Aketxe celebra el gol con sus compañeros
Aketxe celebra el gol con sus compañeros

CÁDIZ CF

Cádiz CF-CD Tenerife (1-0): El mordisco del león

La dentellada de Aketxe a la yugular canaria confirma la supremacía de un apetito que los amarillos no terminan de saciar

Por  23:10 h.
Cádiz
1
Tenerife
0
Cádiz CF: Cifuentes, Carpio, Aridane, Sankaré, Brian Oliván, Garrido, José Mari, Salvi (Abdullah, 61'), Aketxe, Álvaro (Aitor García, 90') y Rubén Cruz (Ortuño, 82').
CD Tenerife: Dani Hernández; Raúl Cámara, Jorge Sáenz, Germán, Camille; Aitor Sanz, Gaku Shibasaki, Vitolo, Tyronne (Lozano, 57'), Aarón Ñíguez (Alberto, 66'); y Amath.
1-0: Golazo de Aketxe desde fuera del área (64').
Árbitro: Arcediano Monescillo (colegio castellano-manchego). Tarjeta amarilla a Dani Hernández, José Mari, Rubén Cruz, Vitolo, Jorge Sáenz, Camara y Alberto
Incidencias: primer partido de 'play off' por el ascenso a Primera en el Ramón de Carranza.

El rey de esta selva, el líder de la manada, el monarca autócrata que impone su ley en la desidia. Don Ager Aketxe Barrutia, de ‘Euskadi, kadi’, la fiera norteña, se doctora en el templo de Carranza tras varios años de profesar la religión de San Mamés. Un mordisco letal, a la yugular de un canario correoso que nunca quiso alzar el vuelo, decide una primera batalla que contará con su obligada prolongación allende los mares, en orillas bien lejanas.

La disonancia de su lanzamiento hace brillar una melodía mediocre por el afán adversario de deslucir la partitura. El Cádiz CF tocaba mientras el Tenerife, con dos horas de retraso, quedaba derrotado por incomparecencia. Humilde, consciente de su posición inferior, el conjunto de Cervera hacía del hambre su principal arma y de ahí que se alimentara con el bocado de su depredador. No hay nada que sacie su voraz apetito. Siempre quiere más.

Y el poder de la fe, de la autoafirmación, de la confianza, del creer para hacer, levanta al equipo del suelo para acercarse al cielo. Sin importar quién viste en cada momento esa zamarra. Sea Rubén Cruz u Ortuño. Ortuño, Ortuño fuera. Jaja. Primera sorpresa. Ortuño, el mohicano de Yecla, el de los 17 goles y los mil elogios, reposaba en el banquillo por mor y desamor de Cervera, más convencido con la figura de Rubén Cruz pese al cero en su casilla tanteadora. Esas gafas observan el mundo desde una óptica tan diferente como exitosa, y la grada ni discute por no perder el tiempo en especulaciones estériles. El míster pone el cerebro y los 15.000 cadistas la garganta y el corazón en un trabajo con precisión milimétrica.

La misma de Ager Aketxe cuando la pelota duerme sobre el césped. A balón parado iniciaba el Cádiz CF arrinconando al adversario, empujándolo sobre su meta Dani Hernández. La estrategia quedaba marcado por el tesón y el hambre de un equipo con mucho mayor ímpetu que el Tenerife, que en Carranza prefiere calmar a los amarillos antes que lucir su buen fútbol.

El cuadro de Cervera mordía en cada jugada, apretaba arriba la salida de balón y asfixiaba a los ‘tocones’ de la medular. Se mostraba superior. No le faltaba ni el gol, rematado por Aridane de un cabezazo y neutralizado por el colegiado debido a una supuesta falta rigurosa de Sankaré, que zancadillea al zaguero.

El renacido Alvarito desbordaba por banda y Brian le apoyaba en un Cádiz CF de izquierdas que progresaba por el carril zurdo. El utrerano y su compi Salvi perdían oportunidades a la vez que el contrario perdía tiempo, desesperación sesgada de raíz por un colegiado que pronto amonestaba al portero visitante por tomar el té antes de sacar de puerta.

Pero así el Tenerife lograba su propósito. Desactivaba la energía local y cimentaba sobre una excelente defensa sus posibilidades de éxito. Se encomendaba a su brillantez en vanguardia para paliar su rácano estilo, impropio del fútbol canario. El fin justifica los medios y máxime si es el ascenso a Primera División. No tenían pinta de insatisfacción cuando abandonaban el césped de regreso al vestuario en el ecuador del choque.

El Cádiz CF no se rinde

¡Uy! Con un voleón de Alvarito despejado por Hernández se espabilaba pronto el respetable en el segundo asalto. Mientras, dos futbolistas tinerfeñistas caían desplomados al suelo al soplar una ligera brisa en Carranza. El plan de los isleños no trocaba su guion, y Amath demostraba en una internada la peligrosidad a la contra de los de Pep Martí.

Pero este Cádiz CF tenía la lección aprendida, y ‘míster gafas’ no piensa caer dos veces en la misma trampa. No lo permitirían sus apóstoles. Salvi agarraba un disparo raso que se estrellaba en el palo y acababa en el regazo del portero en una afortunada carambola.

Resulta bochornoso gastarse la ‘mortelá’ para no querer siquiera oler el cuero. Los gurús del fútbol mandan y el futuro dará o quitará la razón a Martí. Pero el deporte suele ser justo y castiga tal desfachatez. Además, de forma inesperada. ¿Un vasco en Cádiz practicando la ‘folha seca’ brasileña? Aketxe, no es necesario decir más.

El cachorro ya es un león desmelenado, el factor diferencial con respecto a la última batalla. Da la impresión de que dormita pero maneja su hábitat a la perfección y mientras mata moscas con el rabo es capaz de soltar un mordisco letal. El zurdazo es una maravilla. Un verso libre en un guion encorsetado.

Abdullah permitía al Cádiz CF dominar desde la posesión. El Tenerife se había quedado en La Isla. Entonces Cervera, el técnico osado que dejaba a su ¿mejor? jugador en el banquillo, ingresaba a Ortuño para unos minutos finales decisivos.

El sufrimiento final explica a los despistadillos, pocos, la dureza de la escaramuza del Heliodoro. Sudor y no sólo por la calima. Un rival que al fin querrá jugar. Pero el Cádiz CF tiene hambre. Y tras años de penuria e inanición, no piensa quedarse sin comer.