Salvi se lamenta de una acción ante el Rayo
Salvi se lamenta de una acción ante el Rayo

Cádiz CF

(CRÓNICA) Rayo Vallecano 3-0 Cádiz CF: Fulminados por un Rayo

El Cádiz CF sale goleado de Vallecas tras un partido en el que no ofreció apenas resistencia

Por  21:59 h.
Rayo Vallecano
0
Cádiz
0
Rayo: Toño, Galán, Amaya, Rat, Ze Castro, Santi (Mikui, 65'), Manucho, Trashorras, Embarba (Alex Moreno, 50'), Cristaldo y Lass (Piti, 75').
Cádiz CF: Cifuentes, Carpio (Santamaría, 65'), Aridane, Servando, Brian, Mantecón (Rubén Cruz, 55'), Salvi, Nico, Eddy (José Mari, 70'), Abdullah y Ortuño.
1-0: Embarba (15'); 2-0: Álex Moreno (66'); 3-0: Miku (76').
Árbitro: Adrián Cordero Vega, cántabro. Amonestó a los locales Amaya
Octava jornada de Liga. Gritos en la grada contra Javier Tebas.
Municipal de Vallecas. Gran ambiente de fútbol antes y después del encuentro.

Menudo repaso. Vaya baile. Qué lección. No hay otra que sacarle aspectos positivos al tremendo vapuleo recibido esta noche en Vallecas si se quiere levantar el ánimo, la moral y la confianza. Lo primero, este Rayo es un equipo con jugadores de Primera. Que no cunda el pánico. Que este equipo es de Primera pese a estar en Segunda. Lo segundo, este Cádiz CF sigue siendo de Segunda B si se hace un balance más o menos objetivo de sus partidos jugados hasta el momento. Apenas se llevan ocho jornadas y el efecto Cervera ya no vale. O no vale, o no está valiendo. Pero el caso es que este Cádiz CF ya no muerde. Y si no muerde, y con el poquito fútbol que tiene, la suma es bien sencilla: se muere. Así que no queda otra que morder. Al menos, hasta que no llegue diciembre. Porque sí, hay que echarle ya un vistazo al mercado de invierno. O eso, o estos chavales de Cervera comienzan a demostrar cositas que hasta el momento no han demostrado durante más de 45 minutos seguidos.

Que nadie se ponga nervioso. Eso ante todo. Pero la goleada encajada hoy en Vallecas deja al equipo a su altura. Y su altura no es otra que ser un conjunto extremadamente vulnerable.

Y eso que Cervera optó por darle a su equipo un cariz más experimentado. Porque el orden es algo muy importante para Cervera. Muy, muy, muy importante. Y pasadas varias jornadas de alocada adolescencia en el parque temático de la ‘LaLigaWorld de Tebas’ cree que se le ha ido. Se le ha ido el orden, la madurez, la sensatez y la jeraquía. Y se le sigue yendo. Por eso, y por nada más, responde como responde a las advertencias de la cruda realidad, véase el tropiezo ante el Oviedo, que es el fútbol. Porque sacar a Mantecón no es un capricho. Sacarlo es un dogma de fe. Y sabe que si saca a su ‘poli malo’ manda un recado a los alocados adoslecentes que se han creído, con razón, que esto es jauja. Y ni con esas.

Lo de Mantecón no fue el único cambio de Cervera en su once. También dio entrada a Nico Hidalgo por Álvaro García, lesionado como Garrido. Y este Alvarito viene a ser el Griezzman de Cervera. Y para más inri, en el once estaba Eddy, el gran señalado ante el Oviedo. Bueno, ante el Oviedo, ante el Reus, ante el Levante, ante el Numancia, ante todos contra los que ha jugado. Y como no, ante el Rayo, también.

Pero lo cierto fue que en los primeros inicios de partido el Cádiz CF salió con la cara medio lavada, medio fresquita, medio alegre. Y serían esos síntomas los que motivarían que los muchachos de Cervera fuesen los primeros que gozasen de una ocasión tras una buena volea de Eddy a la que contestó con Toño con sus puños.

Pero la ‘vueltecita gaditana’ por Vallecas apenas duró cinco minutos porque en cuanto Trashorras y Lass comenzaron a entonarse el Cádiz CF empezó a echarse a temblar a la vez que comenzaba el baile vallecano sobre equipo gaditano.

Antes de que el Rayo se impusiera con autosuficiencia y autoridad, llegó una decisión arbitral en la que el Cádiz CF volvía a verse perjudicado. Servando y Manucho forcejeaban en el área y el ariete rayista acababa en el suelo consiguiendo el aprobado del colegiado, que se encaminaba hacia el punto de penalti bajo la indignación del cadismo, que en dos minutos saltaba de alegría tras ver como Embarba erraba desde los once metros.

Sin embargo, ese penalti tan solo fue el principio de un dominio total que comenzó a ejercer el Rayo sobre un Cádiz CF superado en todas las zonas del campo. Lass hacía lo que venía en gana por todos los rincones del campo que pisaba, especialmente por su banda izquierda, desde donde partió el primer gol del conjunto de Sandoval. El morenito extremo del Rayo se hizo con el balón, con el que se asomó por el vértice del área, y con el que se coló hasta dentro para que le llegase, en boca de gol, a un Embarba que tan solo tuvo que empujarlo dentro ante la pasividad de una defensa que tan solo se encontraba ante el comienzo de un asedio tremendo que se porlongó hasta el descanso.

Porque el Rayo no es solo que se gustase. Es que comenzó a bailar un chotis sobre un equipo preocupantemente inferior a la categoría. No al Rayo, a la categoría. De ahí la preocupación de unos cadistas que pese a la fiesta previa al encuentro no tuvieron otro remedio que pitar a los suyos para que se pusieran las pilas cuanto antes.

