Erupción del Monte Pinatubo, en Filipinas, el 12 de junio de 1991
Erupción del Monte Pinatubo, en Filipinas, el 12 de junio de 1991 - Dave Harlow, USGS

¿Pueden las erupciones volcánicas artificiales salvar la Tierra?

Un estudio alerta del riesgo de imitar las consecuencias de estos eventos e inyectar aerosoles en la atmósfera para enfriar el clima

MADRIDActualizado:

El registro del pasado que ha quedado en la superficie de la Tierra dice que el planeta nunca ha sido un lugar tranquilo. Erupciones volcánicas, meteoritos, terremotos, el nacimiento de nuevos mares y movimientos de placas tectónicas han dejado una huella indeleble. Por eso se sabe que en el pasado el clima ha cambiado en muchas ocasiones, aunque normalmente no tan rápido como el hombre está provocando ahora, y que algunas veces esto ocurrió porque las erupciones volcánicas llenaron la atmósfera de aerosoles que bajaron las temperaturas globales al amortiguar la llegada de la radiación solar.

Esto ha llevado a algunos a sugerir que sería buena idea tratar de influir en el clima directamente para evitar el calentamiento global. A través de la geoingeniería, y en concreto a partir de la liberación de aerosoles a la atmósfera, algunos han sostenido que se podría evitar la debacle ambiental a la que el planeta se dirige. Sin embargo, una investigación publicada en Nature Communications ha descartado que esto sea recomendable. Sus autores, investigadores en la Universidad de Exeter, creen que manipular la atmósfera de esta forma tendría consecuencias muy graves para el planeta. Por eso, han hecho un llamamiento a los políticos para que eviten que se ejecuten programas unilaterales que podrían tener consecuencias globales.

«Nuestros resultados confirman que la geoingeniería solar regional es una estrategia muy arriesgada que podría beneficiar a una zona y perjudicar a otras», ha dicho en un comunicado Anthony Jones, experto en clima de la Universidad de Exeter. «Es vital que los políticos se tomen en serio a la geoingeniería solar y actúen con decisión para regularla».

Por ejemplo, han sugerido que, si bien es cierto que al inyectar aerosoles en el hemisferio Norte se reduciría la actividad de los ciclones, con lo que se reduciría la frecuencia de fenómenos como el huracán Katrina, al mismo tiempo se aumentarían las probabilidades de que el Sahel, al sur del Sáhara, experimentase graves sequías.

La controvertida estrategia sobre la que los investigadores alertan es la inyección de aerosoles en la atmósfera. Su objetivo es imitar las consecuencias de las erupciones volcánicas, que tienen la capacidad de reflejar la radiación solar y enfriar el clima gracias a la liberación de enormes cantidades de aerosoles, incluso en zonas alejadas de la erupción.

Pero gracias a un sofisticado modelo matemático, los autores pudieron simular los efectos de la tecnología. Así, descubrieron que, efectivamente, con los aerosoles se podría reducir la frecuencia de los ciclones, y que se podría aumentar si esta inyección se realizase en el otro hemisferio. Pero, aparte de esto, comprobaron que al inyectar estas moléculas en la mitad norte del globo se produciría un efecto secundario indeseable: un aumento de la frecuencia de sequías en el Sahel.

Por eso, los autores creen que este tipo de incertidumbres deben ser tenidas en cuenta a la hora de diseñar las políticas que contemplen el uso de la geoingeniería.