El grupo sevillano Gritando en Silencio, en una foto promocional
El grupo sevillano Gritando en Silencio, en una foto promocional - ABC

Concierto en SevillaGritando en Silencio: «En el rock en castellano las letras facilonas son inconcebibles»

El compositor, guitarrista y vocalista del grupo sevillano, Marcos Molina, habla sobre «Material Inflamable», el nuevo disco de Gritando en Silencio, que presentarán el día 2 de febrero en la Sala Custom

SevillaActualizado:

El rock es un veneno. Se te mete en las entrañas, donde ya no se puede extirpar, y se queda contigo para siempre. Es un veneno raro, que no intoxica, sino que cura. Le pasó a Marcos Molina y al resto de su banda, Gritando en Silencio: se envenenaron escuchando a Extremoduro, Marea o Led Zeppelin. Gracias a ello, Marcos y los suyos han ido creciendo y madurando a lo largo de los años, profundizando en sus letras y melodías, perfilando su rock venenoso.

Tanto es así, que el grupo sevillano pasa por uno de sus momentos más dulces: disfrutan recorriendo el país de arriba abajo, entre festivales y conciertos, acompañados de un público fiel y consolidado. Además, disponen de una discografía que les ha aupado como una de las mejores bandas de rock en España de su generación, a la que ya suman su cuarto disco de estudio, «Material Inflamable» (2018). El 2 de febrero estarán en la Sala Custom, presentando este nuevo trabajo ante los suyos, insuflándoles nuevas dosis de este veneno crudo y adictivo.

Una de vuestras referencias más actuales, incluso para este nuevo disco, ha sido Greta Van Fleet, un grupo alabado y criticado por igual por su parecido a Led Zeppelin. En la actualidad, parece que el reto del rock es influenciarse en el pasado pero no sonar retro, sino actualizado y moderno.

Es posible. A mí me gusta bastante ese grupo. Nosotros, nuestra banda, nos hemos criado escuchando rock clásico. Pero sí que es verdad que no nos parecemos tanto. Hemos bebido de influencias como Led Zeppelin o Deep Purple, pero después sí que es verdad que hacemos un rock de aquí. El rock, en castellano, tiene ciertas reglas que no se cumplen en inglés. Aquí las letras tienen que tener un sentido. El rock inglés peca de tener letras bastante facilonas y eso aquí es inconcebible. Te lo tirarían a la cara [risas]. No puedes hacer una letra que diga «don’t stop the rock» y cantarla hasta el infinito porque, a la cuarta vez que la has repetido, te echan del escenario [risas].

Habéis afirmado que el rock andaluz no dispone de tantas ayudas como el flamenco para salir adelante. Como banda de rock, ¿habéis pasado por algún momento especialmente duro?

Pues, quizás, los comienzos. Cuando no tienes a nadie que te apoye. Llega un momento en que te ganas al público y, vayas donde vayas, lo tienes. Hay algunas bandas de aquí, de Sevilla, como Reincidentes, que tuvo que tocar de Madrid para arriba hasta que se hicieron famosos. Dicen que nadie es profeta en su tierra y nosotros tuvimos unos inicios muy duros. Madrid nos funcionó muy bien desde el principio, ya cuando empezamos a tocar por Sevilla empezaba a haber gente que nos conocía. Aquí cuesta empezar. Los locales son caros, te cuesta encontrar gente en el instituto, necesitas un trabajillo que te dé para sacar dinero para salir los fines de semana y los ensayos… Una vez que ya te haces un público, como el nuestro, que es bastante fiel, todo va más fácil.

Tenemos gente que se ha hecho hasta cuatrocientos kilómetros para vernos. El otro día hicimos un concierto en Marinaleda y se nos acercó una chica a darnos un abrazo porque venía desde La Rioja. ¡Se te queda la cara a cuadros! [Risas]. Una vez que superas esa barrera, no hay casi ningún problema. Pero cuesta mucho sacar cabeza y que la gente te conozca. Si tocas de Madrid para arriba es bastante sencillo llenar la sala. Hay sitios como Galicia que cuestan más trabajo, pero es más fácil en ciudades como Barcelona, Murcia, Valencia… Pero bueno, aquí tenemos en Sevilla un público estupendo, hoy por hoy.

Tenéis matices musicales que recuerdan a Platero y Tú, Marea… Intentar seguir esa estela de bandas que han alcanzado el éxito en el rock, en tiempos donde reina la música urbana y el reguetón, ¿se hace aún más complicado?

