De acuerdo con los datos actuales, las temperaturas seguirán en aumento en Andalucía.
De acuerdo con los datos actuales, las temperaturas seguirán en aumento en Andalucía. - ABC
Cambio climático

El cambio climático eleva en un grado la temperatura media de Andalucía

Los expertos auguran un aumento progresivo del calor en todas las provincias y alertan de la necesidad de mejorar la gestión del agua mediante acequias

GranadaActualizado:

La percepción de la población española de que estamos en un entorno cada vez más cálido y afectado por el cambio climático es real, afirma el último informe del Observatorio de la Sostenibilidad. Bajo el título «Descarbonización en España 2019», el documento evalúa la tendencia alcista de las temperaturas en las capitales de provincia en las últimas tres décadas. Y las de Andalucía han registrado, en suma y de media, alrededor de un grado centígrado de una subida que no cesa. Al contrario, el calor en las urbes irá a más si se mantiene el escenario actual, de acuerdo con los datos de la Agencia Española de Meteorología (Aemet), que por su parte ha publicado esta semana otro informe en el que constata que los veranos son cada vez más largos y calurosos.

Revertirlo será uno de los grandes retos del siglo XXI. Cada vez son más y más preocupantes los informes que advierten de esta situación, pero son menos los que desglosan específicamente el escenario andaluz, especialmente sensible al cambio climático. En los últimos treinta años, entre 1988 y 2018, Granada ha sido la capital que ha registrado un aumento más significativo, con 1,52 grados; seguida por Málaga, con 1,31; en Córdoba, el aumento ha sido de 1,21 grados; en Jaén, 0,77; 0,7 en Sevilla; en Huelva, 0,64; mientras que la subida menos importante ha sido de 0,45 grados en Almería, paradójicamente, pues esta provincia está llamada a sufrir los efectos más graves por la avanzadilla del proceso de desertificación en el sureste peninsular.

Las previsiones del Observatorio de la Sostenibilidad son incluso más alarmantes que los datos ya constatados y apuntan a una paulatina aceleración, que responde a los efectos del cambio climático y a la contaminación en esas «islas de calor» en que se han convertido las ciudades. Salvo que se reduzcan las emisiones contaminantes de CO2, que agravan los efectos del cambio climático, Jaén y Córdoba aumentarán su temperatura media en otros tres grados. Casi tanto como en Sevilla, donde lo haría en 2’9 grados. En Granada, el aumento sería de 2,7; 2,5 en Huelva y 2,4 tanto en Málaga como en Almería. Por último, Cádiz incrementaría su media en dos grados centígrados.

El informe europeo «Peseta» estima el elevado coste que supondrá el cambio climático especialmente en el sector sanitario y en la agricultura

¿Qué implicaciones tendrá? Muchas. Sobre todo, conllevará grandes costes en el sector sanitario y en la agricultura. «El impacto socioeconómico del cambio climático se está acelerando», alertaba esta misma semana otro informe de la ONU, en la senda de lo que reconocía hace ya años el informe europeo «Peseta», elaborado desde Andalucía, que cifraba en al menos medio metro la subida del nivel del mar para el 2080. En el escenario más benévolo, el aumento de las temperaturas medias sería de alrededor de 2,5 grados. «Sin la adaptación pública al cambio climático y si el clima de la década de 2080 fuera el de hoy, el daño anual del cambio climático a la economía de la UE en términos de pérdida del PIB se estima entre 20 mil millones de euros», concluye el documento de la Comisión Europea.

Para Antonio Daponte, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública —con sede en Granada— y director del Observatorio de Salud y Medio Ambiente de Andalucía, «no hay duda, la temperatura está subiendo»: «Es verdad, pero ahora la cuestión es cuánto van a subir a medio plazo». El experto advierte de que hay evidencia del aumento de la mortalidad «cuando hace más frío o más calor»: «Lo que sí es un problema es el incremento de las temperaturas máximas y las olas de calor, lo que afecta a mucha gente, sobre todo a personas mayores y personas con enfermedades crónicas».

