Familia - Educación

«Mamá, el recreo es una tortura para mí»

Niña de 13 años, de familia tradicional y con recursos económicos, perfil de la víctima de ciberbullying en España

«Mamá, el recreo es una tortura para mí»

Chicas de unos 13 años, de familias convencionales, y que reciben en sus móviles un hostigamiento diario a través del WhatsApp, bien sea en casa, bien en el patio del colegio. Este es el perfil en nuestro país de las víctimas de ciberbullying según un estudio realizado desde la perspectiva de los menores afectados elaborado por la Fundación Mutua Madrileña y la Fundación Anar. El informe presentado ayer refleja en detalle la realidad de un problema creciente en nuestra sociedad que consiste en intimidar o humillar a una persona a través de las redes sociales, e-mail, chat o teléfono móvil de forma reiterada y prolongada en el tiempo, y cobra especial relevancia tras el suicidio la semana pasada de una joven italiana, Tiziana Cantone.

El documento se ha realizado a partir del análisis de la base de datos de llamadas al Teléfono Anar de Ayuda a Niños y Adolescentes y al Teléfono Anar del Adulto y la Familia, que desde 2013 a 2015 ha atendido 60.408 llamadas relacionadas con acoso escolar, de entre las que se han identificado y seguido 1.363 casos de bullying. «El número de llamadas recibidas en los tres últimos años nos da una idea de la gravedad del problema, que sigue en ascenso», ha señalado Benjamín Ballesteros, director de Programas de esta organización.

Con recursos económicos

La edad de inicio del ciberacoso es de 13,6 años, una edad media superior a la del acoso escolar en general (11,6 años), probablemente relacionado con el momento de acceso de los más jóvenes a las tecnologías. Y por cada varón que sufre ciberacoso existen 2,4 féminas en su misma situación, es decir, que el perfil de la víctima es mujer en un 70% de los casos. Para la subdirectora de la Fundación, Diana Díaz, «en contra de lo que se pudiera pensar, la mayoría de las víctimas de ciberacoso son de nacionalidad española y proceden de familias tradicionales (esto es padre, madre y hermanos), y no tienen problemas económicos en el 86% de los casos».

El teléfono móvil es la herramienta más habitual para acosar telemáticamente y, dentro de este medio, el WhatsApp es la aplicación más utilizada (81% de los afectados). El acoso a través de las redes sociales lo padece una tercera parte de la casuística (36,2%). El medio de internet permite que la frecuencia del ciberbullying sea diario para un 71,8% de las víctimas, algo que puede explicarse en parte por el fácil acceso a las tecnologías de nuestros menores y las posibilidades que proporcionan. Como ocurre con el acoso presencial, los ataques suelen prolongarse en el tiempo y un 38,1% de los casos analizados por la Fundación Anar llevaba más de un año con esta situación y otro 40,7% entre un mes y un año. «Todo esto hace que el niño pueda recibir los mensajes estando en su casa, o en el recreo, dando lugar a testimonios como este escuchado por los psicólogos de Anar: "mamá el recreo es una tortura para mí, me empiezan a dar balonazos, se ríen de mí..."», relata Díaz.

La agresión más habitual suele ser el insulto (81%), aunque también hay amenazas en el 37% de casos y, en menor medida, difusión de rumores (11%). Todo esto, prosigue esta experta, «suele pasar factura a quienes la padecen y el 92% de las víctimas sufre algún tipo de secuela psicológica, siendo la ansiedad la más frecuente, seguida de la tristeza, soledad y baja autestima. Un 10% de las víctimas ha tenido conductas autolesivas, pensamientos suicidas e incluso intentos de acabar con su vidacomo forma de huir y acabar con la situación.

Pautas generales de actuación en casa

Por último, entre las pautas generales ofrecidas por esta experta están el «no responder a los mensajes, no borrarlos, no facilitar nunca datos personales ni imágenes comprometidas, bloquear al agresor, no quedar nunca con él y mucho menos a solas, guardar las pruebas para tomar medidas a posteriori. También es recomendable ponerse en contacto con el administrador de la red social y denunciar ante las autoridades si estamos hablando de acciones constitutivas de delito».

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