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El origen del bulo que vincula el autismo con las vacunas

En 1998, «The Lancet» publicó un artículo que apoyaba esta tesis. «Si hubiéramos sabido lo que sabemos hoy, no lo hubiéramos hecho», reconoció su director

MadridActualizado:

Las vacunas no causan autismo. Una afirmación que, pese a estar contrastada científicamente desde hace años, los médicos y pediatras españoles tuvieron que reiterar ayer. Tanto la Organización Médica Colegial (OMC) como la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) emitieron dos comunicados en los que llamaron la atención sobre el alarmismo y la trivialización con el que en algunas ocasiones se está tratando la información científica y médica.

La enérgica declaración vino motivada por el papel del locutor de radio Javier Cárdenas, durante el programa «Levántate y Cárdenas» emitido en Europa FM (grupo Atresmedia), transmitiendo que el autismo se ha convertido en una «epidemia» por culpa de las vacunas. «Muchos sostienen esta teoría y es una teoría apoyada en hechos importantes: que tienen metales pesados que los niños no saben absorber, que su cuerpo no lo sabe absorber o por la razón que sea», dijo.

«Esto fue estudiado y se comprobó que no había relación», explica a ABC el doctor Serafín Romero, presidente de la OMC. «Sin embargo, se vuelve a generar la duda, la incertidumbre y tampoco hay ninguna epidemia de autismo, pero se vuelven a plantear dudas».

Esta creencia nació en 1998. Andrew Wakefield, entonces médico en Reino Unido, logró publicar un artículo en «The Lancet», en donde tras estudiar a doce niños, asociaba la vacuna triple vírica –contra el sarampión, las paperas y la rubeola– con el autismo. Dos años después, el Colegio General Médico Británico indagó sobre su investigación y acabó retirándole años después la licencia de médico, acusándole de actuar de forma deshonesta e irresponsable. Las conclusiones y los métodos del médico habían sido falsos.

Poco después, en 2004, la propia revista «The Lancet» acusaba a Wakefield de haber incurrido en un conflicto de intereses durante la investigación, ya que cobró cerca de ochenta mil euros de un organismo encargado de estudiar los supuestos daños de la vacuna. «Si hubiéramos sabido entonces (1998) lo que sabemos hoy, desde luego no hubiéramos publicado la parte del artículo referida a la "triple"», reconcía el director de la publicación, Richard Norton.

Poner en peligro a los menores

«Difundir este tipo de opiniones, que como se ha demostrado son falsas, es una muestra de irresponsabilidad e ignorancia, ya que esto confunde a la población y pone en peligro las coberturas vacunales», criticaron ayer desde la AEPap. En pleno brote de sarampión en Europa, el temor de los especialistas radica en que algunos padres puedan plantearse no vacunar a sus hijos. «Se ponen en peligro a muchos niños», defendió la AEPap. La última prueba es la muerte por la infección de una joven de 17 años en Portugal el pasado mes de abril.

Según el doctor Romero, en la OMC tienen la percepción de que posiblemente se está dando un aumento de la información no contrastada en medios. Por ello, piden que en las tertulias sobre temas de salud se incorpore a un experto que no tenga conflictos de intereses y que esté al día en las últimas investigaciones.

De hecho, no es la primera vez que la OMC tiene que aclarar informaciones vertidas en un medio de comunicación. En 2015, por ejemplo, pidió la rectificación de la presentadora Mariló Montero, que aseguró en TVE que oler un limón prevenía el cáncer de mama. «Las pseudociencias tienen un peligro altísimo», reconoce Romero. Por ello, el pasado mes de marzo, la organización creó un Observatorio para luchar contra ellas.