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Un Gobierno más simpático Curri Valenzuela

Liquidada la disputa entre el G-8 y los «sorayistas», ya no queda un solo ministro que se declare inmerso en uno de los dos grupos

Curri Valenzuela Madrid - Actualizado: Guardado en:

A José Manuel García Margallo le perdió tanto presumir de G-8 para restar el poder de la vicepresidenta en los medios de comunicación y a Soraya Sáenz de Santamaría el utilizar ese poder para que los medios beneficiados por ella la trataran mucho mejor que a los otros miembros del Gobierno.

Mariano Rajoy ha zanjado la disputa por las bravas. A uno le ha quitado el ministerio, a la otra la portavocía y él mismo se ha reservado el control de la política informativa de un Ejecutivo necesitado de mejorar su imagen, hacerse más simpático y evitar que sus disputas internas se reflejen en las portadas.

Por primera vez en democracia la secretaría de Estado de Comunicación depende oficial y directamente del presidente del Gobierno. Carmen Martínez Castro, que se ganaría el disputado premio al mas leal de los colaboradores de Rajoy, despachará con él sin intermediarios todos los asuntos relativos a medios de comunicación y de política informativa del Ejecutivo, aunque también lo hará con el ministro Portavoz, Íñigo Mendez de Vigo.

Ninguno de ellos, que mantienen una excelente relación personal, considera que este arreglo les vaya a suponer un problema. El ministro se estrenó el viernes ofreciendo la imagen de un político abierto y asequible, que es lo que es. Su tarea será buscar un acuerdo sobre Educación y hacer de portavoz tras el Consejo de Ministros y en las ocasiones importantes; la secretaria de Estado tratará del día a día, sin comparecer en público.

Uno y otra mantienen también buenas relaciones tanto con Soraya Sáenz de Santamaría como con María Dolores de Cospedal, que es el nuevo balance que Rajoy, tan amante de los equilibrios, le ha colocado a la vicepresidenta dentro del Gobierno para seguir limitando su poder. Liquidada la disputa entre el G-8 y los «sorayistas», ya no queda un solo ministro que se declare inmerso en uno de los dos grupos. Todos, nuevos y antiguos, están por llevarse bien, como se vio en el detalle de la «vice» asistiendo al desfile ante las tropas de la nueva titular de Defensa o el recuerdo cariñoso de Juan Ignacio Zoido, hacia su antiguo mentor Javier Arenas con quien acaba de librar una dura batalla por el control del PP de Sevilla (que ganó Zoido con ayuda de Cospedal).

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