Dani Güiza entró en la segunda parte pero no tuvo ocasiones para desempatar la contienda ante el Racing de Ferrol.
Dani Güiza entró en la segunda parte pero no tuvo ocasiones para desempatar la contienda ante el Racing de Ferrol.

CÁDIZ CF

Cádiz CF-Racing de Ferrol (0-0): El Cádiz CF aprieta pero no ahoga

Intensidad, orden y compromiso para rubricar un empate trabajado, a falta de la chispa y la energía en ataque; en Ferrol habrá que mojarse

Por  23:56 h.
Cádiz CF
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Racing Ferrol
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Cádiz CF: Cifuentes, Carmona, Servando, Aridane, Migue, Mantecón (Nana, 75'), David Sánchez, Abel Gómez (Carlos Calvo, 71'), Salvi (Güiza, 58'), Álvaro y Lolo Plá.
Racing de Ferrol: Mackay, Iván González, Nano, Víctor Vázquez, Catalá (Golo, 85'), Iván Forte, Heber (Rubén Díaz, 91'), Borja, Peláez (Abelenda, 75'), Pablo Rey y Diego Vela.
Árbitro: Hernández Maeso. Sacó tarjeta amarilla a Aridane, Victor Vázquez, Álvaro, Catalá
EStadio: Ramón de Carranza. Unos 15.000 espectadores.

El Cádiz CF, por enésima vez, aprieta el corazón de su hinchada y lo retuerce hasta que la sangre se dispara a borbotones, con latidos constantes al contraritmo de su respiración entrecortada. Este equipo provoca ira, ansiedad, pero porque duele. Y cuando se juega la vida, es imposible que al menos un atisbo de ilusión no asome a los ojos del cadista, que cierra filas y se entrega a sus héroes con la esperanza de que el fútbol les devuelva sólo un poco de lo que le ha arrebatado.

El primer asalto termina en tablas, de lo poco predecible antes de la contienda. Porque la expectación era máxima por conocer la actitud con la que saltarían los chicos de Cervera, amén de una alineación rocambolesca que añade un punto más de surrealismo a esta temporada. Y el Cádiz CF daba la talla. Los futbolistas, limitados técnicamente y sobre todo físicamente, asfixiados por una campaña terrible y desorientados ante tanto bandazo, correspondían a su afición con orden, intensidad y compromiso.

Lo suficiente para firmar un empate. Pero para nada más. Falta magia, chispa, hasta iniciativa en ataque. Lolo Plá es un buen acompañante y Güiza asusta aún estando a años luz de su gran estela. Y pese a esa carencia de recursos en vanguardia, a esa docilidad ofensiva, la hinchada despedía a su equipo con un claro y rotundo ¡sí se puede! Si se quiere, que se quería en una tarde con mucha más energía que fútbol y que traslada la incógnita a Ferrol. Allí habrá que mojarse, y los dos lo saben.

Lo dicho. Del cerverismo al surrealismo. El míster advertía de que sorprendería con su alineación en el momento clave y aún así el cuerpo no se hacía a esa mescolanza de nombres. Entre Claudio y el técnico actual se han valido de múltiples combinaciones para abrir la caja fuerte pero ninguna tenía similitud con lo plantado sobre el césped de Carranza, con el ascenso en juego.

Carmona arrebatando el carril a Juanjo, Servando de lateral zurdo, el triple pivote del oficio y la veteranía (casi 100 años entre Mantecón, David y Abel) , los dos puñales por banda y Plá a toda vela para desgracia de un Güiza cariacontecido en el banquillo. Cervera se la jugaba al todo o nada, pero se la jugaba con lo que cree, con su idea y los que la respaldan, conocedor de lo que se cuece en ese vestuario y de quien merece la oportunidad y quien el desplante.

Por primera vez en la reciente historia en Segunda B, el Cádiz asumía su papel inferior, su rol de ‘corderito’. Ofrecía la pelota, la iniciativa y le hacía crecer a los gallegos sobre el tapete. Lejos del arreón de esos equipos que jugaban de tú a tú, en un combate a rostro descubierto, la escuadra de Cervera se mantenía muy junta, uniendo todas sus líneas con cemento, con apenas veinte metros de distancia entre el lateral y el extremo.

El Racing movía el cuero con asombrosa facilidad, quizás sorprendido, como todos. Pero no encontraba resquicio alguno para penetrar en la barrera amarilla. Primeros atisbos de impotencia en un rival tocado por las pérdidas de las últimas jornadas. Y esa ansiedad en el contraría alimentaba la esperanza amarilla.

Cervera adelantaba líneas en el minuto 10 y volvía a sorprender a Tena. Dominaba el centro del campo aglutinando jugadores en la sala de máquinas y rápidamente intentaba la penetración por la banda de Álvaro, dejando a Salvi en solitaria y desigual lucha con interior y lateral. El utrerano generaba la ocasión de mayor peligro pero Abel estrellaba su disparo en un zaguero.

El Cádiz CF se armaba bien a falta de profundidad, de la que tampoco hacía alarde cuando era un desastre en la liga regular. Al menos ofrecía intensidad, concentración, fortaleza defensiva, actitud y compromiso. Con eso le llegaba para empatar al descanso, pero para anotar necesitaba algo más.

El duelo se abría en la reanudación, El Cádiz CF avanzaba líneas, apretaba en la salida de balón y eso generaba más espacios. Mordía cerca del área contraria y Álvaro desbordaba con su velocidad, a falta de acierto en el último instante.

Faltaba pólvora arriba. Momento para Dani Güiza. Para eso había aguardado 60 minutos en el banquillo, descansando, reposando, para aparecer fresco y desnivelar la contienda. Sin embargo, Cervera retiraba a Salvi y dejaba a Lolo Plá renqueando en el campo, fundido, sin capacidad para tapar las internadas de Nano desde el lateral.

La presión menguaba tras los excesos físicos, y eso permitía al Racing de Ferrol dominar el balón, ritmo y tiempo y haciendo correr a un Cádiz CF que ya no llegaba al cuero y se desgastaba inútilmente. Cervera refrescaba el once como podía, oxigenaba la medular con la entrada de Calvo y Nana en las plazas de Abel y Mantecón.

Los gallegos imponían su fútbol y su poderío físico. Los locales se dedicaban a capear el temporal. Las buenas intenciones se sumían en fracasos continuos por culpa de la falta de gasolina. Pero este Cádiz CF desconocido tenía agallas para buscar el gol, y David se internaba en el área para dejar un pase de la muerte a Calvo. Un zaguero repelía el disparo a bocajarro del madrileño, que en el córner casi le brindaba una asistencia a Aridane con un magnífico centro.

Ambos firmaban el armisticio, retándose para la batalla de A Malata, donde ya no podrán atrincherarse y deberán ofrecer algo más. Allí no habrá perdón para uno de los dos.