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CÁDIZ CF

Betis B-Cádiz CF (3-2): Palo tras ir de farol

El Cádiz CF se cava su propia tumba en Sevilla hasta sepultar toda la ilusión

Por  17:50 h.
Real Betis Balompié B
3
Cádiz CF
2
Real Betis B: Pedro, Rafa Navarro, Dam, José Carlos, Junior, De la Hoz, Aitor, Francis, Diego (Loren, 67'), Juanma (Madrigal, 75') y Narváez.
Cádiz CF: Cifuentes, Juanjo (Servando, 78'), Aridane, Migue, Andrés, Nana, David Sánchez (Carlos Calvo, 74'), Abel (Jandro, 55'), Lolo Plá, Álvaro y Güiza.
0-1: Álvaro dispara, la defensa bloquea el tiro pero el balón se pasea por línea de gol para que Güiza sólo tenga que empujarla (23'). 1-1: Juanma, de penalti (71'); 2-1: Loren (72'); 3-1: Loren, de penalti (78'); 3-2: Servando, de cabeza en un rechace (88').
Árbitro: José Antonio López Toca (colegio cántabro). Tarjeta amarilla a Aitor, Nana, Abel, Dan, Lolo Plá, David Sánchez, Güiza, Cifuentes. Roja directa a Andrés
Estadio: Ciudad Deportiva Luis del Sol. Unos 2.000 espectadores, cien de ellos seguidores amarillos.

Este Cádiz CF iba de farol. Vaya engaño, qué timo. Durante un mes ha ilusionado a su hinchada para luego, como se dice por estos lares, ‘dejarse ir’ en el momento inoportuno. El equipo amarillo sepultaba la fe de sus fieles en un partido dramático donde hizo todo lo posible para doblegar la rodilla y abochornar a sus seguidores.

“Si vamos de señoritos a Sevilla nos la pueden liar”. Lolo Plá, profético, avanzaba el espectáculo lamentable de una mañana que tardará en olvidarse. Porque este plantel ha perdido muchísimo crédito después de esta farsa. Se adelantaba con un gol de Güiza y hasta estrellaba dos balones en la madera en la primera mitad.

Pero pensaría que ahí acababa el partido. No se ajustaron al cambio de hora. Esos quince minutos de descanso sentaban de la peor manera a los amarillos, que se reían del respetable en la reanudación. Penaltis absurdos, expulsiones, errores infantiles… todo lo posible y más para arrojar por la borda las opciones de campeonato. Al final, la rabia y el orgullo, cuando de nada servían. Inexplicable. Este Cádiz CF se hizo un Cádiz CF, una vez más.

El duelo arrancaba frenético, cual caballo desbocado. La alfombra de Heliópolis no merecía trote cochinero sino trato ‘deluxe’, y los pupilos del Guardiola de Gerena se han liberado de ataduras y juegan sin mirar la clasificación para mantener el ánimo. Son pipiolos, muy verdes, inocentes en el remate, pelones aún en esto del fútbol pero con calidad para tocar en la media y desarbolar a un Cádiz CF desordenado en su inicio.

Claudio, experimentado y experimental, inventaba de nuevo ante la pérdida de su puñal Salvi por derecha. Trocaba el sistema, nutriendo el centro del campo con tres futbolistas (Nana, David y Abel), escorando a Plá a la banda y a Calvo al banquillo.

Pese a las intenciones del míster el Betis B tomaba las riendas en la medular. Previsible, es su juego, su filosofía, y reúnen mimbres para mimar la bola. El toque en el medio, apoyado en la banda diestra, generaba muchos problemas en los visitantes, aún dormidos con el cambio de hora. Cifuentes cerraba los espacios a Aitor en un mano a mano limpio, después de desbaratar en dos ocasiones sendos disparos dentro del área. Por contra, Lolo estrellaba el esférico en el larguero.

El filial se perdía en su ineficacia y mostraba una preocupante fragilidad defensiva. El Cádiz CF sólo tenía que asentarse, y a la primera seria… Gol. Sin alardes. Pase al hueco de Andrés al que llega Álvaro con su velocidad y su disparo, rechazado, se pasea por línea de gol hasta que Güiza la mete en la cazuela con un ligero empujoncito.

El peso iba declinando la balanza a favor de los amarillos, cada vez más grandes ante un Betis B que se empequeñecía pese a su pundonor. La presión de Lolo, Abel y Álvaro bien arriba originaba más de un susto a la parroquia verdiblanca, y Álvaro rozaba el segundo con un testarazo bloqueado por Pedro.

A la tregua se ingresaba con dos acciones que podrían haber sentenciado la contienda. Lolo se encontraba de nuevo con la madera en un disparo seco que resbalaba en las manos del arquero local, y a continuación Güiza caía derribado ante el último zaguero, no penalizado por el colegiado.

Al igual que en la primera mitad, los visitantes aparecían sin fuerzas en la reanudación. Perdía su sitio en el campo, cansado de correr tras la pelota. Durante un cuarto de hora anduvo bloqueado, lo que palpaba el técnico desde la banda. Jandro sustituía a Abel con el fin de recuperar el esférico, o al menos el control.

El Cádiz CF se reponía, adelantando líneas y apoyándose en la inseguridad defensiva del cuadro sevillano. Y entre Dan y el trencilla ponían la sentencia a once metros. Güiza, después de romper su maldición a domicilio con su primer tanto, le entregaba al portero la bola con un lanzamiento flojo, desperdiciando el dudoso penalti.

El error rescataba la peor versión gaditana. Otro paso atrás. Los rostros de los amarillos expresaban su incomodidad, sus piernas siempre llegaban tarde y topaban con las espinillas de los béticos, cargándose de tarjetas.

El Cádiz CF se comenzaba a cavar su propia tumba. La actitud de los futbolistas no tenía explicación ninguna. Claudio no terminaba de cortar la hemorragia, y Andrés abría la herida. En una pésima acción defensiva, Aridane metía en un lío a Migue y el lateral cortaba por lo sano. Penalti y expulsión, esta vez transformado por Juanma.

Con uno menos y una actitud impropia de quien vista la camiseta cadista, los futbolistas hacían pasar el peor trago de la temporada a su afición, abochornada ante el espectáculo sufrido. Otra pifia de la zaga dejaba a Loren solo ante Cifuentes para colocar el cuero dentro de las mallas. El ridículo, ya estrepitoso, se elevaba al cuadrado cuando el gallito portero amarillo, con el balón en su regazo, empujaba a un rival para cometer el tercer penalti de la mañana. Loren metía el dedo en la llaga a base de bien.

En cinco minutos el aspirante a líder sepultaba sus opciones de ser campeón. Vaya engaño, espejismo, ilusión óptica. Entonces, como aquella tarde ante La Hoya, los futbolistas sacaban la rabia, el orgullo y la calidad que se les presupone y por la que cobran para apretar al filial sevillano. Servando, en el rechace de un córner, recortaba distancias para batirse al menos por un empate.

La tenía. Álvaro. Con un disparo violento que se estrellaba por tercera vez en la madera. Pero no iba a ser ésta. No podía ser. ¡Vaya palo!