Los jugadores se abrazan a Jesús tras detener el penalti decisivo.
Los jugadores se abrazan a Jesús tras detener el penalti decisivo.

CÁDIZ CF

Cádiz CF-Levante (1-1): La pena máxima hace justicia

El Cádiz se clasifica para la tercera ronda de Copa tras eliminar al Levante en un gran partido de los amarillos

Por  22:49 h.
Cádiz
1
Levante
1
Cádiz CF: Jesús Fernández, Juanjo, Servando, Sankaré, Brian Oliván, Abdullah (Eddy Silvestre, 73), Garrido, Nico Hidalgo (Alvarito, 65'), Aitor, Rubén Cruz y Güiza (Santamaría, 67').
Levante: Raúl, Iván López, Rober Pier, Saveljich (Campaña, 63'), Toño García, Verza, Lerma, Montañés, Rubén García (Espinosa, 59'), Víctor Casadesús (Roger, 62') y Rafael.
Goles: 1-0: Güiza (44'); 1-1: Roger (71').
Árbitro: Alberola Rojas, Javier (colegio castellano-manchego). Amarilla a Garrido, Víctor, Eddy Silvestre, Iván López,
Incidencias: Segunda ronda de la Copa del Rey. Ramón de Carranza. La eliminatoria se decidía en los penaltis. 0-1: Espinosa, gol; 0-1: Rubén Cruz, al larguero; 0-1: Verza, para Jesús; 1-1: Aitor, gol; 1-1: Montañés, para Jesús; 2-1: Santamaría, gol; 2-2: Roger, gol; 3-2: Brian Oliván, gol; 3-2: Campaña, para Jesús.

La pena máxima hace justicia. La capital, la del fútbol, la que decide eliminatorias desde once metros de distancia. El Cádiz CF se clasifica para la siguiente ronda de la Copa del Rey, la tercera y antesala de enfrentarse a un Primera.

Después de un duelo de 12o minutos, con todos sus ‘avíos’. Prórroga y penaltis. Los amarillos merecían el triunfo final merced a su entrega y a su fútbol, pero sólo dejaron en la cuneta al racanísimo Levante gracias al acierto del portero Jesús en los penaltis.

Al Cádiz CF le sobra entrega pero le falta maldad. En esta categoría no te pueden remontar cuatro partidos consecutivos; el perdón arriba no se contempla y lo demuestra el adversario cuando aprovecha el mínimo error grosero. Queda como asignatura pendiente.

Carranza estallaba, y eso que la Copa molesta. A casi todos, salvando honrosas excepciones. Muñiz maneja dos equipos en una dilatada plantilla y hasta le sirve para enganchar a los menos habituales; pero para Cervera y su Cádiz CF resulta una distracción inadecuada, un juego de niños en medio del trabajo de hombres.

El técnico hacía un mixto, condicionado por las lesiones y el delicado momento de forma de José Mari. Pero siempre primando el duelo de Liga con el Getafe. Los titulares de Anduva, Garrido y Servando, por falta de alternativas y Juanjo porque Carpio regresará ante los de Esnaider.

La distancia evidente de calidad entre plantillas se igualaba por la lucha y el pundonor de los locales en Carranza, los cuales en este mes de competición no escatiman esfuerzo alguno. Sorprendían de primeras los morenos, Sankaré y Abdullah, cada cual en su faceta. El central cumple al dedillo el manual del zaguero expeditivo; el francés aporta su dosis de técnica y visión de juego para completar su recorrido en la medular.

Los minutos iniciales serían un espejismo. El Levante tocaba la bola en líneas muy adelantadas, cerca de la frontal del área, y generaban sensación de peligro sin culminar ocasiones. El eterno Víctor lideraba las ofensivas obligando a extremar precauciones a la retaguardia.

Pero el paso de los minutos comenzaba a decantar la balanza en favor de los amarillos. Las bandas se estiraban y con el descaro de la juventud tiraban del equipo de Cervera. Rubén combinaba entre líneas con Güiza, y Garrido y Abdullah sesgaban desde su nacimiento posibles contras granotas.

El Cádiz CF se animaba. No era ‘pa’ tanto. Este ‘sparring’ es peleón; aburre al rival y luego suelta latigazos cortos que van cobrando intensidad. Sankaré se quedaba con la miel en los labios en una acción a balón parado, y Aitor corría sin desmayo por una asistencia de Rubén que blocaba el meta Raúl.

El Levante seguía aturdido sobre el ring mientras que los amarillos se movían inquietos dispuestos a picar en cuanto tuvieran ocasión. Y aparecía, la puerta se abría. Un remate defectuoso de Aitor desembocaba en un centro de Brian Oliván que enganchaba Güiza en el segundo palo a las mallas. Y el jerezano no suele fallar.

Al filo del descanso, el Cádiz CF se adelantaba en el luminoso, como en los tres duelos anteriores. Quedaba la asignatura pendiente de mantener la ventaja.

En un calco a la reanudación en Anduva, Nico disfrutaba de una magnífica oportunidad pero la luz se apagaba, o más bien la desconectaba el cancerbero visitante.

El Cádiz CF se gustaba. Qué delicia poder disfrutar del fútbol y no sentirlo con angustia cada día. Carranza vibraba como en un partido grande e impulsaba a sus chicos en pos del triunfo. Las enormes zarpas de Abdullah rasgaban el juego interior levantinista; las veloces cabalgadas intimidaban a un rival reducido a cero, mantenido sólo por sus incuestionables individualidades.

Muñiz, desesperado en banda, cambiaba a tres de una tacada e introducía al pichichi granota. Cervera contrarrestaba con las entradas de Alvarito y Santamaría. El panorama se mantenía invariable, pero sucedía de nuevo.

Esa acción puntual, ese mínimo despiste, ese maldito desajuste… y gol. Hay que atender al tópico para recordar que en Segunda los errores se pagan, el precio es superior al de la categoría de bronce. Y el Cádiz CF lleva cuatro partidos seguidos abonando la ‘conviá’. Un pase en profundidad tomaba desprevenidos a los centrales y Roger driblaba a Jesús para marcar a placer con el apoyo del lateral cadista.

El tanto no truncaba la ilusión cadista. El equipo de Cervera apretaba los dientes y se iba arriba. Aitor tiraba de un extenso repertorio para volver loco al lateral y Santamaría casi la colaba en la red con un remate escorado.

Los minutos pesaban sobre las piernas de unos jugadores extenuados. Aún así, Rubén hacía gala de su elegancia en otra jugada magnífica bien blocada por Raúl, que no se tragaba el amago y forzaba la prórroga indeseable.

El tiempo extra ofrecía más y más ocasiones para el Cádiz CF ante un Levante rácano en grado sumo. Sin intensidad. Sólo Raúl les permitía soñar con el pase. Y a los amarillos les faltaba maldad para llegar a unos penaltis que decidían la eliminatoria.