Los jugadores del Cádiz CF celebran un gol de la pasada temporada
Los jugadores del Cádiz CF celebran un gol de la pasada temporada

CÁDIZ CF

Girona-Cádiz CF (1-2): ¡Caretas fuera!

Cervera tenía un plan y sus soldados ejecutan la estrategia para cumplir la misión más meritoria de un ejército que se marca un nuevo objetivo

Por  20:42 h.
Girona
1
Cádiz
2
Girona: René, Ramalho, Pere Pons, Portu, Aday Benítez (Coris, 81'), Granell (Óscar García, 46'), Juanpe, Sandaza, Olivas, Maffeo (Cristian Herrera, 76') y Longo
Cádiz CF: Cifuentes, Carpio, Aridane, Sankaré, Brian, Garrido, José Mari, Malón (Servando, 76'), Abdullah (Rubén Cruz, 60'), Alvarito y Ortuño (Nico Hidalgo, 82')
Goles: 0-1: Ortuño (16); 0-2: Álvaro García (32'); 1-2: Longo, de chilena (65').
Árbitro: Arcediano Monescillo (comité castellano-manchego). Amarilla a Aday Benítez, Longo y José Mari.
Incidencias: Estadio de Montilivi.

En el día del Padre Cervera, San Álvaro, patrón de los imposibles, el hacedor de milagros, el que no arde por fuego que caiga, el Cádiz CF gesta una victoria de las que marcan una temporada. Otra más en un camino donde cada domingo se da un salto para alcanzar el cielo a base de fe. Los amarillos, de verde por fuera y maduros por dentro, asaltan una fortaleza inexpugnable en este curso y derriban a un adversario temible. Coraje, tesón, pundonor e inteligencia: ‘Me gusta que los planes salgan bien’.

Montilivi es nuevo territorio conquistado; el Girona, otra escuadra doblegada. El técnico ideaba una estrategia y su ejército aplicaba su ley. Ortuño y Alvarito ejecutaban con frialdad la sentencia y acogían el sufrimiento posterior con el cuerpo ya hecho a balazos, en una camiseta donde ya no cabe otra cicatriz. La última herida se acaba de suturar con 50 puntos que aseguran la permanencia. ¿Permanencia? ¿Y ahora quién quiere quedarse en Segunda? Caretas fuera.

Para liberarse de esa máscara, el Cádiz CF se ‘disfrazaba’ de Girona y no sólo adquiriendo el tono verde en su camiseta para camuflarse con el césped de Montilivi. Cervera plagiaba el sistema de Machín, ese 5-3-2 con los tres centrales, los dos carrileros y el triángulo en el medio, y tejía una tela de araña para atrapar al conjunto gerundense. Mutaba el dibujo, que no su tremenda identidad competitiva, y hacía un traje a medida para privarle de espacios a un adversario que no conocía la derrota en su feudo esta temporada.

Carpio se unía a Sankaré y Aridane en la línea de atrás, con Malón (estrenando titularidad) y Brian en los costados. La reaparición de Garrido recuperaba el triple pivote y Alvarito y Ortuño disponían de total libertad en ataque. El míster ya pronosticaba los cambios obligados durante la semana por el peculiar fútbol del contrario, y lograba sorprender incluso más que su homólogo en el banquillo local.

Tocaba esperar para ver sobre el tapete lo diseñado sobre el papel. Variar los automatismos en una cita tan compleja provoca dudas y se comprobaba en los titubeos cadistas del inicio. El italiano Longo asustaba a Cifuentes con un disparo desde media distancia y Carpio rectificaba tras resbalón para evitar el golpe del transalpino.

El compositor puede ser un genio, el director poseer la mayor experiencia y solvencia posibles, pero al final el éxito o el fracaso de un proyecto depende en gran medida de los que interpretan la partitura. Y Cervera sonríe. En sus filas cuenta con auténticos soldados que creen a muerte en las directrices de su salvador. Y un par de ellos que marcan la diferencia en una categoría que, miedo da hasta decirlo, se les queda pequeña.

Al cuarto de hora, Ortuño agarraba una pelota servida por Alvarito, armaba su cañón zurdo y apoyaba el cuero en el palo para batir al bosqueño René. El reencuentro con el gol tras varias jornadas de sequía llegaba en el momento oportuno. El Cádiz CF desactivaba al Girona por completo, un zarandeo absoluto que descomponía al segundo mejor equipo de la categoría de plata.

Cada futbolista rojiblanco tenía su sombra verde. Desesperación. La magia de los catalanes en tres cuartos perdía su hechizo. En cambio, los amarillos crecían y golpeaban con contumacia en su siguiente aproximación. Ortuño tocaba el cielo para bajar el balón a los pies de José Mari, que conectaba con Álvaro García en una jugada que recordaba a la inolvidable de Ferrol. El utrerano cogía la espalda al central, arrancando en posición correcta, y fusilaba al meta para llevar al delirio a todo Cádiz.

Cervera dinamitaba la competición. 0-2 en Girona en sólo media hora. El púgil andaba noqueado, contra las cuerdas, mientras los chicos del Carranza se venían arriba en su momento álgido de la temporada. La deliciosa primera mitad moría en el descanso, una tregua para aclarar ideas y reforzar conceptos.

Sufrimiento

En ese receso de 15 minutos Machín reactivaba a los suyos. De los vestuarios emergía un Girona infinitamente más peligroso. Vivo, rápido, desbordante, desequilibraba a unos verderones que llegaban tarde a las disputas. Portu lideraba las ofensivas de los rojiblancos con su plausible calidad y Longo representaba una seria amenaza en cada balón colgado.

Las acometidas locales, furiosas, se estrellaban en dos ocasiones con la madera de un Cifuentes que sudaba ante tal vendaval ofensivo. El Cádiz CF ya no metía miedo en sus contras, y sólo Alvarito se escapaba en una jugada cortada ‘in extremis’ por Ramalho. Sin más, mínimo ante el repaso ofrecido por los tipos de Montilivi.

Cervera mira al banquillo buscando otra solución. Otro milagro. Difícil. Retiraba a Abdullah, que agradaba en su versión fajadora, y apostaba por Rubén Cruz, demasiado frío para estos partidos aunque en ocasiones eso resulte una ventaja más que un hándicap.

No sería suficiente. Un balón rechazado en el área cadista lo agarraba Longo con una acrobática chilena y recortaba distancias con media hora, toda una vida, aún por delante.

Las intenciones del Girona de seguir profundizando en la herida, de mantenerse como un martillo pilón, se mermaban por la escasez de fuertes. Pagaba el peaje por el desgaste y las fuerzas se equilibraban. Servando relevaba a Malón, extenuado tras una prolongada inactividad, y se incustraba entre los centrales, pasando Carpio al lateral. El desgaste marcaba el final, que dependía más de la cabeza que de las piernas.

De ahí que resultara inexplicable la actitud de Nico Hidalgo en la contra, fresco como una lechuga, y que refleja una alarmante falta de confianza en un jugador que acaba de firmar un nuevo contrato con los amarillos. Desperdiciaba una ocasión clara para terminar con el sufrimiento, igual que Garrido minutos después con un disparo flojo a las manos de René.

Quizás así sabe mejor. En ese último cuarto de hora, con todo en contra, el Cádiz CF ofrecía un último ejemplo de dignidad y compromiso. Se despojaba del dominio del rival y hasta merecía más en esos compases. El fútbol premiaba la casta y la humildad de un equipo soberbio que ya se ha quitado la careta. Y el rostro que muestra da pavor entre sus enemigos.