Rubén Cruz conduce el balón ante Álvaro García
Rubén Cruz conduce el balón ante Álvaro García

CÁDIZ CF

Cádiz CF-Girona (0-0): Un punto que no convence a nadie

El equipo amarillo mejora su imagen, recupera la identidad perdida, supera en juego al adversario pero se atasca en los metros finales

Por  20:28 h.
Cádiz
0
Girona
0
Cádiz CF: Cifuentes, Brian, Sankaré, Aridane, Carpio, Jose Mari, Abdullah, Álvaro García, Carlos Calvo (Aitor García, 59'), Rubén Cruz (Gorka Santamaría, 72') y Ortuño.
Girona: René, Cifuentes, Ramalho, Pero Alcalá, Juanpe, Aday,Pere Pons, Eloi Amagat (Álex Granell, 80'), Portu (Cristian Herrera, 66'), Alcaraz y Longo (Fran Sandaza, 66').
Árbitro: Cuadra Fernández (colegio balear). Mostró cartulina amarilla a Abdullah, Carlos Calvo, Juanpe, Eloi Amagat
Incidencias: Ramón de Carranza.

El Cádiz CF ni arranca, ni se frena. Un punto para mantener la discusión, que no ofrece argumentos para cambiar el discurso ni a aquellos que confían ni a aquellos que derrotan. Los optimistas destacarán el orgullo del equipo de Cervera, su superioridad sobre un Girona mejor en el papel y su dominio en la segunda mitad; los críticos se escudarán en el mal inicio, los cambios inexplicables del técnico, la falta de pegada en vanguardia y que se escapa otra victoria en Carranza.

Así que, punto y seguido. No queda otra. El conjunto gaditano se debate entre el ser y no ser, la permanencia y el descenso, pero con 31 jornadas por delante que invitan a la calma, el sosiego y la reflexión. En cuanto al compromiso de la ‘Novena’, los amarillos merecían más por actitud y por deseo, si bien se mostraban demasiado incapaces de cristalizar todas esas buenas intenciones.

La tensión se palpaba a las seis de la tarde, tan densa que podía sentirse. El miedo vence a la ilusión. La confianza se resentía merced a las dos derrotas anteriores y en el ambiente se respiraba esa tremenda inquietud. Las dudas desde el banquillo se inferían con la alineación. Carlos Calvo, el ‘estorbo’ de hace un mes, asaltaba el once inicial ante la sorpresa de Aitor, Nico, Santamaría y compañía. Toda una respuesta de Cervera a Quique Pina. Sankaré reemplazaba a Servando para corregir algunos desajustes defensivos y Rubén Cruz se convertía en el elegido para enganchar con Ortuño.

En el Girona se caía el centrocampista Borja García por problemas estomacales, pero la labor de Pablo Machín suma ya un recorrido de dos años y medio exitosos. En cambio, en el Cádiz CF la existencia es tan frágil, la confianza se quiebra ante el menor contratiempo. Falta de continuidad.

La filosofía de Cervera perdía una de sus doctrinas claves en la puesta en escena. Las dos bandas, tan abiertas antaño, se cerraban al apostar por Calvo y Alvarito a pierna cambiada. El madrileño se maneja con soltura en las diagonales hacia dentro, pero el de Utrera necesita carril para explotar su velocidad y su pierna izquierda. Es un experimento fallido de antemano.

José Mari y Abdullah son la pareja ideal para reflotar al equipo desde la medular, si bien el roteño sigue lejos de su mejor forma y el francés es víctima de una intermitencia extrema y desconcertante. Cuando aparece se enciende la luz pero la mayor parte del tiempo sus compañeros caminan a oscuras.

En la primera media hora, el Girona mostraba su superioridad aunque sin avasallar, con un manejo preciso de la bola y un ariete italiano como pívot en ataque. Los amarillos lucían mayor intensidad, su esfuerzo y sacrificio son encomiables, pero falta fútbol. Y este juego se llama así por alguna manera, no por casualidad.

Las ocasiones escaseaban, las escuadras se guardaban respeto. René le proporcionaba al Cádiz CF la mejor oportunidad, con una salida en falso y posteriormente disputando la bola con Ortuño en la corona del área ante la incredulidad del respetable. Al de El Bosque se le notaban los nervios por actuar ante su gente.

Y si René se mostraba dadivoso, José Mari era la viva imagen del altruismo, al ‘tontear’ con Calvo y regalar el esférico a Eloi, que estrellaba el premio en la madera.

El Girona, visitante, se sentía cómodo con la igualada. El Cádiz CF debía ofrecer más delante de su parroquia. Cervera regresaba a su idea y trocaba las bandas, permitiendo que su tocayo se enfuchara al partido, apoyado en un Aridane pletórico. El extremo comenzaba a crear problemas y la escuadra gaditana terminaba bien ese primer asalto, con un cabezazo de José Mari, atemorizando a un Girona que empezaba a sudar.

Dos ocasiones al salir del vestuario

El Cádiz CF salía desmelenado del vestuario. Cervera inyectaba energía en la tregua, y sus pupilos volcaban la acción por la izquierda de Alvarito para generar más peligro en cinco minutos que en todo el primer tiempo. Calvo cabeceaba sin fuerza y, a continuación, Rubén Cruz erraba de manera estrepitosa una asistencia enorme del utrerano.

La escena ya quedaba bajo control cadista, a falta de rubricar el dominio con el gol. Fastidia la depencia de Ortuño en el apartado rematador, pues al ex del Albacete le falta ajustar su punto de mira.

Los técnicos barajaban las plantillas y recurrían al banquillo. Cervera suplía a Calvo y Rubén con Aitor y Santamaría, cambios naturales y más frescura en las piernas. El control amarillo resultaba abrumador, una cara opuesta a la de los primeros compases del choque. Mandaba con la autoridad que le exigen en Carranza. Los catalanes firmaban el empate de manera descarada.

El Cádiz CF apretaba en su arreón final, arrinconando a los rojiblancos con tres córners consecutivos, sin fruto alguno. La machada frente al Numancia se quedaba sin segunda parte, con unos jugadores extenuados y disgustados por la falta de premio a tal esfuerzo, pero orgullosos por haber recuperado la identidad.