España

Investigan si el crimen de la familia de Pioz tuvo un móvil pasional

Se han detectado rastros biológicos del presunto autor; un pariente del marido

El chalé de la urbanización La Arboleda de Pioz donde sucedió el crimen
El chalé de la urbanización La Arboleda de Pioz donde sucedió el crimen - EFE

Cinco días de trabajo del Equipo Central de Inspecciones Oculares de la Guardia Civil en el chalé de la calle Los Sauces, en la urbanización La Arboleda de Pioz, han servido para encontrar rastros biológicos del principal sospechoso de asesinar a los cuatro miembros de una familia de origen brasileño. Se trata de un pariente de Marcos Campo Nogueira, de 39 años, que sobre el 22 de agosto viajó a ese país, supuestamente para evitar ser detenido. El móvil sería de índole sentimental, pues al parecer intentaba mantener relaciones con la mujer del anterior, Janaína Santos Américo, de la misma edad que su marido.

Los investigadores de este atroz crimen, descubierto en la noche del sábado 17 de septiembre, decidieron cambiar su línea de investigación después de comprobar, como adelantó ABC, que la pareja no estaba relacionada con el mundo de la delincuencia. A partir de ese momento, los agentes de la Policía Judicial del Instituto Armado centraron sus pesquisas en el entorno familiar y social del matrimonio descuartizado, ya que sus hijos, una niña de tres años y un niño de uno, eran solo «víctimas colaterales» de aquella orgía de violencia desatada en el chalé. Así, descubrieron cómo un familiar de Marcos Campo Nogueira parecía obsesionado con Janaína Santos. Y al intentar localizarle descubrieron, con enorme sorpresa, que había huido de España muy poco después de la data de las muertes, fijada por las autopsias entre el 16 y el 22 de agosto.

Carga incriminatoria

Sin embargo, no se trataba de un dato definitivo, pues había que situar a esa persona en el chalé para que se pudiera considerarle realmente el principal sospechoso. Una vez más, los especialistas del Equipo Central de Inspecciones Oculares han resultado decisivos para ello, ya que han conseguido detectar el rastro biológico de esa persona en el chalé. Las fuentes consultadas por ABC no quisieron ser más precisas, pero sí se puede decir que esos vestigios, por dónde han aparecido, tienen una fuerte carga incriminatoria.

En cualquier caso, a lo largo de esos cinco días de trabajo los especialistas del Instituto Armado han recogido cientos de muestras y huellas, no solo del interior del chalé, sino también del jardín. Además, se analizan las ropas de las víctimas, que estaban vestidas en el momento de ser degolladas, y los fluidos y la sangre que la impregnaban. Aunque todavía queda muchísimo trabajo por delante en los laboratorios de Criminalística, a partir de lo que ya se conoce se pueden establecer algunas hipótesis sobre lo sucedido bastante verosímiles.

En primer lugar, todo apunta a que los asesinatos se cometieron en el chalé, a pesar de que el asesino puso especial cuidado en limpiar a fondo la casa. Además, las víctimas fueron introducidas en seis bolsas de plástico -los niños en una cada uno, y los adultos, tras ser descuartizados, en dos por cadáver-, perfectamente selladas con cinta americana.

Plan criminal

Los investigadores creen que esa meticulosidad pudo deberse a que la idea del criminal era llevarse los cuerpos, enterrarlos en algún lugar, y cuando el casero acudiera al chalé por la falta de pago creyera que simplemente la familia se había marchado de allí dejando una deuda. A ello iba a contribuir también que la casa apenas tuviera muebles -solo los estrictamente necesarios, como una mesa de comedor, las camas y alguno más- y que en la nevera solo hubiera un producto. Por alguna razón el plan se frustró, el autor de los hechos pensó que iba a ser descubierto y decidió poner pies en polvorosa de inmediato y salir de España.

La mecánica de los hechos aún no está determinada. El asesino pudo entrar en la casa porque los inquilinos le franquearon la puerta al ser conocido -ni ésta ni las ventanas estaban forzadas-, o bien se introdujo en ella sin ser visto aprovechando que alguna ventana podía estar abierta al ser verano y hacer mucho calor.

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