Elena Santonja,
Elena Santonja, - ISABEL PERMUY

Elena Santonja: cocinera, pintora, cantante, buceadora

La fallecida presentadora de «Con las manos en la masa» fue mucho más que un icono televisivo

ROSA BELMONTE
MadridActualizado:

Elena Santonja nunca había visto a Julia Child (la americana no fue la primera, pero sí la más vista y famosa de las cocineras televisivas). Como la mayoría en España, la conoció con la cara de Meryl Streep. «Es que nunca había ido a Norteamérica, como he ido después. Conocía Nueva York, pero de esa manera que conoces Nueva York que estás todo el día en la calle de lo bonito que es. No se me ocurría estar en el hotel y poner la tele. Además, era un viaje con Luis Berlanga, con Jaime [de Armiñán, su marido], con Antonio Bienvenida, Manu Leguineche, Pilar Miró… El viaje más extraordinario que se puede hacer en la vida».

Elena Santonja, que ha muerto en Madrid a los 84 años, recordaba esto en 2013, poco después de recibir un premio y un homenaje en el FesTval de Vitoria. «Cuando vi que todo el mundo se puso a cantar 'Siempre que vuelves a casa…' no lo podía creer. Yo había pasado un rato horroroso pensando que, como me dolía la vértebra, no podría subir la escalera. Ahora me caigo, hago el ridículo. Me estaba haciendo pis. Y cuando salí dicen 'la mítica'. Puede parecer normal y no es así».

«Siempre que llegas a casa...»

Pero sí es normal que todos esos españoles que tampoco conocían a Julia Child sí supieran quién era Elena Santonja (en 1984, cuando se estrenó « Con las manos en la masa», sólo había dos cadenas, y el programa estuvo en las dos). Esos españoles se sabían, se saben, la canción de Vainica Doble que había compuesto su hermana Carmen y que cantaban Gloria Van Aerssen y Joaquín Sabina («un chico que ha venido de Úbeda, como decíamos siempre»). Y en ese programa que fue idea de Ramón Gómez Redondo con guión de Álvaro Lion Depetre la vieron cocinar, cantar, hablar de Lope de Vega, beber (la llamaban borracha por carta) y probar con el dedo (la llamaban guarra). La vieron recibir en su cocina. Rosa Chacel, Torrente Ballester,Fernán Gómez, Charo López, Alaska o Sara Montiel apretándose contra el pecho una hogaza de pan y cortando la rebanada perfecta. Se quedó con las ganas de que fuera Lola Flores, que siempre lo posponía. «Los que no eran amigos se hacían enseguida. Por ejemplo, el alcalde de Pamplona. Me llamó su secretaria y dijo que le gustaría salir. Quedamos y fue bárbaro». También tuvo que convencer a quien no quería. «Carmen Rico Godoy, la hija de Pepita Carabias, tenía un miedo horroroso. «No puedo, Elena, me voy a echar a temblar». Pero el primer decorado era la copia de mi cocina de Canillejas. Cuando lo vio, ella, que había cenado en casa, ni se dio cuenta de que empezamos a hablar y grabar».

No terminó bien con TVE. Y no sólo a causa del pleito que le llevó el hijo de Vizcaíno Casas y los diez millones que ganó por su despido (pretendían que anunciara sin contraprestación Alimentos de España). También porque no le daban copias de los programas. «Las pido y me dicen que están las máquinas ocupadas. Tengo ocho de 285. Yo pago el soporte, y nada. Muchos los tengo grabados en VHS».

La biznieta de Eduardo Rosales también era pintora («En mi casa se pintaba desde que nacíamos»). En la escuela de Bellas Artes, recordaba Salvador Jiménez en las páginas de ABC, coincidió con Antonio López, Lucio Muñoz o Carmen Laffon. Y con Chus Lampreave. Los bedeles, a Elena y Chus las llamaban La Radio porque siempre cantaban delante del caballete. Además de ser pintora y cantante (estaba en un coro), su curiosidad llegaba al fondo del mar. «He buceado desde muy pequeña, cuando nadie tenía gafas de tubo». Sólo un día se puso una botella. «Un atrevimiento. Estuve un ratito como a diez metros y me fui para la playa. El snorkel sí lo he hecho mucho, sacando cosas del fondo». Una vez se perdió en Cancún. «Empecé a seguir a un pez que me hacía recortes en una roca y yo lo seguía. Al cuarto de hora levanté la cabeza y no veía ni el barco ni la costa. Pero no tuve miedo». El buceo, o la historia de una pasión. «Quiero ir a Bora Bora. Me iré por el mar y no me volveréis a ver». Lo mismo está allí.