Un cambio... cultural

«Los gobiernos españoles no han hecho lo que se está haciendo en otros sitios… La clave es adaptarse, prepararse para ese cambio que viene, y eso significa un montón de cosas», insiste Daponte, que habla de importantes «cambios culturales» en los modos de vida de la población: «Eso va implicar modificaciones en infraestructuras, desde el aislamiento de las viviendas hasta cambios en el uso de la energía. Ciudades como las nuestras van a tener que pensar en poner arbolado frondoso y en cubrir zonas al aire libre para proteger a la gente del sol».

«Hay que mantener lo verde y evitar seguir contaminando para que el cambio no sea tan grave», asevera el profesor Antonio Daponte

«Hay que mantener lo verde y evitar seguir contaminando para que el cambio no sea tan grave». Si no, expone, habrá «emigraciones climáticas»: «Nos pueden llegar inmigrantes a nosotros y nosotros mismos podríamos tener que emigrar, porque vamos a vivir en zonas mucho más áridas». «Tendremos que evitar las horas de mediodía, los trabajadores no podrán trabajar al sol y habrá que acostumbrarse a meternos mucho líquido». Aunque hasta eso, el uso del agua, también deberá ser otro: «Va a haber un problema con el agua, tendremos que limitar el consumo y buscar alternativas». Pues sería imposible concebir la vida sin el agua.

El agua o la vida

Preservarla para evitar su escasez -más todavía- es una prioridad para combatir el cambio climático. En ese sentido, las acequias milenarias que se extienden por Andalucía, esos sistemas históricos de regadío que implantaron los agricultores de Al-Andalus y que han permanecido casi intactos hasta nuestros días, se presentan como «una buena herramienta de adaptación al cambio climático y para mitigarlo». El historiador medievalista José María Martín Civantos, profesor de la Universidad de Granada y coordinador del reconocido — por la misma Reina Sofía— proyecto europeo Mediterranean Mountainous Landscapes (Memola), defiende este «interesantísimo» elemento de los campos andaluces.

El profesor José María Martín Civantos, a la izquierda, durante una jornada de limpieza de una de las acequias de Lugros.
El profesor José María Martín Civantos, a la izquierda, durante una jornada de limpieza de una de las acequias de Lugros. - ABC

«Las acequias nos ofrecen una variedad enorme de servicios ecosistémicos», asevera Martín Civantos, quien enumera sus múltiples beneficios medioambientales: «Aumentan la biodiversidad, hacen funciones de regulación en los ríos, recargan los acuíferos y mantienen vivos los suelos». Estos sistemas de regadío son capaces hasta de suavizar localmente las temperaturas, «no solo porque hay cultivo, sino porque todo ese regadío da frescor al correr por las acequias, regando a manta, y además fomenta la generación de tormentas». Pese a la evidencia científica, la Junta de Andalucía lleva décadas «modernizando» con cemento las acequias a base de subvenciones millonarias.

El profesor Martín Civantos defiende que la destrucción de acequias se traduce en «un mayor consumo de agua» y aboga por conservarlas

Y lo sigue haciendo en la actualidad, encauzándolas por viales para evitar el «desperdicio» y así «ahorrar» de agua: «En realidad no es así». «Lo moderno es justo lo contrario… Es preservarlas», zanja Civantos: «La modernización, tal y como se entiende hoy, hace un flaco favor a la lucha contra cambio climático». «Eso se acaba traduciendo en un mayor consumo de agua, además de perderse todos esos servicios ecosistémicos», apunta. Frente a la supuesta eficiencia que comporta su canalización con obras, Memola aboga y trabaja por la restauración y el mantenimiento de las acequias históricas: «No son un estorbo, ni algo a extinguir ni un síntoma de subdesarrollo».

No hay margen para elegir: es el agua o la vida.