Cultura - Libros

Bob Dylan, el hijo mayor de Walt Whitman

La gran novela americana está en la discografía de gentes como el flamante Nobel de Literatura y Lou Reed

Bod Dylan, durante un concierto en Múnich en junio de 1984
Bod Dylan, durante un concierto en Múnich en junio de 1984 - EFE
Manuel Vilas - Actualizado: Guardado en: Cultura , Libros

Cualquiera de los escritores que estaban en las quinielas del Premio Nobel de este año necesitaba dicho Premio más que Bob Dylan. De hecho, jamás ningún escritor necesitó tan poco el Premio Nobel como Bob Dylan. Es la primera vez en la historia del galardón que se lo conceden a un escritor cuya universalidad no iba a verse acrecentada por este Premio. Bob Dylan ya era universal. No necesitaba el Premio, he ahí la gracia. La Academia ha querido demostrar que aún es capaz de sorprender al mundo entero, que no está fosilizada, que su forma de entender la literatura y la cultura se ha expandido. Esta vez nadie tendrá que preguntar cómo demonios se escribe el Nobel de este año. La Academia ha mandado un mensaje de irreverencia serena. Se ha quitado de encima el tufo de las convenciones. Ha enviado también un mensaje especial, que contiene una ironía culta y refinada, a todos aquellos escritores que creen que la literatura era un jardín cerrado para pocos.

Si me alegro de este Premio Nobel a Bob Dylan es porque pienso que se premia a la poesía acrecentada, a la poesía en expansión, a la poesía que buscó el sustento de una voz y unas guitarras. Dylan es un hijo de Walt Whitman y como tal sus letras y su música contienen un canto general a la utopía americana. Es como el autor de la gran novela estadounidense, solo que esta se ha escrito a través de canciones y no en un libro de mil páginas. Es ahí donde la Academia se ha mostrado iconoclasta: el soporte está cambiando.

El soporte de la poesía está cambiando o sigue cambiando o cambió ya para siempre. Desde ese punto de vista, desde las metamorfosis profundas e inesperadas del recipiente literario, entiendo este Premio Nobel. También lo entiendo desde la idea de que el pop ha acabado integrándose en la literatura. Me duele que Lou Reed esté muerto, me duele que no se repare en gente que lo merecía más que Bob Dylan. Porque si ha habido un cantante y un poeta capaz de elevar la música pop a categoría artística y de alta cultura ese fue Lou Reed.

Excelencia artística

Quiero pensar que en Bob Dylan se premia a toda una tradición que llevó la música popular a un grado de excelencia artística, desde Woody Guthrie, hasta Johnny Cash, pasando por John Lennon, Bruce Springsteen, Patti Smith o Lou Reed, y muchos otros que pueden añadirse a esta lista. Recomiendo, en ese sentido, el magnífico documental «No Direction Home», que sobre Dylan hizo Martin Scorsese, otro dylaniano.

Si la Academia ha pretendido quitarle la solemnidad a la literatura, me apunto a eso. Si ese es el mensaje, el mensaje es bueno, porque significa que la poesía no ha muerto, que tal vez ya no haya que buscarla en un soneto sino en una canción. El rock iluminó el mundo. Eso lo venía haciendo la literatura. La gran novela americana no está en los posmodernos novelistas americanos, sino en la discografía completa de gentes como Bob Dylan o Lou Reed.

Yo siempre he pensado que la emoción que produce la voz de Bob Dylan pertenecía al reino de la literatura. Yo creo que la Academia ha premiado a la poesía en libertad. Este es un premio de la poesía que no se mira el ombligo, de la poesía que, ayudada de una voz, fue capaz de decir el mundo que nos tocó vivir, y nos sigue tocando. Decía Nicanor Parra que «todo es poesía menos la poesía». Esa filosofía está en Bob Dylan, el hijo mayor de Whitman. Yo creo que Whitman estaría contento. La Academia le ha quitado la corbata a la poesía y la ha vestido con una chupa de cuero negro.

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