Esqueleto de Agustín Luengo en el Museo Nacional de Antropología. - Outisnn/WIKIPEDIA

El hombre más alto de España, el gigante que midió 2,35 metros

Un catedrático de anatomía compró el cuerpo del llamado «gigante de Extremadura», cuando todavía estaba vivo, para poder exhibirlo en el Museo Nacional de Antropología

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La verdad es que ningún padre puede imaginar que uno de sus retoños termine expuesto en la estantería de un museo, por muy importante que sea la pinacoteca. Sin embargo, esto es lo que le sucedió a Agustín Luengo Capilla (1849-1875), más conocido como el «gigante extremeño».

Nuestro protagonista nació en Puebla de Alcocer, un municipio pacense de la Siberia extremeña. Desde bien pequeño tuvo que soportar las miradas indiscretas de vecinos y compañeros de colegio, debido a su elevada estatura.

Representación de Agustín Luengo
Representación de Agustín Luengo- WIKIPEDIA

Su altura era cuatro centímetros más que lo que medía Manute Bol (1962-2010), el famoso pívot sudanés que jugó en la NBA hace ya varias décadas. Para ser exactos Agustín Luengo medía 235 centímetros, por lo que probablemente le sitúa en el español más alto de todos los tiempos. Para los amantes de las cifras un dato comparativo, Pau Gasol mide «tan solo» 215 centímetros.

Agustín era tan alto y pesaba tanto que sus padres se vieron obligados a tener que perforar las paredes de su habitación para poder apuntalar las tablas de su cama y evitar que cedieran con el peso.

Unas manos de 40 centímetros

Todo su cuerpo era desproporcionadamente grande, sus manos medían alrededor de cuarenta centímetros y eran capaces de ocultar un pan de un kilogramo de peso. Estos datos apuntan a que Agustín sufría una enfermedad endocrinológica que afectaba la hipófisis, la glándula encargada de producir la hormona de crecimiento.

En octubre de 1875 Agustín viajó a Madrid y el entonces rey, Alfonso XII, lo recibió con admiración y respeto, es más, le obsequió con unas botas –del número cincuenta y dos- que actualmente se conservan en su pueblo natal. Por cierto, Pau Gasol usa un cincuenta.

Se cuenta que tenía tan solo doce años cuando comenzó a ganarse la vida viajando de feria en feria, como atracción circense. Muy posiblemente Agustín trabajó al lado de enanos, mujeres barbudas, faquires y albinos.

Un Fausto con título de catedrático

A mediados del siglo XIX el doctor Pedro González Velasco (1815-1882), catedrático de Anatomía de la Universidad San Carlos de Madrid, había comenzado a crear su particular gabinete de curiosidades, lo que con el tiempo sería el embrión del Museo Nacional Antropológico de Madrid. Por eso no es casual que ocupe el lugar que durante algún tiempo fue la vivienda habitual del galeno.

Cuando el doctor González Velasco se enteró de la existencia del gigante no lo pensó dos veces y se desplazó hasta Extremadura para conocerle. Estaba especialmente interesado en hacerse con su cuerpo y que, una vez hubiese fallecido, formase parte de la colección del museo.

El rey Alfonso XII con Agustín Luengo y su madre
El rey Alfonso XII con Agustín Luengo y su madre- WIKIPEDIA

No sabemos si le costó mucho convencerle, lo que sí sabemos es que el catedrático y el «gigante extremeño» llegaron a un acuerdo propio de Fausto: el museo le pagaría una renta diaria de 2,50 pesetas diarias mientras viviera, a cambio de que Agustín donase su cadáver al museo. La verdad es que la cuantía económica no era despreciable, permitiría al extremeño vivir con holgura en la España del siglo XIX.

Pues dicho y hecho, tal y como acordaron Agustín recibió la cantidad pactada hasta que falleció, a la edad de 26 años, a consecuencia de la tuberculosis. La verdad es que el contrato no fue muy oneroso para el museo.

Actualmente el esqueleto –que encogió diez centímetros después de la muerte- es una de las principales atracciones de la exposición permanente del museo que, por cierto, se encuentra a pocos pasos de la madrileña estación de Atocha.

M. Jara
- M. Jara

Pedro Gargantilla es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.