GENTE

Trump, un «showman» en la Casa Blanca

De payaso de la lucha libre a decenas de cameos en Hollywood, Trump ha hecho lo imposible para inflar su imagen de millonario triunfador

Trump afeita la cabeza a Vince McMahon, en presencia del luchador Bobby Lashley , en 2007 - SKY NEWS

El presidente electo de EE.UU. es un tipo que hace menos de una década estaba subido a un cuadrilátero en una pelea de «wrestling» -una farsa disfrazada de lucha libre- afeitándole la cabeza a su adversario. Donald Trumpha demostrado que en el posmodernismo de televisión y redes sociales de este tiempo el ascenso a la esfera más alta de la política puede hacerse desde el mundo del espectáculo. Porque Trump ha sido más «showman» que empresario. O al menos así se le ha conocido en EE.UU., donde ha jugado un papel poco relevante en el mundo de los negocios. Su «imperio» de hoteles, casinos y edificios es una nimiedad comparado con los conglomerados de los grandes del sector inmobiliario neoyorquino o californiano, discretos y que limitan su ego personal a donaciones multimillonarias a las grandes instituciones artísticas del país.

Trump ha desarrollado una carrera en la que los negocios se entremezclaban con su obsesión por su persona. Muchas de sus aventuras empresariales han sido licencias -de productos, de hoteles, de casinos- en las que él solo coloca su nombre con grandes letras doradas. Otros negocios le han mantenido siempre en primera línea de la opinión pública -«wrestling», franquicias deportivas, concursos de belleza como el «Miss Universo» y «Miss Mundo»- desde los que proyectar su imagen de «jetsetter» triunfador, entre chicas guapas, aviones privados y coches de lujo.

Junto a Macaulay Culkin en «Solo en casa 2»
Junto a Macaulay Culkin en «Solo en casa 2»- ABC

El cine y la televisión siempre han sido un trampolín para ese doble objetivo: consolidar la imagen creada para sí mismo de «millonario de éxito» y alimentar su ego infinito. Solo entre 1989 y 2004, Trump apareció en al menos diez películas. En todas ellas interpretaba el personaje que más le gusta: él mismo. Fue el dueño del hotel Plaza de Nueva York en «Solo en casa 2» -una película de 1992, el mismo año que llevó al hotel a la bancarrota-, fue el padre de uno de los protagonistas de «Una pandilla de pillos» (1994), acompañó a Hugh Grant y Sandra Bullock en «Amor con preaviso» (2002) y tuvo un cameo en «Zoolander» (2001).

En series de televisión también ha participado hasta la saciedad: entre otras, en «El príncipe de Bel-Air», «Night Man», «The Nanny» o «Sexo en Nueva York». Trump es ante todo un animal televisivo, y sin duda a ese medio debe su fama. Aunque fuera de EE.UU. ha ganado más relevancia con su asalto a la Casa Blanca, antes de su presentar su candidatura ya era un personaje familiar en todos los hogares de su país. En 1988 ya era habitual en los platós de televisión, en los que ventilaba los problemas con su primera mujer, Ivana. Ya entonces amagaba con presentarse a presidente. «Creo que ganaría», le dijo a la reina de los «talk show», Oprah Winfrey. «Te digo una cosa, no me presentaría si no fuera para ganar». La premonición se cumplió. También la de «Los Simpson», que en 2000 presentaba a Trump convertido en presidente. Entonces, como hasta hace no tanto, eso se tomaba como un chiste.

Cameo en «Amor con preaviso», donde comparte planos con Hugh Grant
Cameo en «Amor con preaviso», donde comparte planos con Hugh Grant- ABC

La fama le había llegado unos años antes, a finales de los años 70, cuando transformó el negocio inmobiliario de su padre -centrado en el alquiler de apartamentos a familia de clase media- en operaciones ambiciosas en el sector hotelero. Nada le gustaba más que aparecer en las portadas de los periódicos y de las revistas. Incluso aunque su retrato no fuera el más favorecedor, como en un artículo que Tony Schwartz publicó en la revista «New York». En él, el periodista no dibujaba un joven multimillonario de éxito, sino a un matón que había tratado de echar a los inquilinos de un edificio que había adquirido llenándolo de mendigos. Pero a Trump le gustó la imagen bravucona y poderosa que transmitía el artículo y contrató a Schwartz para que fuera el «negro» de su primer libro, «El arte del negocio». Schwartz convivió año y medio con Trump para escribirlo, y el resultado fue un gran éxito de ventas que propulsó la imagen de Trump como magnate de los negocios.

Hace año y medio, cuando Trump se presentó en el edificio de Nueva York que llevo su nombre junto a su esposa, Melania, y anunció su candidatura a la presidencia -en esa ocasión fue cuando llamó a los mexicanos «violadores» y «criminales»-, dijo para justificar su carrera a la presidencia que EE.UU. necesitaba al «líder que escribió ‘‘El arte del negocio’’». A Schwartz, como explicó hace unos meses en la revista «New Yorker», se le revolvieron las tripas al escucharlo. Primero, porque el libro lo había escrito él. Segundo, porque sabía mejor que nadie que Trump era un personaje peligroso, no cualificado para el servicio público. Sintió remordimientos por haberle puesto «pintalabios a un cerdo»: reconoció que embelleció a Trump, al que calificó como un mentiroso compulsivo incapaz de mantener la atención durante cinco minutos. Si hubiera tenido que poner un título hoy al libro, habría sido «El sociópata».

Junto a Will Smith en «El príndipe de Bel-Air», con ellos Marla Maples, su segunda mujer
Junto a Will Smith en «El príndipe de Bel-Air», con ellos Marla Maples, su segunda mujer- ABC

No fue el único libro en el que Trump ha puesto su nombre. Se han publicado casi una veintena, la mayoría sobre cómo mejorar en los negocios. Algunos con títulos tan directos como «Cómo hacerse rico». Pero también hay alguno de golf y, los últimos dos años, dedicados a cómo arreglar unos EE.UU. «paralizados».

En el filme «Celebrity», de Woody Allen
En el filme «Celebrity», de Woody Allen- ABC

El último disfraz de Trump, el de estrella de la telerrealidad, era el más conocido antes de cumplir la amenaza de presentarse a las elecciones presidenciales. Se pasó más de una década -desde 2004 a 2015- haciendo del malo de «The Apprentice», un programa en el que competían aspirantes a empresarios y el que Trump disfrutaba como tótem de los negocios bautizado por la pequeña pantalla. Su frase más famosa era «You are fired!» -«¡Estás despedido!»-, con la que expulsaba a los concursantes. Ahora se ha convertido en un lema en los cientos de manifestaciones «anti Trump» que se esparcen por todo el país desde el pasado martes: al que quieren echar de su puesto de trabajo es al presidente electo. A partir del 20 de enero, cuando Trump jure su cargo, la Casa Blanca será su nuevo plató.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios