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Michelle Obama y Hillary Clinton: amigas, pero no de siempre

La primera dama y la candidata demócrata dejaron ver que entre ellas no había sintonía, hasta que la necesidad electoral exigió lo contrario

Michelle Obama y Hillary Clinton, en un mitin en Carolina del Norte - REUTERS

«Por si alguien se lo pregunta: sí, Hillary Clinton es mi amiga». Lo decía Michelle Obama hace hoy una semana en Carolina del Norte. La pregunta era pertinente, porque la primera dama es uno de los rostros más populares de la política en EE.UU. y, sin embargo, había tardado una eternidad en involucrarse en la campaña de la candidata demócrata y ex secretaria de Estado en el Gobierno de su marido, Barack Obama.

Lo decía en el primer mitin conjunto con Clinton, después de año y medio de campaña y a menos de dos semanas de las elecciones. Se dijeron de todo, y todo bonito: «inspiradora», «increíble», «mi chica», «pura gracia», «la mejor primera dama»… Hasta Clinton alabó lo bien que baila Obama.

Hubo una época en la que, sin embargo, no fluían los halagos. Las primarias demócratas de 2008, que enfrentaron a Clinton y a Barack Obama, fueron tensas y con juego sucio. A Michelle Obama no le gustó que Clinton ridiculizara el mensaje de «esperanza y cambio» que propugnaba su marido. Y aunque Clinton diera su apoyo inequívoco a Obama tras perder las primarias y después entrara en su gabinete como secretaria de Estado, las heridas de ese enfrentamiento áspero no se cerraron.

Según Kate Andersen Brower, autora de un libro sobre primeras damas de EE.UU. publicado este año, los Obama nunca invitaron a los Clinton a cenar en la Casa Blanca y Michelle hubiera preferido que el candidato del partido hubiera sido el actual vicepresidente, Joe Biden. Aunque parezca extraño, Michelle ha tenido mucha más sintonía con Laura Bush, la mujer de George W. Bush, que con Clinton.

Todo eso parece ahora olvidado, por necesidad. La campaña de Clinton está asfixiada por los escándalos, Donald Trump se acerca en las encuestas y hay que movilizar el voto de la minoría negra, que adora a Michelle Obama, y que muchas veces se queda en casa el día de las elecciones.

Michelle es uno de los principales capitales electorales del partido demócrata: en agosto tenía un índice de aprobación del 64%, muy por encima del de su marido (54%) .

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