Álvaro Cervera, durante una de sus muchas ruedas de prensa tensas mantenidas en Tenerife.
Álvaro Cervera, durante una de sus muchas ruedas de prensa tensas mantenidas en Tenerife.

Cádiz CF

Cervera y su principio del fin en Tenerife

El hoy técnico del Cádiz CF vivió una situación parecida a la actual pero no quiere repetir el mismo final

Por  20:39 h.

Al que le digan en Cádiz que Álvaro Cervera, el pausado y siempre moderado entrenador del Cádiz CF, perdió los papeles no hace mucho en otro lugar, más que no creérselo, preguntaría la razón por la cuál lo hizo. Ese lugar es Tenerife, ciudad donde el técnico nacido en Guinea Ecuatorial (por motivos laborales de sus padres) siempre ha tenido su casa pues fue en la Isla donde creció y guarda sus recuerdos de la infancia. Pese a ello, y pese a triunfar, le tocó salir por la puerta de atrás.

El CD Tenerife se puso en las manos de Cervera en la temporada 2012/13. El objetivo no era otro que ascender al equipo a Segunda. Y lo consiguió a la primera. Campeón de grupo y vencedor en el ‘play off’ de campeones. Gloria.

Como era obvio, Cervera renovó automáticamente para emprender la nueva aventura en Segunda A, donde en la temporada 2013/14 logra consolidar tranquilamente al club acabando la Liga en la undécima posición. Eso sí, con algún que otro ‘pero’ como el mismo Cervera ha llegado a reconocer en su entorno más cercano.

El ‘pero’ no es otro que a falta de siete jornadas, su CD Tenerife era cuarto clasificado tras ganar al Eibar en Ipurúa cuando el cuadro armero era segundo y a la semana siguiente empalmar otra victoria en casa ante el Numancia 3-2. La afición, como ahora la cadista, se rendía a los pies de Cervera, que veía como de un año a otro había sacado a un club del pozo y se estaba atreviendo a colocarlo en la puerta de la gloria. Pero hasta ahí llegó.

Y llegó hasta ahí porque en las últimas siete jornadas de Liga encadenó siete, ¡siete!, derrotas consecutivas. Ahí es nada. ¿Qué pasó? ¿Qué ocurrió para que se diera ese giro brutal de los acontecimientos? Pues nada. No pasó nada más allá de lo puramente deportivo. No piensen en conspiraciones en el vestuario, ni tampoco es que hubiera una merma de lesionados, nada. El equipo se hundió y ya está.

Según informadores de la prensa tinerfeña, aquel equipo había logrado con éxito el objetivo de la salvación y tras perder dos o tres encuentros después de meterse en ‘play off’ ya entró la relajación obvia de quien se ve fuera de toda batalla, tanto la del ‘play off’ como la de la permanencia, ya en el bolsillo.

Cervera tenía la bendición del Rodríguez López. Como ahora en Cádiz CF, era el técnico que había devuelto al Tenerife al fútbol profesional y, al menos durante una campaña, tenía derecho de pernada. Además, estaba cumpliendo. Y con nota, pese a los siete últimos exámenes finales. Sin embargo, y como el mismo entrenador cadista reconoce en su foro interno, aquel decepcionante final de Liga bien pudo ser el principio del fin de su historia como entrenador del cuadro chicharrero.

Porque con ese poso de decepción se empezó la siguiente campaña, la 2014/15. Cervera fue destituido en la jornada vigésimo-tercera (le sustituyó el ex cadista Agné) y tras un desgaste exagerado para un entrenador que le había dado tanto al CD Tenerife.

Aquella temporada las cosas comenzaron torcidas y Cervera entró en guerras que no debió, pese a que incluso le acompañase la razón en muchas batallas. El hoy entrenador del Cádiz CF entró al trapo de informaciones que él creía malintencionadas. Hacía de cada rueda de prensa una zona hostil y comenzó a degenerar en problemas internos con directivos, además de con profesionales de los medios.

Si hay algo que puede molestar a un periodista deportivo es la indiferencia y ahí es donde falló Cervera, que se revolvía con cada noticia u opinión que viniera de determinados medios. Fueron especialmente dos emisoras de radio con colaboraciones en periódicos y con un alcance mediático importante. Cervera se desquició y daba una imagen muy crispada en cada intervención en la prensa que en nada contribuía a la estabilidad de un equipo que acabó cabreando a la grada con su juego y con sus resultados. También Cervera ha admitido a su gente que pecó ofreciendo un comportamiento que lo sacó de sus casillas para perjuicio de su equipo.

Cervera no era Cervera. Parte de la grada terminó por no soportarlo y según cuentan desde Santa Cruz de Tenerife, sus últimos encuentros en el Heliodoro tuvo que estar la policía escoltando el banquillo local. Cervera no era Cervera. Perdió la sensatez por culpa de informaciones, que bien podían ser perversas bajo su óptica, y el equipo, empezando por él, lo acabó pagando. Cervera no era Cervera. Perdía los nervios con cierta facilidad y se irritaba dando el poder, precisamente, a sus enemigos. Cervera no era Cervera y comenzaron los enfrentamientos dentro del club, que no con sus jugadores, quienes aún lo elogian desde la distancia. La cuerda estaba demasiada tensa para cuando el Albacete, con Rubén Cruz en el equipo,  ganaba en el Belmonte 3-2 al Tenerife en la jornada 23. La grada dictaba sentencia, la directiva lo destituía, sus enemigos se frotaban las manos y Cervera comenzaba a aprender la lección. Dejaba al equipo décimo noveno, con 23 puntos. Agné lo salvó dejándolo el décimo séptimo. Muy de Agné.

Este domingo, sin rencor alguno, se mide al equipo que le dio la posibilidad de ascender a Segunda. La vida sigue y Cervera ha vuelto a ser Cervera. En Cádiz, lejos de Tenerife, su Tenerife.