalanes Meritxell Batet, Mercè Perea, José Zaragoza, Lidia Guinart, Manuel Cruz, Joan Ruiz y Marc Lamuà lideran el bando más beligerante a Javier Fernández y Susana Díaz.