Cultura - Libros

Juan Eslava Galán: «Escribo tanto porque no pierdo el tiempo en cenáculos literarios»

El escritor indaga en su última novela en la búsqueda por los nazis de vestigios arios en España

Juan Eslava Galán, la semana pasada en Madrid
Juan Eslava Galán, la semana pasada en Madrid - Ignacio Gil

En el mundo de Juan Eslava Galán (Arjona, Jaén, 1948) apenas queda sitio para los cenáculos literarios. «No pierdo el tiempo en esas cosas». Hoy, sin ir más lejos, se ha levantado a las tres de la madrugada para trabajar en su siguiente proyecto, un ensayo sobre la Revolución rusa. «Con la edad necesita uno dormir menos», aclara casi justificándose. Su vida está consagrada a «escribir y leer», lo que explica la publicación -regular, sistemática- de no menos de dos títulos por año. De momento, la cuenta asciende a 86. El último, «El amor en el jardín de las fieras», es una novela «que puede leerse como un ensayo» por la que transitan personajes ficticios y reales para componer un cuadro del Berlín de los albores de la Segunda Guerra Mundial cuyo espíritu casi festivo, aquel que precedió al desastre desatado por el delirio nazi, todavía no había sido aplastado del todo por la bota de Hitler.

La obra, con la inevitable alusión a las raíces jiennenses del autor en el propio origen de su protagonista -oriundo de la zona de Sierra Morena que Carlos III mandó repoblar en el siglo XVIII con alemanes y suizos católicos-, incluye todas las características propias de alguien al que la concesión del premio Planeta por «En busca del unicornio» (1987) cambió la carrera literaria: una documentación sólida, humor en múltiples registros, una interesante galería de tipos y una vertiginosa trama salpicada de anécdotas que gira en torno a la búsqueda de vestigios arios en España impulsada por el cruel Heinrich Himmler, engolfado en unos devaneos esotéricos que ni el propio Führer tomaba muy en serio.

Historia real

La paradoja de esta historia es que sus pasajes más chocantes por increíbles recrean episodios del todo ciertos. «En octubre de 1940, Himmler planeaba visitar la necrópolis visigoda de Castiltierra, cerca de Riaza. En su afán de causar la mejor impresión al jefe de las SS -cuenta Eslava-, el entonces ministro de Gobernación, Ramón Serrano Súñer, ordenó que los obreros desplegados en el yacimiento fueran ‘‘preferentemente rubios, altos y de buena presencia’’, algo nada fácil de cumplir dada la predominancia de morenos en la comarca».

Herminio Cáiser, personaje en torno al que gira la novela, es uno de ellos. Su fisonomía, asimilable para el séquito de Himmler a un ario de manual, le llevará a la capital del Reich, donde alternará con los jerarcas nazis, se reencontrará con viejas amistades y se relacionará con la colonia periodística española en Berlín. «Durante la redacción de la novela, quedé prendado de la figura de Ramón Garriga, corresponsal en Alemania de la Agencia Efe durante esos años. Garriga, que después se convertiría en una especie de biógrafo no autorizado de los Franco, enseguida se dio cuenta de que los nazis fracasarían porque eran, sencillamente, una banda de pirados. Visto hoy -continúa el autor- ese vaticinio no parece nada del otro mundo, pero al principio de la Segunda Guerra Mundial, cuando había un convencimiento general de que Hitler se adueñaría de Europa, eso de anticipar la derrota alemana tuvo mérito».

Eslava aprendió el oficio de escribir en el Reino Unido, donde amplió estudios de Filología inglesa e impartió clases que alternaba con trabajos alimentarios -«menos fregar platos, hice de todo»- para ir tirando. Allí concluyó que «escribir es una actividad como otra, sin un glamur especial. Igual que un albañil pasa ocho horas en el andamio, o un empleado de banca otras tantas detrás de una caja, lo mínimo es que un autor dedique a su obra el equivalente a una jornada laboral al uso». En cualquier caso, sabe que este estajanovismo literario se identifica con una merma en la calidad, algo contra lo que se revuelve: «Creo que, más que del que saca cinco libros al año, habría que prevenirse del que publica un solo título cada cinco». Pero a Eslava esas consideraciones tampoco le afectan tanto: si hasta ha escrito con seudónimo (Nicholas Wilcox) varias novelas sobre templarios.

Ensayos novelados

Los libros de Eslava Galán son deudores de una pasión por la historia que se manifiesta en cada una de las páginas de los más de ochenta títulos que lleva publicados. A él le gusta decir que escribe «ensayos novelados» o «novelas ensayadas». En este sentido, la novela histórica -«en España hay autores de un gran nivel pero también algún que otro impostor»- ha venido a suplir en cierto modo la falta «de una divulgación histórica que conjugue el rigor con la amenidad. Nada que ver con Inglaterra, donde el catedrático más reputado de la mejor universidad no tiene problema en firmar un ensayo histórico dirigido al público no especializado, algo impensable aquí».

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