CÁDIZ

«Tenemos que intentar que las familias no lleguen a esta situación»

Santa María, uno de los barrios donde más éxito ha tenido el programa de rehabilitación, pide que no se pierda la inversión en mantenimiento

CÁDIZ. Actualizado: Guardar
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El problema de la infravivienda va más allá del peligro de derrumbe de los edificios. Encierra entre sus puntales situaciones sociales de extrema gravedad. El caso de Francisca, una vecina del barrio de La Viña, de 90 años, que lleva ocho sin pisar la calle porque no puede bajar las escaleras y sueña con poder darse algún día una ducha con agua corriente, es un ejemplo de lo que se esconde tras una decena de inmuebles. «A la gente le gusta hablar en término de obras, de actuaciones y de inversiones pero trabajar con las familias que se encuentran viviendo esta situación es igual de importante. Tenemos que intentar que no lleguen a este extremo», cuenta el delegado de Fomento y Vivienda de la Junta de Andalucía en Cádiz, Manuel Cárdenas. Por eso «no entendemos por qué el Ayuntamiento no constituye la Mesa de la Vivienda en la que se abordarían estas cuestiones junto a otros colectivos». Es necesario Aunar esfuerzos para acabar con uno de los problemas más importantes de la ciudad.

Un gran mapa preside la habitación principal de la Asociación de Vecinos Tres Torres de Santa María. Un mapa que recoge la fisonomía del barrio y en el que las chinchetas que se posan sobre él habla de uno de los grandes hitos del barrio, la rehabilitación. «Este ha sido mi trabajo desde hace muchos años», cuenta Julio Sánchez, vocal de Vivienda de la asociación. Él ha ido cambiando las chinchetas rojas por las amarillas y finalmente por las verdes. «Las rojas eran las actuaciones pendientes, las amarillas en proceso y las verdes las entregadas». Ahora, la gran mayoría son verdes. «Aquí hemos eliminado casi toda la infravivienda», cuenta orgulloso de un proyecto que ha costado mucho sacar adelante. «La última que quedaba era una finca en el 17 de Mirador cuyos vecinos tuvieron que ser desalojados por el mal estado en el que se encontraba el edificio», señala. «Ahora habrá algún partidito, pisos pequeños...» pero de las casas de antes sólo queda el testimonio de quienes lo vivieron. «Hubo un tiempo en el que la gente vivía asustada en sus casas ante la posibilidad de que se cayeran pero aquello ya pasó». Ahora se enfrentan a un nuevo reto: el mantenimiento de los inmuebles. «Las primas obras que se hicieron fue en 1999, hace 15 años ya», afirma Julio, por lo que «si no queremos perder lo conseguido hasta ahora es necesario hacer un mantenimiento». Pero «las administraciones no tienen dinero» reconoce, «y esa es la guerra que libramos ahora».

No es la única. Siguen luchando porque recuperar las fincas que se encuentran vacías y eliminar los solares que quedan. Son un lujo que no se puede permitir una ciudad en la que no puede crecer más ante la falta de suelo. Junto al mapa de chinchetas hay varios folios en el que se numeran las cerca de 300 fincas que hay en el barrio y en los que se detallan sus propietarios. «La Junta tiene siete fincas vacías, el Ayuntamiento cuatro y de propiedad privada hay unas 13». Parece que «en algunas se va a comenzar a trabajar, que va a haber un movimiento pequeño a partir de septiembre», pero todo dependerá de si hay financiación para ello.