Reuters
Wimbledon

Rafa Nadal: un curso para el olvido

Desde Roland Garros 2014, el balear ha ganado dos títulos 250 y sufrido dolorosas derrotas como la de Brown: «Es un golpe»

Actualizado:

Sin rodillas que cuidar ni espaldas que mimar, Rafa Nadal amaneció en Wimbledon 2015 con el gesto ilusionado, con el presente por llenar de alegrías después de un pasado sin apenas luces. Desde Roland Garros 2014, solo dos mordiscos: Buenos Aires y Stuttgart, ambos categoría 250. Una pobre hoja de registros para su abultada calidad.

Thomaz Bellucci, su primer encuentro con la hierba londinense presagiaba un resurgir de sus mejores pasos por La Catedral. Un templo que desafió desde su más tierna profesionalidad. Un templo que conquistó en dos ocasiones y se quedó cerquísima en otras tres. Un templo que lo venera y que lo esperaba para protagonizar otra de esas hazañas para el recuerdo. Pero Dustin Brown, 102 del mundo, no lo permitió. Sin nada que perder, lo ganó todo. Para desquiciar a Nadal, contrariado el gesto desde el primer momento, sin derecha determinante ni servicio al que recurrir. Una segunda ronda que precipita su vuelta a las dudas.

También pasó en 2012, con Lukas Rosol (100). La antesala de una travesía por el desierto debido a las lesiones. Su resurgir: 10 títulos en 2013. Una temporada en la que Wimbledon también lo vio desfilar al vestuario con anticipación. Steve Darcis (135) fue otro borrón, anecdótico por lo excelente de la campaña. Como lo fue Nick Kyrgios (144) en los octavos de final de 2014. Porque, después de ganarse un puesto en el cielo con su noveno Roland Garros «el año ya está cumplido». Desde ahí, desde esa doble falta de Novak Djokovic en la Philippe Chatrier... un curso para olvidar.

«No tenía nada que perder», aseguraba Brown. Tampoco Michael Berrer (127), Fabio Fognini (28) y Alexandr Dolgopolov (79). Verdugos en un año sorprendente por lo sintomático de esas derrotas. Sin lesiones aparentes, el mal principal parece residir en la cabeza, el arma con el que Nadal siempre ha sabido penetrar en los puntos débiles de sus rivales hasta acabar con ellos. No ha sido así en este curso, en el que la cabeza no empujó al cuerpo y la raqueta no encontró las órdenes acertadas.

«Es un golpe», reconocía el balear, a quien la leyenda le sostiene como favorito hoy y siempre a pesar de la inestabilidad en la que discurre su temporada. «No se me pasa por la cabeza la retirada. Quiero recuperar el nivel de 2008 y 2010, pero si no lo consigo no pasa nada. He jugado cinco finales aquí. Si en dos años continúo así, veremos, ahora tengo motivación para seguir», reta a quien ponga en duda su resurgir. Nadie lo hace, ni amigos ni rivales.