Ortuño empató en la última jugada del encuentro.
Ortuño empató en la última jugada del encuentro.

CÁDIZ CF

Huesca-Cádiz CF (1-1): Y en el 93… resucitó

Ortuño rescata un merecido punto en el último instante en un duelo en el que los amarillos espabilan con el gol del Huesca

Por  23:19 h.
Huesca
1
Cádiz
1
SD Huesca: Sergio Herrera, Akapo, Carlos David, Íñigo López, Soriano, Aguilera, Melero, Ferreiro (Vadillo, 81'), David López (Alexander, 61'), Samu Sáiz y Vinicius (Sastre, 84').
Cádiz CF: Cifuentes, Carpio, Servando, Sankaré, Luis Ruiz, Garrido, José Mari (Aitor, 63'), Abdullah (Santamaría, 73'), Imaz (Salvi, 55'), Aketxe y Ortuño.
Goles: 1-0: Samu Saiz, de penalti (54'); 1-1: Ortuño, de cabeza en un córner (93').
Árbitro: Pérez Pllas (colegio gallego). Tarjeta amarilla a José Mari, Sankaré, Carpio, Garrido, Samu Sáiz, Aketxe

El viento ha cambiado. Antes soplaba a favor, empujaba sobre la espalda, y ahora muerde, frena, agarra. El Cádiz CF navegaba por mares plateados con asombrosa facilidad y ahora debe aferrarse a su maestría y destreza en la navegación para desenvolverse en aguas procelosas. La singladura se ha complicado hasta límites ‘sospechados’, pues el botín merece tal esfuerzo y son muchos los que desean hacerse con el oro. Así que no queda más que apretar los dientes, amarrarse los machos y sufrir en nueve puertos donde la unión, el compromiso y la fe tendrán un valor enorme: incluso, por encima del fútbol.

Unión, compromiso, fe… y confianza. Este Cádiz CF ha de recuperarla, y ojalá la haya encontrado en El Alcoraz, en ese minuto 93 donde ha resucitado cuando parecía muerto y fuera de ‘play off’. Porque este equipo tardaba en creérselo demasiado. Tal vez los últimos reveses le han llevado a pensarse peor de lo que es, como si fuera casualidad verse tan arriba, como si ahora uno fuera consciente de donde está y le agarrara el vértigo.

Y en Huesca se comprobaba que es, al menos, tan válido como el cuadro azulgrana que tan buena pinta demuestra. Luchó contra un gol en contra de penalti muy discutible; contra un árbitro de bata, babucha y pizza familiar; y contra todas las argucias que se pueden utilizar para aligerar al crono. Hasta que esa creencia de Ortuño, el delantero inigualable de esta categoría, le permitía saltar hasta tocar el cielo, cabecear el córner lanzado por Aketxe y mirar de frente a la muerte para decirle bien claro: ¡estamos vivos!

Los cambios de Cervera

Acertar una alineación de Cervera es una cuestión de puro azar, nada de técnica o conocimiento. El míster maneja demasiados condicionantes y se avista en sus permutas: las ausencias por lesión (Álvaro) y sanción (Aridane) se unen a la necesidad de refrescar a sus chicos y a la suma se añade el adversario y su estilo de juego. Precisamente el de Fernando Poo variaba sus formas; cortaba las alas a su equipo para unir líneas y provocar el embotellamiento en la medular para desesperación de Anquela y sus alumnos.

Ni Alvarito ni Brian ni tampoco Salvi, las tres balas amarillas. Imaz y Aketxe en las bandas pero jugando por dentro, a pierna cambiada. El triple pivote de regreso. Cervera mutaba el guion y al igual que en Girona sorprendía a su homólogo en el arranque. Se quedaba en el banco el puertorrealeño Vadillo, pólvora que se guardaba para ocasiones venideras.

Tanto movimiento desembocaba en un duelo trabado, emimentemente táctico, con la bola cambiando de dueño como quien cambia de calzón cada mañana. El juego no llegaba pero sí las ocasiones por errores propios. El despeje de Cifu evidenciaba los nervios en esos compases iniciales; los mismos de la retaguardia azulgrana, que aprovechaba Ortuño para encarar a Sergio Herrera, victorioso en el duelo individual.

Sankaré debía multiplicarse ante la ausencia de su compañero de Tuineje; al suelo se lanzaba para evitar dos remates a bocajarro, si bien pecaba de lentitud y falta de concentración al quedarse clavado y permitir el lanzamiento, por fortuna a la madera, de Vinicius. 

La idea del Cádiz CF era tan clara como espeso su fútbol. Debía madurar el choque, trabajarlo con tesón, sin resquicio para la pifia. Desesperar al enemigo para tomarle la espalda, más con inteligencia que con juego y velocidad. La imprecisión de Aketxe eclipsaba su osadía, al tiempo que Imaz se perdía sólo en la labor de contención. Abdullah apenas entraba en contacto con la pelota y Ortuño mostraba el fúsil listo, armado, a la espera de su ocasión. La apuesta por la contención, sumada a las lógicas precauciones de los aragoneses, finiquitaban una primera mitad gris para el espectador pero apasionante para el aficionado por la emoción de la disputa.

Huesca-Cádiz CF: segunda parte

Con la misma tónica arrancaba el desenlace. Hasta el portero cadista calcaba su pésimo despeje de la primera mitad en otra acción mucho más peligrosa. No obstante, se apreciaba como los locales imprimían una marcha más a su juego, aunque el tanto llegaba como regalo de Sankaré a la estrella azulgrana. O del colegiado, el inventor de penaltis, y es que no se aprecia claramente el contacto para señalar la pena máxima.

El 1-0 traía como consecuencia la inmediata entrada de Salvi, que ya calentaba en banda presto para relevar a Imaz. El sanluqueño se pegaba a la zurda. Abdullah entraba en contacto con el esférico y su escuadra daba el obligado pasito hacia adelante, reforzada por la pujanza de Aitor.

Una falta botada por Aketxe enganchaba a los amarillos a la cita. Existían motivos para creer, pese a la oposición del trencilla. Los visitantes apretaban y pese a los atascos, al miedo, y a quizás complejo de inferioridad, demostraba no ser inferior a todo un señor equipo como es el de Anquela. Santamaría traía más mordiente aunque conllevaba la salida de Abdullah.

El Cádiz CF merecía más, merecía ese empate que no encontraba pese a buscarlo con fruición. Salvi, Aketxe y Aitor desatascaban la vanguardia, sin suerte en la definición. La ilusión se consumía a medida que se incrementaba el nerviosismo y la desazón. Entonces aparecía él. Un balón que vuela y una testa que sobresale para imponer justicia, para ganar el ‘goal average’ y para recuperar esa confianza perdida.