Madrid

El macabro cuaderno de asesinatos y extorsiones de «Paco el loco»

El detenido por descuartizar el cuerpo de un joven asesinado apuntaba lo que cobraba por realizar sus «trabajos»

El macabro cuaderno de asesinatos y extorsiones de «Paco el loco»
S. L. Madrid - Actualizado: Guardado en: España Madrid

El «Señor Lobo» que fue detenido hace unas semanas por volatilizar el cuerpo de un joven en el mes de agosto disponía de un cuaderno donde apuntaba todas sus fechorías y, además, lo que cobraba por realizarlas. Este descubrimiento por parte de la Policía fue una de las pruebas clave que ayudó a los agentes a resolver el caso del asesinato.

Fue a finales de verano cuando se denunció la desaparición un joven de 27 años, que había muerto apuñalado tras mantener un riña sobre estupefacientes, según agentes de la Guardia Civil. El agresor se asustó tras acabar con su vida, por lo que se puso en contacto con Francisco Gomara, alias «Paco el loco», conocido en el submundo madrileño por cobrar todo tipo de deudas madiante el chantaje y hacer desaparecer cadáveres.

Una vez contratado sus servicios, «Paco, el loco» se llevó el cuerpo hasta una finca que tiene en El Pardo donde troceó y quemó hasta tres veces el cuerpo hasta que lo redujo a polvo.

En el cuaderno que encontró la Policía, por ejemplo, «Paco, el loco» tenía apuntado que iba a cobrar 500 euros por dar una paliza a «Pedro el Coletas». O 10.000 euros «y vida» por ir contra «Fran chivato»... Así decenas de anotaciones que ahora están en poder de la Policía y que pueden ayudar a investigar otros casos sin resolver en Madrid.

La primera denuncia

Las investigaciones comenzaron a raíz de la denuncia que interpuso el hermano de la víctima el 22 de agosto en la comisaría de Puente de Vallecas. Las pesquisas, arduas y minuciosas, condujeron a determinar que se trataba de una desaparición forzada en Rivas, por lo que del caso se hizo cargo la Guardia Civil. Se centraron en el entorno más cercano del finado, que había estado tres años en prisión por un delito contra la salud pública.

A través de esos indicios llegaron al supuesto autor. Sus contradicciones le convirtieron en el principal sospechoso. Después, fueron encajando las piezas que condujeron hasta los demás. Identificar a «Paco el loco» no fue fácil: llevaba año y medio utilizando la identidad de un español residente en el Reino Unido. En su casa, situada en López de Hoyos, hallaron un arsenal de armas de fuego y blancas, grilletes, 40 móviles que utilizaba, cambiando las tarjetas y siete walkie-talkies. Además, tenía cámaras que enfocaban el portal y la calle.

«Es un paranoico peligroso que trató de hacernos frente y disparar con una de las tres armas cargadas que tenía preparadas, en concreto, una Colt, utilizada por el ejército de EE.UU. a pesar de que había consumido droga y de que eran las seis de la mañana», precisaron los investigadores. La sorpresa de los agentes fue, además de las armas están analizando para ver si han sido utilizadas, descubrir sus turbios negocios reflejados en una libreta con anotaciones inquietantes sobre las deudas contraídas por su clientela con distintos motes y cantidades.

Un cartel revelador

Además, este personaje tenía colgado en su casa un cartel de lo más elocuente que resume a la perfección el caso esclarecido por la Policía Judicial: «Dos no discuten si uno desaparece... en extrañas circunstancias».

Por su parte, el presunto criminal llegó a pintar hasta en dos ocasiones algunas dependencias del piso de Rivas, en un intento de borrar cualquier resto biológico. También llevó a una finca de Serracines (Madrid) muebles y ropa que podrían incriminarle. Ha sido condenado dos veces y tiene antecedentes por extorsión, allanamiento de morada, coacciones y lesiones.

Las cuatro detenciones se produjeron entre diciembre y febrero pasado. Los primeros en caer fueron J. C., el supuesto homicida, y D. T., compañero de piso del presunto autor material, el 22 de diciembre. El 15 de febrero cazaron al más escurridizo, «Paco el loco»; mientras que el 19, fue detenida la mujer, A. A. S.

Los restos de sangre hallados en el piso de Rivas por los perros de la Unidad Cinológica de la Guardia Civil, en la moqueta del coche en el que fue trasladado el cadáver y en los objetos de Serracines, cotejados con el ADN de los familiares del difunto, confirmaron que pertenecían a la víctima. A pesar de que no había cadáver, convertido en polvo, las pruebas no se las llevó el viento.

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