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España

Gibraltar: más de tres siglos de disputa en cinco pasos

Fue tomado el 4 de agosto de 1704 por una escuadra anglo-holandesa, en nombre del archiduque Carlos de Austria

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Toma y Utrecht

Portada del Tratado de Utrecht- ARC

Gibraltar fue tomado el 4 de agosto de 1704 por una escuadra anglo-holandesa, en nombre del archiduque Carlos de Austria, aspirante al trono de España, en el curso de la Guerra de Sucesión española. Para ser cedida definitivamente a Inglaterra por el Tratado de Utrecht, que puso fin a dicha guerra. Por el mismo, se cedía a Inglaterra «la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, con su puerto y fortalezas que le corresponden, para que la goce con entero derecho y para siempre». Aunque, «sin jurisdicción territorial alguna y sin comunicación abierta con el territorio circunvecino por tierra». Para añadir si en algún tiempo, a la Corona británica «le pareciera conveniente dar, vender, o enajenar de cualquier modo la propiedad de dicha ciudad, se ha convenido por este Tratado que se dará a la Corona de España, la primera opción antes que a otros para redimirla».

Expansionismo inglés

Imagen de 1982 de la frontera de Gibraltar- IGNACIO CARRIÓN

Está claro que sólo se cedió la ciudad hasta sus murallas, no sus aguas ni el istmo con España, por el que no habría comunicación. Pero el expansionismo británico comenzó pronto apropiándose de la mitad sur del istmo aprovechando la debilidad y generosidad españolas, que les permitió instalar en él barracones sanitarios provisionales durante dos epidemias en el Peñón, que convirtieron en permanentes. Aprovecharon también nuestra Guerra Civil 1936-1939 para instalar allí un aeródromo. Conviene decir que la famosa Verja la levantaron los ingleses en 1909, como signo de que aquel trozo del istmo les pertenecía, lo que España nunca ha admitido.

Descolonización, para la ONU

Vista del Peñón de Gibraltar- EFE

Ocurre entonces un milagro: cuando en la ONU empieza a debatirse la descolonización de Gibraltar, el astuto plan británico encuentra más resistencia de la esperada. Los países ex coloniales ven en él una maniobra para retener una colonia usando precisamente la descolonización. España planta cara y, tras cinco años de debates, la Asamblea General aprueba el 19 de diciembre de 1967, por 73 votos a favor, 19 en contra y 27 abstenciones, una resolución en la que, «considerando que toda situación colonial que destruya parcial o totalmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas», declara inválido el referéndum celebrado en Gibraltar e «invita a los Gobiernos de España y del Reino Unido a reanudar sin demora las negociaciones para poner fin a la situación colonial de Gibraltar, salvaguardando los intereses de su población». Era el triunfo total de las tesis españolas.

La Verja

Imagen de 1982 de la frontera de Gibraltar, unos meses después de abrirse- LUIS RAMÍREZ

Después de haber llevado el asunto Gibraltar a la ONU, los ingleses decidieron rechazar sus resoluciones, visto que no respaldaban sus planes, y continuaron descolonizando el Peñón a su manera. Ante lo que España cerró la Verja el 1 de octubre de 1969 y así estuvo hasta el 15 de diciembre de 1982, trece años en los que ocurrieron muchas cosas en España, el fin del régimen franquista la más importante. ¿Por qué se abrió? Los gobiernos y la diplomacia española alegan que los ingleses nos amenazaron con no permitirnos entrar en el Mercado Común ni en la OTAN si no la abríamos. No es cierto. Teníamos el mejor padrino para entrar en el Mercado Común, Alemania, y en la OTAN, los Estados Unidos, ante las dudas del PSOE. La verdadera razón fue que Gibraltar interesaba cada vez menos a los dirigentes españoles, especialmente de izquierda, por considerarlo una herencia del franquismo.

Retroceso sistemático

El ministro de Asuntos Exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo- REUTERS

A cambio de abrir la Verja, los ingleses habían prometido negociar la soberanía de la colonia. No lo hicieron y comienza un periodo en el que España va cediendo el terreno conseguido en la ONU, mientras Gibraltar avanza en todos ellos, hasta tener hoy una de las rentas per cápita más altas del mundo. Ministro tras ministro español caen en la trampa que les tienden sus colegas británicos, que les prometen abrir negociaciones sobre la soberanía a cambio de concesiones españolas. Conseguidas estas, les dicen que no pueden negociar sin el consentimiento de los gibraltareños. Que era una añagaza se demuestra fácilmente: quien manda en Gibraltar son los ingleses, y a ellos, no a nosotros, les corresponde convencer a los gibraltareños de que hay que resolver ese viejo e injusto contencioso. La sima en este retroceso español la protagonizó Moratinos, que en los acuerdo de Córdoba aceptó incluir a los gibraltareños en las las negociaciones hispano-británicas e incluso visitó la colonia reforzando sus demandas. De justicia es reconocer que su sucesora en el cargo, Trinidad Jiménez, interrumpió el «Foro Tripartito», aunque quién dio un giro a esta política de concesiones fue el actual ministro, García Margallo, con su saludo, medio jocoso, medio en serio a un eurodiputado británico en Bruselas: “¡Gibraltar español!”, que en la práctica se traduce en intentar solucionar definitivamente el contencioso o, al menos, recuperar el terreno perdido en estas décadas.

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