Ortuño celebra el gol de la victoria ante el Huesca
Ortuño celebra el gol de la victoria ante el Huesca

CÁDIZ CF

Cádiz CF-Huesca (1-0): El Cádiz CF ya levanta la cabeza

Un penalti despejado por Cifuentes y un solitario gol de Ortuño marcan la extrema diferencia entre el drama y el delirio cadista

Por  19:03 h.
Cádiz
1
Huesca
0
Cádiz CF: Cifuentes, Carpio, Aridane, Sankaré, Luis Ruiz, José Mari, Abdullah (Garrido, 66'), Aitor (Gastón del Castillo, 59'), Rubén Cruz (Dani Güiza, 63'), Álvaro y Ortuño.
SD Huesca: Sergio Herrera, Jair (David López, 69'), Valentín, Melero, Borja Lázaro, Bambock, Samu Sáiz, Vadillo, González (Ferreiro, 61'), Brezancic (Urko Vera, 74') y Nagore.
Gol: 1-0: Centro de Luis Ruiz y Ortuño acomoda el balón con la cabeza para alojarlo en la red (52').
Árbitro: Saúl Ais Reig (colegio valenciano). Tarjeta amarilla a Melero, Aridane, Jair, Brezancic, Bambock
Incidencias: Ramón de Carranza. Unos 14.000 espectadores.

El Cádiz CF levanta la cabeza. Ya mira al cielo. Incluso le cae alguna gota en una tarde tormentosa, resbala por su rostro y baila en el labio antes de derramarse. Mezclada con sudor, y sabe a gloria. Después de tanto trago amargo, cualquier brebaje es un elixir delicioso para refrescarse el gaznate.

Los amarillos se apartan de la hoguera y se ganan la bendita tranquilidad. Después de un final agónico, de un esfuerzo titánico de un equipo cuyo compromiso es digno de encomio. Con menor fútbol del deseado y mucha más entrega de la esperada, con los arrestos de un plantel que sufrirá para vencer pero al que pocos podrán tumbar sin lucha… el Cádiz CF vuelve a sonreír.

Un penalti despejado por Cifuentes y un gol de Ortuño marcan la diferencia, la extrema diferencia, el ser o no ser. La línea que separa el delirio del drama. La moneda, manipulada por el tesón de los locales, salía cara y sus pupilos le otorgan un enorme respaldo a Cervera en el banquillo y un reloj de oro con tiempo extra para proyectar el futuro de este proyecto en Segunda División. Más que nadie se lo merece.

Un triunfo agónico del Cádiz CF

La lluvia amaina, el sol calienta. Comenzaba así el espectáculo de Segunda en Carranza, más relajado tras la victoria en Galicia. Cervera recuperaba su dibujo, con Rubén Cruz de enganche para hilar el conjunto y José Mari capitaneando a la tropa con jerarquía absoluta. Aridane recuperaba su lugar y Aitor recalaba sorprendentemente en la banda, alternando la posición de forma incesante con Alvarito.

Con ello plantaba la batalla el Cádiz CF a un adversario con más fútbol que nombre, con más solidez que historia. Y pronto confirmaba las sensaciones contradictorias: este equipo puede llegar a ilusionar pero aún le falta bastante, quizás demasiado con tantas jornadas ya en disputa. Absolutamente generoso, intenso, sacrificado, a la par que falto de calidad para ganarle la bola a su enemigo y concretar con acierto y precisión cuando la mantiene en su poder. Irá creciendo si bien el impaciente fútbol no concede tiempo en balde y deberá hacerle con puntos y triunfos.

Por ello, el Huesca, como tantos otros, puede que todos, mandaba con el esférico en los primeros instantes ante un Cádiz CF errático e impreciso. Sin control, el cuero salía repelido de las botas amarillas, todas con un muelle pésimamente orientado. Sólo Álvaro ofrecía destellos y José Mari otorgaba clarividencia en el ecuador del terreno. El esférico rondaba la parcela defensiva local y ahí se fraguaba la primera acción decisiva del duelo.

Porque entre los 22 protagonistas aparecía la estrella, el actor principal, Saúl Ais Reig. El trencilla señalaba penalti por una mano de Aridane en el área que de ser voluntaria es para plantearse seriamente retrasar su posición hasta la portería. Ni Benji Prais. Por suerte, su compañero Cifuentes emulaba al canario y prolongaba la actuación estelar de Lugo despejando el disparo franco de Alexander González.

El penal errado suponía un giro, un cambio de rumbo. Espoleaba a la hinchada y a los pupilos de Cervera, que efectuaban el necesario paso adelante. Apartaban al contrario y ganaban espacio, con mínimo peligro ofensivo pero sin el sufrimiento anterior que desembocaría tarde o temprano en tragedia. Tocaba crear y la imaginación parece reñida con los amarillos, escasos de lucidez en tres cuartos.

La velocidad de Alvarito, cojo el Cádiz CF ya sin Salvi, se convertía en la única arma con un Rubén desaparecido y un Ortuño incómodo. Con ganas, orgullo, concentración e intensidad los amarillos amarraban el punto, pero necesitaban la victoria. Y con esa idea se alcanzaba la tregua.

Durante 15 minutos se mascullaba ese pensamiento y los futbolistas salían mentalizados del vestuario. El balón seguía negándose, así que sería por casta y constancia, por determinación. Y más temprano que tarde rompían el cerco oscense. Tras un mal lanzamiento de falta, Luis Ruiz sacaba de la chistera un centro con su izquierda, un toque sutil que Ortuño acomodaba con la testa para lanzar la pelota lejos del alcance de Sergio Herrera. Gol para explotar de júbilo.

 

El tanto impulsaba al Cádiz CF, que rozaba el segundo con un disparo de Aitor rechazado por el meta aragonés. El Huesca contenía el vendaval ofensivo y rápidamente ganaba terreno para acechar a Cifuentes y acercarse al empate. Cervera movía el banquillo y apostaba por Gastón del Castillo y Güiza en sustitución de Aitor y Rubén, mientras que ‘Anquelotti’ confiaba en el excadista Ferreiro.

El míster no lo terminaba de ver con claridad y agotaba los cambios de manera precipitada, insertando a Garrido por un inconsistente Abdullah.

El carrusel de cambios ralentizaba el choque, enfriaba el juego. Mejor noticia para los locales sin esconder que el dominio ya era exclusivo de la SD Huesca. Cifuentes evitaba el empate lanzándose al barro en una falta botada por David López. Álvaro respondía con un latigazo a la contra rechazado por un zaguero.

Nervios, muchos nervios en la grada y sobre el verde. Ese chut que Lázaro que lamía el poste elevaba el nivel de crispación, con un cuarto de hora por delante. Aprendida la lección ante el UCAM, los amarillos alejaban el peligro llevando la bola a terreno adversario. Y a fe que Ortuño y Gastón tenían la sentencia en sus pies, prolongando la agonía junto a un árbitro que hasta el final decidía que el corazón amarillo merecía sufrir un poco más.