Aitor, fallando el primer penalti de la noche.
Aitor, fallando el primer penalti de la noche.

Cádiz CF

Cádiz CF-Osasuna (0-2): El Cádiz no se casa ni de penalti

El divorcio de los amarillos con el gol se acentúa en una noche de locura marcada por el viento y que manda a los locales a la consulta

Por  23:23 h.
Cádiz
0
Osasuna
2
Cádiz CF: Cifuentes, Carpio, Servando, Marcos Mauro, Brian Oliván (Carrillo, 82'), Garrido, Abdullah, Aitor (Álvaro García, 56'), Salvi, Rubén Cruz (Perea, 73') y Barral.
Osasuna: Sergio Herrera, Lillo, Aridane, Oier, Clerc, Arzura, Fran Mérida, Coris (De las Cuevas, 60'), Torres, Quique y David Rodríguez (Xisco, 73').
0-1: Xisco cruza con la izquierda ante Cifuentes (76'); 0-2: De las cuevas se la coloca pegada al palo de Cifuentes (87').
Árbitro: Guillermo Cuadra Fernández, balear. Amarilla a Herrera, Salvi, Servando, Garrido, Fran Mérida,
Incidencias: Partido correspondiente a la octava jornada de Liga
Estadio Ramón de Carranza

Tres penaltis. Tres. Uno detrás de otro. Primero Aitor, Barral y de nuevo el isleño. Herrera, Herrera y Herrera, un frontón, más un pulpo. El toque de gracia para enloquecer a un Cádiz CF desquiciado por circunstancias adversas, propias y ajenas. Un Cádiz CF al que el gol ya le ha pedido la independencia, con cuatro partidos a cero. Un Cádiz CF sin suerte, impotente, ansioso y nervioso, con el estilo de siempre pero con resultado distinto.

Precisamente este trance es lo que desespera a un plantel que ofrece síntomas de bloqueo emocional, aparte de futbolístico. La falta de acierto y las derrotas han provocado un embudo, porque todo ha cambiado sin cambiar nada. Le priva de la felicidad y este es un equipo serio, pero feliz. Nada que achacar en cuanto a actitud, mucho en cuanto a juego y especialmente definición. Si no define le definen. Ni con el atajo de los once metros encuentra la portería.

El conjunto gaditano, afligido, encaja su segunda derrota consecutiva de la temporada (un mes sin ganar) porque Osasuna no le concedía el perdón del empate en los instantes finales. Xisco y De las cuevas sí encontraban la malla en un duelo de locura con final de pesadilla.

El viento marca el choque

Imprevisible. El viento es el peor enemigo en este deporte, aún mayor no en su fortaleza sino en su constante cambio. Con continuas permutas de dirección, mareando hasta a la bola, hacía saltar todo planteamiento labrado desde el banquillo. La noche del regreso de Aridane, de la vuelta al once de Rubén Cruz y al equipo de Alvarito, se colocaba la zamarra para zarandear el duelo y agitarlo hasta perder la cordura.

Ese puntito de locura lo sufría Carranza, ansioso al comprobar que sus futbolistas se sentían incapaces de domar el cuero. Y se evidenciaba en el arquero rojillo, un Sergio Herrera excesivamente crecido ante la presión que golpeaba a Servando dentro de su área para provocar un penalti tan claro como absurdo. Siguiendo con los estados de ánimo (el estadio parecía una consulta terapéutica), la mirada de Aitor denota una ansiedad inapropiada para tomar decisiones de calado, de ahí que fuera extraño que lanzara la pena máxima y lógico que la errara.

El choque se desbocaba. Todo resultaba tan extraño que el fallo mejoraba a los amarillos en lugar de hundirle. Ante la ausencia de juego, una quimera enlazar una buena jugada combinativa, los arrestos de los pupilos de Cervera lo acercaban a territorio adverso. Lucha con algún exceso que terminaba en cartulina, con el colegiado con la mente más lúcida del tapete.

La primera mitad languidecía revelando a un Cádiz CF frustrado, deseoso de recuperar la senda y frenado por diferentes circunstancias. El golpe de Aitor contra el césped se presentaba como la viva imagen de la impotencia del equipo. Las acometidas de Salvi resultaban inofensivas, mientras Barral pugnaba por aparecer y Rubén no acompañaba su trabajo con la eficacia.

El regreso de Alvarito al Cádiz CF

El segundo asalto arrancaba con la ocasión más clara del encuentro, penalti aparte. Osasuna engañaba a los locales en la estrategia y el cabezazo de Oier, con Cifuentes a un abismo de distancia, se perdía rozando el palo. Contradictorio pues el plantel cadista firmaba sus mejores minutos en este periodo.

Cervera al fin deshacía su regalo, no por falta de ganas. Alvarito pisaba con fuerza el verde tras varias jornadas tocado por el recado de Eddy Silvestre. Osasuna, como tantos otros que visitan Carranza, trocaba el empuje inicial por una apatía criticable en un equipo de esa enjundia.

La punta de velocidad del utrerano en banda cambiaba al fin la versión ramplona de jornadas anteriores. Terminaba por volver loco el partido, si quedaba una pizca de sensatez. Barral aparecía en el instante preciso para forzar con pillería el penalti de Aridane.

El isleño cruzaba la mirada con Herrera y el guardameta adivinaba la dirección del golpeo para repeler el disparo. El segundo penalti parado/fallado. ¡¡¡Y tercera oportunidad!!! Las penas en débito de la pasada campaña. El trencilla obligaba a repetir la acción,  y tanto que se repetía, con error del atacante y nueva parada del arquero.

Ya se adivinaba el final de esta tragedia. Al menos el desenlace no llegaba con suspense. Minutos después, Xisco cazaba un zurdado dentro del área y la cruzaba lejos del alcance de Cifuentes.

Perea relevaba a Rubén Cruz. El ex del Barca remataba rematadamente mal un servicio de Salvi para unirse al instante al grupo de los fallones. En el lado opuesto, De las Cuevas mandaba un mensaje de lo fácil que es encontrar el hueco cuando se dispone de  confianza. Toca visita al psicólogo.