Rodrigo Marlasca y Alejandro Epelde
Rodrigo Marlasca y Alejandro Epelde - RSME

Estos dos chicos son los mejores en matemáticas de España

Alejandro y Rodrigo, madrileños de 17 años, han ganado el concurso nacional de Olimpiada Matemática gracias a su ingenio y tesón

MadridActualizado:

Rodrigo Marlasca tiene 17 años y a veces saca un cuaderno y se pone a resolver problemas cuando va en el metro. También lo hace en casa, en su tiempo libre, simplemente porque le gusta mucho. Esa afición no es muy habitual entre los adolescentes, lo admite, pero a él le entusiasma hasta el punto de que el pasado verano se fue a un campamento de matemáticas en Oxford, Inglaterra, llamado «Promys», donde pasó seis semanas descifrando cosas como la teoría de números. Eso le resultó muy útil, confiesa, para convertirse en medalla de Oro en la final nacional de la LIV Olimpiada Matemática Española celebrada hace unos días en la Universidad de Jaén y en la que han participado 77 alumnos de Secundaria de toda España. Rodrigo, que estudia segundo de Bachillerato en el Liceo Europeo de Madrid, quedó empatado en el primer puesto con otro madrileño de El Escorial, Alejandro Epelde, estudiante de su mismo curso en el Montessori School de Alpedrete. Los dos demostraron no solo tener buenos conocimientos, sino el ingenio para aplicarlos de la forma más brillante.

Porque este tipo de competiciones no castiga de forma severa a quien comete un error de cálculo, sino que premia a quien «tiene una idea feliz», explica Alejandro. Los problemas que se plantean pueden resolverse de distintas maneras, y la creatividad es un valor en alza. Las pruebas incluyen geometría, combinatoria (por ejemplo, de cuántas formas se puede colorear un mapa), teoría de números y álgebra. Se realizan durante dos días, con tres problemas cada día que se puntúan de 0 a 7 y que son evaluados por diferentes tribunales.

«Son enrevesados», confiesa Alejandro. «Las soluciones son muy sutiles y hay que ser creativo». Por eso, se preparó para afrontar el reto con clases en la Complutense y dedicando casi todo su tiempo fuera del colegio a hacer ejercicios. No perjudicó su rendimiento académico, es un chico de sobresalientes, y tampoco tiene la sensación de haber sacrificado nada de su vida personal porque en los números «lo veo todo muy claro, muy bonito». No sabe a qué se quiere dedicar cuando sea adulto, pero tiene claro que elegirá estudiar matemáticas en la universidad. Su opción es definitiva, pero tendría éxito en otras ciencias, ya que el pasado año también consiguió una medalla de oro en la Olimpiada de Física. En su familia gustan las carreras técnicas... con un giro. Su padre es un ingeniero de telecomunicaciones convertido en músico.

«Sí, soy un friki»

Rodrigo coincide con Alejandro en muchas cosas. Una es su dedicación entusiasta y otra es que a ninguno de los dos le convence demasiado cómo se enseñan las matemáticas en el Bachillerato. A él, hijo de periodistas (su padre es Manuel Marlasca, presentador de televisión), también le gustaría que se valorara más la imaginación en la resolución de los problemas. En otras palabras, que se utilizara más la inteligencia. Si se le pregunta si sabe más de matemáticas que su profesor, admite honestamente tras dudar un poco que «quizás en algunas cosas sí». De todas formas, como el cálculo le aburre, a veces sus notas en esa asignatura bajan a un 8. «Y no todo se me da bien, aunque leo muchísimo, me cuestan la historia y la literatura. No me gusta cómo se dan en clase», confiesa. La Universidad de Oxford le ha ofrecido cursar allí sus estudios universitarios. Se ha decantado por matemáticas e informática.

Marlasca, además de brillante, es divertido. «Sí, yo me veo como un friki», reconoce. «Me gustan cosas distintas al resto de la gente. En el campamento de matemáticas podía hablar de cosas que no hablo con nadie». Tiene un matemático preferido, una elección interesante. Es Évariste Galois, un francés del siglo XIX que murió con tan solo 20 años tras un duelo «y como sabía que iba a perder, en una sola noche escribió toda su teoría», unas ideas que revolucionaron el álgebra. «¡Qué cosas habría podido hacer si hubiera vivido!», apunta Rodrigo.

Los dos «oros» formarán parte junto a otros cuatro chavales (también oros pero con menor puntuación) del equipo español que en julio representará a España en la Olimpiada Matemática Internacional de Cluj-Napoca, en Rumanía. Sus mayores contrincantes serán, precisamente, los rumanos, un grupo muy fuerte que está «a otro nivel». «Es que España está muy atrasada en esto. En Rumanía los estudiantes aprenden teoría de números y aquí la gente no sabe ni de qué va», explica Rodrigo. Pese a todo, intentarán hacerlo lo mejor posible y sobre todo, como dice con mucho acierto Alejandro, «pasarlo muy bien».