La lectura, una tarea familiar que no debes dejar pasar este verano

Los expertos explican cómo lograr que los pequeños de la casa adquieran el gusto por leer

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La lectura es un hábito que normalmente se asocia al ámbito escolar. Sin embargo, no son pocos los estudios que defienden que saber leer bien implica, además, otros muchos beneficios. Tal y como apunta Fernando Alberca, profesor, miembro del programa Argos para el Fomento de la lectura del Ministerio de Educación y autor de «Pequeños grandes lectores», reducir la lectura a la escuela «es como reducir nadar en el mar a verlo en una foto».

Señala que son muchos los aspectos que la lectura favorece en aquellas personas que disfrutan al leer: enseña a organizar la realidad, hace madurar, favorece el sentimiento de sensaciones y emociones, desarrolla la creatividad, fortalece la personalidad, enriquece la propia cultura, aumenta la capacidad de análisis, la seguridad en uno mismo, permite la reflexión, agiliza la deducción, el razonamiento lógico, ayuda a la concentración, proporciona riqueza a las conversaciones, aumenta la inteligencia, facilita las relaciones personales..., por mencionar tan solo algunos de ellos.

Papel de la familia

De ahí la importancia de fomentar este hábito desde pequeños. Así lo constató Gemma Lluch, profesora e investigadora de la Universidad de Valencia, en un reciente encuentro impulsado por OEPLI (Organización Española Para El Libro Infantil y Juvenil) y McDonald’s, en el marco de su programa Happy Readers, al asegurar, además, que «numerosos informes determinan que el factor fundamental para que los niños lean es la familia. Por ello, debemos motivar a los padres para que den ejemplo y lleven libros allí donde estén».

Para Ricard Peris, editor de Andana Editorial, el verano es una estupenda ocasión para emprender este objetivo, «puesto que reina un componente esencial: tiempo». Advierte que los padres deben organizar su propósito, del mismo modo que preparan una maleta en estas fechas. «Antes de salir de casa hay que pensar dónde se va a ir y, en función de la edad de los hijos, buscar en casa o acudir a una librería para localizar los libros que más le puedan interesar. Por ejemplo, si se va a ir a la montaña, se pueden escoger libros de insectos, de animales salvajes, ríos...». Aconseja que los hijos participen en este proceso de elección para que sean ellos quienes primero cojan los ejemplares, los revisen, puedan leer las contraportadas o manifestar su aceptación. También hay que dejar que descubran qué temáticas quieren llevarse.

Tiempo de calma

Aunque la lectura es una actividad individual, cuando los niños son muy pequeños los expertos inciden en la importancia de leer con ellos y compartir ese tiempo juntos. En este sentido, la editorial Andana acaba de poner en marcha la campaña «Slow Stories» con la que pretende priorizar la lectura en calma frente al estrés y las prisas. «Queremos que leer con los hijos deje de ser “un trámite rutinario” para dar valor a ingredientes básicos como el tiempo, la dedicación, la complicidad familiar o la elección de un buen libro para hacer vibrar a los niños con historias relajantes, lúdicas e interactivas», explica Ricard Peris.

Aconseja aprovechar estas fechas y establecer, a ser posible a la misma hora, una rutina relajada de lectura. Tras ella, se puede hablar de lo que ponía en las páginas y dar rienda suelta a la imaginación y, si los hijos son más mayores, motivarles a que escriban o inventen diferentes finales. Peris explica que, más allá de los beneficios en los resultados académicos, «los niños se quedarán con la riqueza de esos momentos compartidos en familia, un recuerdo que siempre les acompañará».

¿Y la lectura digital? ¿Es igualmente válida? Xosé A. Perozo, presidente de la Organización Española para el Libro Infantil y Juvenil, explicó durante la celebración de la mesa «¿Cómo leen los nativos digitales?», organizada por OEPLI y McDonald’s, que en la etapa de 0 a 5 años, la lectura digital no existe como tal, «solo si los mayores le ponen la pantalla en sus manos tendrá acceso, pero él no la demandará». De hecho, matizó que tampoco existe una gran literatura para estas edades, «por lo que disfrutan más del álbum ilustrado».

Explicó este experto que muchos retrasan lo máximo posible la lectura digital de sus hijos porque no se sabe aún cómo influye en su educación. «Es a partir de los 8 años cuando nace el lector digital. Ya tiene capacidad de elección y en función de las recomendaciones del colegio e intereses de los editores, se decantará por una u otra opción».

A partir de los 14 años es, según Xosé A. Perozo, cuando decae el gusto por leer porque los intereses de los chavales cambian –comienzan a salir, a sentirse independientes...–, y la lectura queda en un segundo nivel, que vuelve a retomarse sobre los 18 años cuando llegan a la universidad. «Gracias a los youtubers, booktubers y a otros impactos audiovisuales se está favoreciendo el acercamiento a los libros, tanto en digital como en papel», matiza.

En este sentido, Gemma Lluch, de la Universidad de Valencia, añade que un estudio realizado a 112.000 estudiantes sobre cómo leen en pantalla y en el libro determina que «si el texto es largo y lo tienen que leer en un tiempo determinado, la comprensión lectora es mejor en papel que en pantalla. El dato es muy importante porque, además, en los más jóvenes aumenta; es decir, comprenden cada vez mejor el papel que la lectura digital», apunta.

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