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La campaña de Hillary, en diez capítulos

Del desgaste por la izquierda de Bernie Sanders a los escándalos del final de la campaña contra Trump, un asalto a la Casa Blanca que dura año y medio

La candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton
La candidata demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Hillary Clinton - AFP

No fue ninguna sorpresa: Hillary Clinton anunció el 12 de abril del año pasado que se presentaba a las elecciones presidenciales. Favorita desde el principio dentro y fuera del partido demócrata, su importancia histórica -convertirse en la primera mujer en la Casa Blanca- ha sido diluida por unas primarias muy duras y escándalos de todo tipo. Este ha sido el camino recorrido en el último año y medio.

1. Los antecedentes

Sus compañeras de universidad ya bromeaban en los años 60 con que Hillary Clinton se convertiría en la primera presidenta de EE.UU. Tras mantener a flote su carrera política a pesar de los escándalos sexuales de su marido, el ex presidente Bill Clinton, es difícil encontrar una candidata con credenciales políticas más contundentes que las suyas: abogada, activista social, primera dama de Arkansas, primera dama de EE.UU., senadora por Nueva York… En 2008, igual que este año, parecía la candidata ‘irremediable’. Pero Barack Obama, con un relato más fresco que el suyo, le ganó la partida en las primarias demócratas. Clinton, veterana de la política, supo dar un paso al costado para asegurarse su futuro. Unió fuerzas con Obama en las elecciones, y este la hizo secretaria de Estado. En su segundo mandato, se retiró de la política para preparar su segundo asalto presidencial.

2. Favorita desde el primer minuto

Era un secreto a voces que Clinton se presentaría a la presidencia y, cuando lo anunció en abril del año pasado, todo el mundo daba por sentado que no habría un candidato con más fuerza que ella. Cinco personas se sumaron a las primarias demócratas: el senador por Vermont Bernie Sanders, el ex gobernador de Maryland Martin O’Malley, el ex gobernador de Rhode Island Lincoln Chafee, el ex senador por Virginia Jim Webb y el profesor de Harvard Lawrence Lessig. Solo Sanders y O’Malley seguían en la carrera con la celebración de las primeras primarias, las de Iowa. A O’Malley le fue tan mal que abandonó su candidatura, y dejó la carrera en un cara a cara entre Clinton y Sanders.

3. Desgaste por la izquierda: el fenómeno Sanders

Nadie podía imaginar que un socialista como Bernie Sanders podría poner en peligro la nominación de Clinton. Pero el senador supo canalizar el mismo descontento con la situación económica que sufre buena parte de la sociedad estadounidense y que aupó a Donald Trump en el partido republicano. Sanders creó un fenómeno político de corte populista con Wall Street y su relación con el ‘establishment’ político como cabeza de turco y con propuestas sociales muy agresivas, como atención médica universal y educación universitaria gratuitas. La gran mayoría del electorado joven y buena parte de la clase media blanca demócrata se fue con él, en una brecha que todavía perdura en el partido.

4. Victoria en las primarias

La carrera por la nominación siempre estuvo a favor de Clinton por el apoyo del partido demócrata a su candidatura. Desde el principio, tuvo el apoyo casi unánime de los más de 700 superdelegados que van a la convención del partido, algo que criticó con fuerza Sanders. Con todo en su contra, el senador por Vermont consiguió imponerse en 23 estados y forzó a Clinton a unas primarias largas y extenuantes. Finalmente, el 6 de junio, Clinton sumó la mayoría de delegados necesarios para asegurarse su nominación.

5. El partido estaba amañado

El partido demócrata salió de las primarias descosido, con una fuerte división entre las posturas revolucionarias de los seguidores de Sanders y la moderación que propugnaba Clinton. Aunque los pesos pesados demócratas no tardaron en dar su apoyo a Clinton como candidata, Sanders tardó más de un mes en hacerlo, cuando solo quedaban un par de semanas para la convención. Se supone que esta cita, en la que se elige al nominado a la presidencia, es la ocasión para unificar al partido en torno a su figura. Pero una filtración de WikiLeaks tensó todavía más la cuerda: emails internos constaban que los órganos del partido habían favorecido a Clinton en las primarias.

6. Una convención sanadora

La convención, celebrada en Filadelfia a finales de julio, mostró las diferencias en el partido en su arranque: la ciudad se llenó de manifestaciones y los silbidos y broncas dominaron la primera jornada. Ni siquiera la destitución de la presidenta del partido, Debbie Wasserman Schultz, por el escándalo de WikiLeaks calmó los ánimos. Pero una organización perfecta, y un ritmo ascendente de discursos unificadores -Michelle Obama, Bill Clinton, Joe Biden, Barack Obama- en torno a Clinton y contra Trump acalló las protestas. Sanders arrimó el hombro y pidió que se nominara a Clinton por aclamación. La nominada demócrata, la primera mujer en conseguirlo en uno de los dos grandes partidos, salió de Filadelfia reforzada.

7. Trump, el mejor aliado

Clinton salió disparada en las encuestas tras la convención. Es un rebote habitual después de esta cita que monopoliza la atención de los medios, pero contó con la ayuda de Trump. El candidato republicano tuvo dos semanas funestas en las que atacó a la familia de un soldado muerto en combate, se enfrentó a dirigentes de su partido -como Paul Ryan, el republicano de más alto rango en la Administración, y el senador John McCain-, criticó que las elecciones estaban “amañadas” y provocó una desbandada de conservadores hacia Clinton. Fue uno de sus momentos más bajos en las encuestas y parecía poner la elección en bandeja a los demócratas.

8. Demasiados escándalos debajo de la alfombra

Hillary Clinton quizá era la candidata irremediable del partido demócrata, pero no la ideal. Desde finales de agosto, la campaña de Trump empezó a llevar la conversación hacia los ‘muertos’ que Clinton guarda en el armario: el escándalo del uso de un servidor de email privado cuando era secretaria de Estado, las relaciones de la Fundación Clinton con el Gobierno o su papel en la crisis de Bengasi. Un mareo en las ceremonias del aniversario del 11S -y, sobre todo, la falta de transparencia de su campaña al respecto- revivieron uno de los fantasmas preferidos de los seguidores de Trump: la incapacidad de Clinton para ser presidenta por su mala salud.

9. Debates: la alumna aventajada

Los cara a cara entre Clinton y Trump han sido uno de los acontecimientos televisivos del año en EE.UU. Tras la celebración de los tres encuentros, lo cierto es que solo reafirmaron las características de cada candidato. Clinton se mostró siempre bien preparada, contundente en sus respuestas y con la salida lista para las preguntas difíciles. Trump tuvo altibajos, se le notó falto de preparación, pero fue al ataque con insultos y salidas de tono que agradaron a sus bases. Los debates reafirmaron la distancia en las encuestas a favor de Clinton.

10. Un escándalo final que deja todo en el aire

A once días de las elecciones, el director del FBI, James Comey, anunció una nueva investigación de los emails de Clinton. El asunto ha sido calificado de injerencia política por la cercanía de la cita electoral, pero lo cierto es que ha deshecho la ventaja de Clinton. Ambos candidatos enfrentan la recta final en situación de empate técnico en las encuestas, con Clinton dedicada a movilizar a su electorado en los centros urbanos de estados clave como Ohio, Florida o Carolina del Norte. La investigación ha sido un obstáculo inesperado, casi de guión de película, que podría romper el hito para el que parecía destinada: convertirse en la primera presidenta de EE.UU.

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