Sí, es difícil, es difícil. El reguetón se ha convertido más que en un estilo musical, es un fenómeno social, casi. Influye en la vestimenta, en ciertos comportamientos, a veces incluso nocivos, en los chavales, ¿sabes? Nosotros, quieras que no, somos del corte de roquero clásico. Como tú dices, cuando yo estaba en el instituto sí que he escuchado Extremoduro, Marea… Es difícil. Sí que es verdad que el rock no está de moda, pero el que es roquero, es roquero hasta la médula [risas]. ¡Y se muere roquero! Hay un público ahí que no cambia. Es una afición. El rock es un modo de vida. Aunque no sea ahora mismo el trending topic mundial, se mantiene. Aunque no sea el tiempo del rock.

Estáis en un momento dulce de vuestra carrera. Tenéis en vuestras manos el disco que habéis nominado como el mejor de vuestra discografía. La experiencia y la madurez son dos factores que influyen para hacer temas de los que uno pueda estar más orgulloso, ¿no?

Sí. También es el disco más roquero que hemos hecho. Nosotros nos conocimos en un instituto de Sevilla. No teníamos ni idea de tocar. Hay muchísimos grupos donde sus componentes han pasado por un montón de bandas que se han hecho, se han roto, han cambiado de banda, viene un batería nuevo… Pero nosotros nos conocimos en el instituto, montamos la banda, y no teníamos ni idea de tocar. Aprendimos a tocar con la banda, nos fue bien, y hasta hoy, con nuestro cuarto disco, en una discográfica como Warner. Entonces, de alguna manera, nuestra historia discográfica es también nuestra historia de cómo hemos aprendido a tocar.

Con el cuarto disco nos hemos profesionalizado con el instrumento, hemos estudiado… Claro, cuando empiezas, haces lo que puedes. Pero cuando llega la madurez, como tú dices, haces lo que quieres. Y eso se nota. Hemos hecho el disco más roquero hasta la fecha. Hemos buscado sonidos de lo que se está haciendo en rock internacional. Para aportar algo, hemos traído un sonido más stoner, y la verdad que estamos orgullosos de este disco.

¿Ha habido algún tema especialmente difícil de escribir o componer, alguno que os haya costado más sacar adelante?

Sí, pero no técnicamente. Ha habido temas más duros en temas de letra. Porque hay veces que lo que te mueve es la desesperanza o algo que se te clava en el pecho cuando ves las noticias, por ejemplo. Por decirte uno, hay un tema que les dedicamos a los refugiados, donde hacemos el ensayo de ponernos en la piel. Este tema se canta en primera persona como si fueras un refugiado y la verdad es que duele.

Duele escribirlo, duele ponerse en la piel de otra persona que tiene que recorrerse medio mundo para escapar de las bombas y cuando llega a Europa se encuentra las puertas cerradas. Psicológicamente hay temas más duros, pero no técnicamente, que no nos queremos complicar la vida tanto, que hay que defender el disco en directo [risas].

Vuestro público valora bastante vuestras letras. Tenéis un lenguaje más cuidado, pero también directo. ¿Corre el riesgo de perderse la esencia del rock entre metáforas y recursos literarios?

Sí, hay que encontrar un equilibrio porque, como te decía, el rock aquí en la tierra de Cervantes tiene unas reglas especiales que no cumple el rock «guiri». Hay temas en inglés que tienen unas letras maravillosas, pero hay otros temazos en inglés que estamos acostumbrados a cantar y escucharlos, que si ves la letra escrita te llevas las manos a la cabeza. Eso aquí no ocurre. En España, en la música en general, si tiene una letra regular se le considera música comercial u otra cosa, como que no merece la pena. El público roquero quiere letras donde sucedan cosas, con historias que contar, que emocionen, que sean reales y haya cosas de verdad. Entonces, es difícil. Hay que encontrar un equilibrio, no te puedes perder entre tanta metáfora, pero bueno.

Vais a cumplir una década sobre los escenarios. Si pudiera darle un consejo al Marcos que acaba de empezar, ¿qué le diría?

Que no se preocupara tanto por todo [ríe]. Soy de los que a veces intenta tenerlo todo bajo control, siempre tengo un plan para las cosas y eso, claro, hace que cuando las cosas se te van de las manos, que inevitablemente se irán, te agobias muchísimo más. Yo le diría que no se preocupe tanto por todo, que las cosas llegan, y que lo único que hay que hacer es seguir perseverando y con la brújula clara hacia lo que sea tu norte, que las cosas van llegando.