Al gol de Embarba le siguió cantidad de oportunidades del Rayo. Y fueron oportunidades creadas, elaboradas, alimentadas y fundamentadas sobre un juego en el que el Cádiz CF tan solo era un pelele en manos de los hombres de Sandoval. Un rapapolvo peligroso, un correctivo severo y para sacar conclusiones importantes de cara a la temporada. Y lo de menos ya era el plan A, el B o el Z, lo de más era la tremenda diferencia de calidad que había entre un equipo y otro.

Lass, siempre presente, no paraba de hacer sangre por su banda. Lo intentaba desde fuera pero sin la puntería adecuada. Podría haber sido el segundo. A la de Lass llegó otra de Santi a pase de Lass que no encontró puerta. Menos mal. Podría haber sido el tercero.

Para colmo, del dentro del campo cadista no había noticias ni se esperaban. Eddy se perdía entre la hierba. Algo que se lo reprochaba de forma contundente Servando, que lo buscaba y nada más que veía rayos. Rayos y tinieblas. Además, el internacional por Azerbaiyán pudo hacer manos en su área en un saque de esquina que el árbitro prefirió decantarse por el ‘jueguen jueguen’ antes que hacer caso a la grada, que exigía penalti. Pero daba igual. Daba igual el árbitro, la grada y lo que fuese. El guion seguía siendo el mismo.

A todo esto, el Cádiz CF apenas se dejaba ver por los alrededores de Toño. Ortuño, otra vez y van siendo demasiadas, era una isla en campo contrario y sus guerras resultaban ser contra molinos. Pese a este panorama, Salvi lo intentó en una contra a la que llegó demasiado forzado y sin gasolina para disparar con su izquierda alejado de la portería de Toño, un mero espectador desde aquella intervención en los primeros compases del encuentro.

No fue la única del Cádiz CF. Ni la mejor. A la media hora de juego, Nico Hidalgo y Ortuño se asociaron por vez primera en el encuentro para que el murciano, tras un pase atrás de NIco, resolviese con un disparo flojo y desviado con su pierna menos buena.

Esas ocasiones no intimidaron al Rayo. Todo lo contrario. Los madrileños se pusieron manos a la obra y y otra vez Lass tomaba la bandera del ataque. Un disparo suyo fue rechazado por los puños de Cifuentes, que dejó el balón centrado a las piernas de un Manucho que chutó fuera para alivio de unos cadistas que no sabían ni donde meterse para no hablar de fútbol.

Parecía que todo se iba al descanso, que ya no había más, que unos y otros firmaban un armisticio pero Mantecón pedía una bola intolerable cerca de su área ante un Lass que pasaba por ahi y que volvía a avisar a Cifuentes con un disparo seco y raso que se fue a la cepa del palo. Podría haber sido el cuarto…

Pero no lo fue y el Cádiz CF llegaba al descanso con vida pero con sentencia de muerte. Pero como cada vez que hay vida siempre queda esperanza, Cervera se agarró a ella para intentar variar el distado y apostó por el relativo ingenio de Rubén Cruz poco después de la reanudación. Quitó el orden y el equilibrio que supuestamente debía dar Mantecón y sacaba al sevillano con la ilusión de crear algo que jamás estuvo pensado ni mucho menos trabajado.

Y lo cierto es que por méritos del Cádiz CF o deméritos del Rayo, los hombres de Cervera fueron capaces de mantenerse en el encuentro el primer cuarto de hora del segundo tiempo. Lo que pasa es que se mantenía con un sostén muy débil, demasiado endeble, irrisorio incluso. Porque Ortuño es un gran delantero, un gran jugador, pero no puede hacerlo todo pese a que se empeñe por obligaciones del reparto. El murciano tenía que bajar a recibir, currarse una jugada, llevar la pelota hacia arriba y cuando levantaba la cabeza no llegaba al pase donde él tenía que estar.

La maniobra de Cervera fue tan pobre para empatar que lo normal era lo que ocurrió. Y lo que ocurrió no fue otra cosa que el Rayo volvió a tomar el timón del encuentro, se hizo el con el balón y renovó el baile ante un Cádiz CF que miraba la hora con tal de que acabase el encuentro lo antes posible para no seguir enseñando sus vergüenzas.

Pero no hubo otras que seguir enseñándolas porque los encuentros en Segunda, especialmente cuando se vuelven en contra, se hacen eternos. Que llegase el segundo del Rayo era cuestión de tiempo. Otra vez el Rayo, ahora con Miku, volvía a pasearse por la playa de Carpio, su banda derecha, para sacar un centro preciso a las botas del también recién entrado en el campo Álex Moreno, que libre de marca engatillaba un zurdazo para conseguir el segundo después de que el balón fuese tocado ligeramente por Cifuentes.

Si ante el Oviedo el encuentro acabó en el minuto 20, en Vallecas el asunto estaba finiquitado al cuarto de hora de la reanudación. Y sí, no vaya a buscar usted el plan B porque no está el horno para bollos.

Aunque la diferencia con el día del Oviedo no era otra que aquí el Rayo procede de Primera, que jugaba ante los suyos y que la dinámica no era otra que seguir metiendo balones en el saco de Cifuentes. Y como el Cádiz CF en Vallecas eras un regalo desde que llegó, qué menos que Miku, que ya había asistido a Moreno en el segundo tanto, se congratulase con su afición haciendo el tercero tras un saque de esquina botado por Piti. El Cádiz CF entregaba las armas y a falta de un cuarto de hora estaba loco por echarse a dormir en el autobús de regreso para meditar, hacer autocrítica y comenzar a tomarse en serio el salto de categoría.